<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom" version="2.0" xmlns:itunes="http://www.itunes.com/dtds/podcast-1.0.dtd" xmlns:googleplay="http://www.google.com/schemas/play-podcasts/1.0"><channel><title><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></title><description><![CDATA[Fisioterapista, triatleta e endurance coach. In Pain & Performance racconto il legame tra dolore, adattamento e resilienza, vissuti tra clinica, sport e vita quotidiana. ]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com</link><image><url>https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!RS3o!,w_256,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7584bbd2-ce79-4a9c-8af9-42d97dd7ebfd_1280x1280.png</url><title>Pain&amp;Performance by Alessandro</title><link>https://alessandrogalasso.substack.com</link></image><generator>Substack</generator><lastBuildDate>Thu, 25 Jun 2026 14:29:49 GMT</lastBuildDate><atom:link href="https://alessandrogalasso.substack.com/feed" rel="self" type="application/rss+xml"/><copyright><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></copyright><language><![CDATA[it]]></language><webMaster><![CDATA[alessandrogalasso@substack.com]]></webMaster><itunes:owner><itunes:email><![CDATA[alessandrogalasso@substack.com]]></itunes:email><itunes:name><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></itunes:name></itunes:owner><itunes:author><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></itunes:author><googleplay:owner><![CDATA[alessandrogalasso@substack.com]]></googleplay:owner><googleplay:email><![CDATA[alessandrogalasso@substack.com]]></googleplay:email><googleplay:author><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></googleplay:author><itunes:block><![CDATA[Yes]]></itunes:block><item><title><![CDATA[El esfuerzo es sagrado]]></title><description><![CDATA[Y lo estamos profanando]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/el-esfuerzo-es-sagrado</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/el-esfuerzo-es-sagrado</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Wed, 12 Nov 2025 13:56:30 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/1b7dde87-7f0c-4942-8718-c2b405cdd55c_1487x2068.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Queremos parecer &#8220;atletas&#8221;, &#8220;resilientes&#8221;, &#8220;disciplinados&#8221;.<br>Pero no queremos sudar. No queremos perder. No queremos temblar.<br>Solo queremos el t&#237;tulo.</p><p>Hemos convertido el esfuerzo en un s&#237;mbolo para exhibirlo.<br>Cada entrenamiento debe compartirse, ya no hay espacio para el silencio.<br>Y sin silencio, el esfuerzo pierde su sentido.</p><p>Antes, el esfuerzo era un acto sagrado.<br>Era el puente entre lo que eres y lo que podr&#237;as llegar a ser.<br>Era el lugar donde mor&#237;a el ego y nac&#237;a la conciencia.<br>Hoy es un espect&#225;culo que se vende,<br>un formato que se monetiza,<br>una est&#233;tica que se imita.</p><p>La verdad es que ya no queremos esforzarnos.<br>Solo queremos <strong>parecer</strong> los que se esfuerzan.<br>Nos gusta la idea de la herida, pero solo si no sangra.<br>Nos gusta el dolor, pero solo si pasa r&#225;pido.<br>Nos gusta la palabra &#8220;sacrificio&#8221;,<br>pero solo si viene acompa&#241;ada de los seguidores correctos.</p><p>Y mientras nosotros actuamos,<br>quien realmente crece est&#225; en otro lugar.</p><p>Todav&#237;a se levanta a las cuatro de la ma&#241;ana,<br>cuando las piernas pesan, los ojos arden<br>y la mente tiene que recordar por qu&#233; lo hace.</p><p>Todav&#237;a suda hasta sentir la sal en la piel,<br>cuando el cuerpo dice basta, pero algo dentro responde &#8220;una vez m&#225;s&#8221;.</p><p>Todav&#237;a sigue empujando cuando todo duele,<br>cuando la duda susurra que no vale la pena,<br>y aun as&#237; se queda all&#237; &#8212; paso a paso &#8212;<br>sin pedir atenci&#243;n, sin pedir aplausos.</p><p>Porque el esfuerzo real no busca testigos.<br>El esfuerzo real ocurre cuando nadie te ve.<br>Cuando no hay likes que validen tu dedicaci&#243;n,<br>ni medallas que certifiquen tu fuerza.<br>Solo t&#250;, tu respiraci&#243;n y una pregunta:</p><p><strong>&#8220;Si nadie supiera que lo hiciste, &#191;lo har&#237;as igual?&#8221;</strong></p><p></p><div><hr></div><h3><strong>La era de los impostores</strong></h3><p>&#191;Dos meses de gimnasio? Suficiente para sentirse &#8220;atleta&#8221;.<br>&#191;Una media marat&#243;n? Ya hay un &#8220;programa de coaching&#8221;.<br>&#8220;Never give up&#8221; en la bio, pero se salta el entrenamiento si llueve.</p><p>Es la generaci&#243;n del &#8220;hago, por lo tanto ense&#241;o&#8221;.<br>Gente que confunde una experiencia con una verdad,<br>un resultado con una competencia,<br>un post con un pensamiento filos&#243;fico.</p><p>Vivimos en un mundo donde ya nadie siente verg&#252;enza<br>de hablar sin saber, de ense&#241;ar sin haber aprendido, de vender sin haber construido.<br>Donde todo se ha convertido en marca, incluso el sufrimiento.</p><p>&#8220;Resiliencia&#8221;, &#8220;mental toughness&#8221;, &#8220;mindset&#8221;:<br>palabras vaciadas, revendidas en c&#225;psulas de treinta segundos.<br>Todos expertos en el dolor, siempre que no duela demasiado.<br>Todos maestros de la disciplina,<br>siempre que no implique renunciar a nada.</p><p>El problema no es que ya no haya esfuerzo.<br>El problema es que ya nadie tiene la decencia de callar<br>cuando no sabe de qu&#233; est&#225; hablando.</p><p>El esfuerzo real te escupe en la cara si intentas mentirle.<br>Te mira a los ojos y enseguida sabe qui&#233;n eres.</p><p>Quien ha sufrido de verdad reconoce al que finge.<br>Es una cuesti&#243;n de lenguaje corporal, de mirada, de silencio.<br>Hay una forma de respirar despu&#233;s del colapso que no se puede imitar.<br>Y quien nunca la ha vivido, se delata solo.</p><p>Vivimos en la era de la simulaci&#243;n:<br>todos muestran esfuerzo, pero pocos lo atraviesan.<br>Y as&#237; hemos creado un mundo de cuerpos inflados y mentes fr&#225;giles,<br>de motivaci&#243;n con fecha de caducidad,<br>de resultados sin ra&#237;ces.</p><p>Quien nunca ha temblado, no sabe qu&#233; es la estabilidad.<br>Quien nunca ha fallado, no entiende lo que significa ganar.<br>Quien nunca ha sufrido, todav&#237;a no tiene derecho a hablar de fuerza.</p><div><hr></div><h2><strong>La verdad que quema</strong></h2><p>El esfuerzo no miente.<br>Nunca lo ha hecho.<br>Puedes fingirlo todo: las sonrisas, los posts, los discursos motivacionales.<br>Puedes narrar tu vida como una pel&#237;cula de &#233;xito, pero cuando llega el esfuerzo, la m&#225;scara cae.</p><p>El esfuerzo es la &#250;ltima forma de verdad en un mundo que miente sobre todo.<br>Te arranca las frases hechas, te quita la seguridad, te deja desnudo frente a ti mismo.</p><p>Y ah&#237;, no importa cu&#225;n fuerte seas, importa cu&#225;n sincero seas.</p><p>Porque cuando el cuerpo arde, el cerebro no acepta mentiras.<br>La corteza, esa parte que fabrica la imagen de ti mismo, cede el control al sistema l&#237;mbico, el centro emocional y primitivo que solo reconoce dos cosas:<br><strong>verdadero o falso.</strong></p><p>Y si dentro de ti est&#225;s actuando, lo siente.<br>Te bloquea, te frena, te hace colapsar.</p><p>Por eso, en un IRONMAN, en una marat&#243;n o en una crisis real, sale a la luz lo que eres, no lo que dices ser.<br>No es filosof&#237;a: es neurofisiolog&#237;a.<br>El esfuerzo extremo desactiva la m&#225;scara y enciende el n&#250;cleo de la verdad.</p><p>Pero hoy, preferimos evitarlo.<br>Nos da miedo mirarnos desnudos.<br>Preferimos la superficie, porque la verdad duele.<br>Y duele en lo que m&#225;s tememos: en el tiempo, en el silencio, en el dolor.</p><p>Vivimos como si el esfuerzo fuera una enfermedad que hay que curar,<br>no una lecci&#243;n que hay que escuchar.<br>Nos entrenamos para quemar calor&#237;as en el menor tiempo posible,<br>no para quemar ilusiones.</p><p>Y as&#237;, cada vez que llega el dolor, huimos,<br>sin entender que es precisamente &#233;l quien nos muestra qui&#233;n somos.</p><p>El dolor es un revelador.<br>No te castiga: te traduce.<br>Te dice: &#8220;Aqu&#237; est&#225; la parte de ti que no est&#225; lista. M&#237;rala.&#8221;</p><p>Si aprendes a escucharlo, se vuelve un maestro.<br>Si lo niegas, se convierte en un juez.</p><p>Porque el esfuerzo no es cruel.<br>Es honesto.<br>Te devuelve exactamente lo que has dado, ni un gramo m&#225;s.</p><p>Por eso, quien habla de sacrificio sin haber sufrido,<br>quien vende &#8220;mental toughness&#8221; sin haber llorado a solas,<br>est&#225; destinado a derrumbarse ante el primer contacto con la verdad.<br>No porque sea d&#233;bil, sino porque nunca aprendi&#243; a reconocer la voz del esfuerzo cuando habla de verdad.</p><div><hr></div><h2><strong>Qu&#233; ocurre cuando finges el esfuerzo</strong></h2><p>Hay un error que se paga caro: creer que el cerebro puede ser enga&#241;ado.<br>Puedes mentirle al mundo, pero no a &#233;l.<br>El cerebro reconoce la verdad biol&#243;gica y te castiga cuando la traicionas.</p><p>Cada vez que finges empujar, pero en realidad te contienes;<br>cada vez que representas la disciplina sin atravesarla;<br>cada vez que te convences de que &#8220;diste todo&#8221; solo porque sudaste,<br>el cerebro lo sabe.</p><p><em><strong>&#191;Por qu&#233;?</strong></em><br>Porque el esfuerzo no es solo f&#237;sico: es una firma neuroqu&#237;mica.<br>Requiere coherencia entre lo que piensas, sientes y haces.<br>Cuando esa coherencia se rompe, el cerebro entra en disonancia.<br>El sistema l&#237;mbico lanza una se&#241;al: &#8220;Hay incongruencia&#8221;.</p><p>La dopamina, que en la fatiga aut&#233;ntica alimenta la motivaci&#243;n,<br>se bloquea.<br>El eje hipot&#225;lamo&#8211;hip&#243;fisis&#8211;suprarrenal pierde la direcci&#243;n.<br>El cortisol, que deb&#237;a ayudarte, se vuelve t&#243;xico.<br>Y el cuerpo cae en una fatiga est&#233;ril: consumes energ&#237;a, pero no creces.</p><p>Es el esfuerzo falso: el que no construye, sino que vac&#237;a.<br>El que el cerebro reconoce como teatro,<br>y que en lugar de fortalecerte, te corroe.<br>Porque cada vez que le mientes al cuerpo, le robas confianza.</p><p>El sistema nervioso vive de la honestidad.<br>Responde a la verdad del gesto, no a su apariencia.<br>Cuando te dices &#8220;lo estoy dando todo&#8221; y el cerebro sabe que no,<br>se activa la corteza cingulada anterior , el centro de la verg&#252;enza.<br>El resultado: frustraci&#243;n, p&#233;rdida de motivaci&#243;n, baja autoestima.</p><p>No es solo psicolog&#237;a. Es qu&#237;mica.<br>El cerebro castiga la falsedad con la misma fuerza con que premia la autenticidad.</p><p>Porque el crecimiento biol&#243;gico, la verdadera neuroplasticidad,<br>requiere exposici&#243;n real, no simulada, al l&#237;mite.</p><p>Cuando atraviesas el esfuerzo aut&#233;ntico, se activan las v&#237;as descendentes del tronco encef&#225;lico: sustancia gris periacueductal, n&#250;cleos del rafe, locus coeruleus.<br>Se liberan serotonina, endorfinas y noradrenalina.<br>El cerebro te dice: &#8220;Has sufrido, pero ahora sabes c&#243;mo hacerlo mejor.&#8221;</p><p>Cuando finges, ese circuito no se activa.<br>No hay adaptaci&#243;n. No hay transformaci&#243;n.<br>Solo una descarga dopamin&#233;rgica corta, la ilusi&#243;n del progreso.</p><p>Es como entrenar con filtros: te ves distinto, pero dentro sigues igual.<br>Es como prometer un sacrificio y no cumplirlo: el cerebro lo registra como traici&#243;n.<br>Y a la larga, te quita la fe en ti mismo.</p><p>Porque la biolog&#237;a no premia la apariencia.<br>Premia la coherencia.<br>Premia el riesgo aut&#233;ntico.<br>Premia el coraje de quedarse.</p><p>El esfuerzo no es un s&#237;mbolo.<br>Es un c&#243;digo de verdad escrito en tus neuronas.<br>Y quien lo finge, no enga&#241;a al mundo.<br>Solo se enga&#241;a a s&#237; mismo.</p><div><hr></div><h3><strong>La sacralidad del esfuerzo</strong></h3><p>En el mundo moderno hemos desacralizado todo:<br>la lentitud, la paciencia, el sacrificio, la repetici&#243;n.<br>Y, sin embargo, es all&#237; donde habita el crecimiento.<br>No en las aceleraciones, sino en las esperas.<br>No en los slogans, sino en los silencios.</p><p>El esfuerzo no es un medio para llegar a alg&#250;n lugar.<br>Es una forma de volver a uno mismo.<br>Es el umbral entre el ego y la verdad, entre lo que pareces y lo que queda cuando dejas de fingir.</p><p>Quien lo respeta, cambia.<br>Quien lo explota, se vac&#237;a.</p><p>El esfuerzo no pide espect&#225;culo, pide presencia.<br>No pide fuerza, pide coherencia.<br>Es el acto m&#225;s &#237;ntimo y m&#225;s p&#250;blico al mismo tiempo,<br>porque cuando lo atraviesas de verdad,<br>aunque nadie te mire, el mundo lo siente.</p><p>Hay una dignidad antigua en el sudor silencioso,<br>una forma de oraci&#243;n en el entrenamiento repetido,<br>una verdad en el dolor que no se puede comprar ni imitar.</p><p>El esfuerzo no quiere ser contado, quiere ser vivido.<br>No se deja monetizar ni domesticar.<br>El esfuerzo es la &#250;ltima ley de la realidad que a&#250;n no hemos podido corromper.</p><p>Y quiz&#225; por eso lo tememos tanto.<br>Porque cuando lo atravesamos, nos quita todas las m&#225;scaras y nos devuelve nuestro nombre verdadero.</p><p>S&#237;, el esfuerzo es sagrado.<br>Porque no mira a nadie a los ojos.<br>Porque no premia a quien aparece, sino a quien se queda.<br>Porque cada vez que lo honras, te cambia.</p><p>Quien ha conocido de verdad el esfuerzo no habla con orgullo,<br>sino con respeto.<br>Porque sabe que cada logro tuvo un precio,<br>y que ese precio no se paga una sola vez.<br>Se paga cada d&#237;a, en silencio, sin testigos.</p><p>Por eso, dejemos de prostituir la palabra sacrificio,<br>de disfrazar el ego de disciplina,<br>de buscar gloria en lo que deber&#237;a ense&#241;arnos humildad.</p><p>El esfuerzo es sagrado.<br>Y nosotros lo hemos convertido en entretenimiento.</p><p>As&#237; que volvamos a respetarlo.<br>Volvamos a ganarnos lo que deseamos.<br>Volvamos a sudar sin tener que mostrarlo,<br>a luchar sin tener que explicarlo.</p><p>Porque el esfuerzo, el verdadero,<br>no necesita espectadores.<br>Solo necesita que <strong>est&#233;s all&#237;</strong>.</p><div><hr></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[La fatica è sacra]]></title><description><![CDATA[E noi la stiamo profanando.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/la-fatica-e-sacra</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/la-fatica-e-sacra</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 11 Nov 2025 15:58:59 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/72493781-17ae-4421-9d23-af896d83b057_1487x2068.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Vogliamo apparire &#8220;atleti&#8221;, &#8220;resilienti&#8221;, &#8220;disciplinati&#8221;.<br>Ma non vogliamo sudare. Non vogliamo perdere.Non vogliamo tremare.<br>Vogliamo solo il titolo.</p><p>Abbiamo trasformato la fatica in un <strong>simbolo da esibire</strong>, ogni sforzo deve essere condiviso, non c&#8217;&#232; pi&#249; spazio per il silenzio, e senza silenzio, la fatica perde il suo significato.</p><p>Una volta, la fatica era un atto sacro.<br>Era il ponte tra ci&#242; che sei e ci&#242; che potresti diventare.<br>Era il luogo in cui l&#8217;ego moriva e nasceva la coscienza.<br>Oggi &#232; uno spettacolo da vendere, un format da monetizzare,<br>un&#8217;estetica da imitare.</p><p>La verit&#224; &#232; che <strong>non vogliamo pi&#249; faticare</strong>,<br>vogliamo solo <em>apparire come quelli che faticano</em>.<br>Ci piace l&#8217;idea della ferita, ma solo se non sanguina davvero.<br>Ci piace il dolore, ma solo se poi passa.<br>Ci piace la parola &#8220;sacrificio&#8221;, ma solo se arriva con i follower giusti.</p><p>E mentre noi recitiamo, chi davvero cresce &#232; da un&#8217;altra parte.</p><p>Sta ancora alzandosi alle quattro del mattino,<br>quando le gambe pesano, gli occhi bruciano e la mente deve ricordarsi perch&#233; lo fa.</p><p>Sta ancora sudando fino a sentire il sale sulla pelle, quando il corpo dice basta ma dentro qualcosa risponde &#8220;ancora&#8221;.</p><p>Sta ancora spingendo quando tutto fa male, quando il dubbio sussurra che non ne vale la pena, e invece resta l&#236;, un passo alla volta, senza chiedere attenzione, senza chiedere applausi.</p><p>Perch&#233; <strong>la fatica vera non cerca testimoni.</strong><br>La fatica vera accade quando nessuno ti vede.<br>Quando non ci sono like a convalidare la tua dedizione,<br>n&#233; badge a certificare la tua forza.<br>Solo tu, il tuo respiro, e la domanda:</p><blockquote><p>&#8220;Se nessuno sapr&#224; che lo hai fatto, lo faresti lo stesso?&#8221;</p></blockquote><h4><strong>L&#8217;era degli impostori</strong></h4><p>Due mesi di palestra? Sufficienti per sentirsi &#8216;&#8216;atleti&#8217;&#8217;.<br>Una mezza maratona? Ecco il &#8220;programma di coaching&#8221;.<br>Il &#8220;mai mollare&#8221; in bio, e poi salta gli allenamenti perch&#233; piove.</p><p>&#200; la generazione del &#8220;faccio, quindi insegno&#8221;.<br>Gente che scambia un&#8217;esperienza per una verit&#224;,<br>un risultato per una competenza, un post per un pensiero filosofico.</p><p>Viviamo in un mondo dove nessuno si vergogna pi&#249; di parlare senza sapere,<br>di insegnare senza aver imparato, di vendere senza aver costruito.<br>Dove tutto &#232; diventato brand, anche la sofferenza.</p><p>&#8220;Resilienza&#8221;, &#8220;mental toughness&#8221;, &#8220;mindset&#8221;:<br>parole svuotate, rivendute in confezioni da 30 secondi.<br>Tutti esperti del dolore, purch&#233; non faccia troppo male.<br>Tutti maestri della disciplina, purch&#233; non richieda rinunce.</p><p>Il problema non &#232; che non si fatichi pi&#249;,<br>ma che nessuno ha pi&#249; la <strong>decenza </strong>di stare in silenzio quando non sa di cosa parla.</p><p>La fatica vera ti sputa in faccia se provi a mentirle.<br>Ti guarda negli occhi e capisce subito chi sei.</p><p>Chi ha sofferto davvero riconosce chi finge.<br>&#200; una questione di linguaggio corporeo, di sguardo, di silenzio.<br>C&#8217;&#232; un modo in cui si respira dopo un crollo, che non si pu&#242; imitare.<br>E chi non l&#8217;ha mai vissuto, si tradisce da solo.</p><p>Viviamo nell&#8217;epoca della simulazione:<br>tutti mostrano fatica, ma nessuno la attraversa.<br>E cos&#236; abbiamo creato un mondo di corpi pompati e menti fragili,<br>di motivazione a scadenza, di risultati senza radici.</p><p><br>Chi non ha mai tremato non sa cos&#8217;&#232; la stabilit&#224;.<br>Chi non ha mai fallito non sa cosa significhi vincere.<br>Chi non ha mai sofferto non ha ,ancora, diritto di parlare di forza.</p><h4><strong>La verit&#224; che brucia</strong></h4><p>La fatica non mente.<br>Non l&#8217;ha mai fatto.<br>Puoi fingere in tutto: nei sorrisi, nei post, nei discorsi motivazionali.<br>Puoi raccontare la tua vita come un film di successo, ma quando arriva la fatica, cade la maschera.</p><p>La fatica &#232; l&#8217;ultima forma di verit&#224; rimasta in un mondo che mente su tutto.<br>Ti toglie le frasi pronte, ti strappa la sicurezza, ti lascia nudo davanti a te stesso.</p><p>E l&#236;, non conta quanto sei forte, conta quanto sei sincero.</p><p>Perch&#233; quando il corpo brucia, il cervello non accetta bugie.<br>La corteccia ,che costruisce l&#8217;immagine di te, cede il controllo al sistema limbico,<br>il centro emotivo e primitivo che riconosce solo due cose: <em>vero</em> o <em>falso.</em><br>E se dentro di te stai recitando, lui lo sente.<br>Ti blocca, ti rallenta, ti fa implodere.</p><p>Ecco perch&#233; durante un Ironman, una maratona, o in una crisi vera,<br>viene fuori ci&#242; che sei, non ci&#242; che dici di essere.<br>Non &#232; filosofia: &#232; neurofisiologia.<br>La <strong>fatica estrema disattiva la maschera</strong> e accende il midollo della verit&#224;.</p><p>Ma noi, oggi, vogliamo evitarlo.<br>Abbiamo paura di guardarci nudi.<br>Preferiamo restare nella superficie, perch&#233; la <strong>verit&#224; costa</strong>.<br>Costa dolore, tempo, silenzio.<br>Tre cose che la nostra epoca odia.</p><p>Viviamo come se la fatica fosse una malattia da curare, non una lezione da ascoltare.<br>Ci alleniamo per bruciare il maggior numero di calorie possibili nel minor tempo possibile,( si parlo proprio di quel metodo che promette in venti minuti gli stessi risultati di un allenamento da tre ore) non per bruciare illusioni.<br>E cos&#236;, ogni volta che arriva il dolore, scappiamo, non sapendo che &#232; proprio lui a mostrarci chi siamo davvero.</p><p>Il dolore &#232; un rivelatore.<br>Non ti punisce, ti traduce.<br>Ti dice: &#8220;Ecco la parte di te che non &#232; pronta. Guardala.&#8221;</p><p>E se impari ad ascoltarlo, diventa un maestro.<br>Ma se provi a negarlo, diventa un giudice.</p><p>Perch&#233; la fatica non &#232; crudele.<br>&#200; onesta.<br>Ti restituisce esattamente ci&#242; che hai dato, e non un grammo di pi&#249;.</p><p>Ecco perch&#233; chi parla tanto di sacrificio senza aver mai sofferto,<br>chi vende &#8220;mental toughness&#8221; senza aver mai pianto da solo, &#232; destinato a crollare al primo impatto con la verit&#224;.<br>Non perch&#233; sia debole, ma perch&#233; non ha mai imparato a riconoscere la voce della fatica quando parla davvero.</p><h4><strong>Cosa succede quando fingi la fatica</strong></h4><p>C&#8217;&#232; un errore che paghi caro: pensare che il cervello si lasci ingannare.<br>Puoi mentire agli altri, ma non a lui.<br>Il cervello riconosce la verit&#224; biologica, e ti punisce quando la tradisci.</p><p>Ogni volta che <strong>fingi</strong> di spingere, ma in realt&#224; ti trattieni;<br>ogni volta che <strong>reciti</strong> la disciplina senza attraversarla;<br>ogni volta che ti convinci di aver &#8220;dato tutto&#8221; solo perch&#233; hai sudato,<br>il cervello lo sa.</p><p>Come?<br>Perch&#233; la fatica non &#232; solo uno sforzo muscolare: &#232; una <em>firma neurochimica</em>.<br>Richiede coerenza tra ci&#242; che pensi, ci&#242; che provi e ci&#242; che fai.<br>Quando questa coerenza manca, il cervello entra in dissonanza.<br>Il sistema limbico lancia un segnale: <em>&#8220;C&#8217;&#232; incongruenza.&#8221;</em></p><p>La dopamina, che in condizioni di sfida autentica alimenta la motivazione,<br>si blocca.<br>L&#8217;asse ipotalamo&#8211;ipofisi&#8211;surrene, che regola lo stress adattivo, <strong>smarrisce la direzione.</strong><br>Il cortisolo, da alleato, diventa tossico.<br>E il corpo entra in una forma di stanchezza sterile: consumi energia, ma non cresci.</p><p>&#200; la <strong>fatica finta</strong>: quella che non costruisce, ma svuota.<br>Quella che il cervello riconosce come teatro, e che invece di rafforzarti ti logora,<br>perch&#233; ogni volta che menti al corpo, ne mini la fiducia.</p><p>Il sistema nervoso vive di onest&#224;.<br>&#200; progettato per rispondere alla verit&#224; del gesto, non alla sua apparenza.<br>Quando ti auto convinci &#8220;ce la sto mettendo tutta&#8221;, ma il cervello sa che non &#232; vero,<br>si attiva la corteccia cingolata anteriore, la sede della vergogna.<br>Il risultato?<br>Frustrazione, perdita di motivazione, calo dell&#8217;autostima.</p><p>Non &#232; solo psicologia: &#232; chimica.<br>Il cervello punisce la disonest&#224; con la stessa intensit&#224; con cui premia l&#8217;autenticit&#224;.<br>Perch&#233; la crescita biologica , la vera neuroplasticit&#224; , richiede esposizione reale, non simulata, al limite.</p><p>Quando attraversi la fatica autentica, si attivano le vie discendenti del tronco encefalico: periaqueduttale grigia, nuclei del rafe, locus coeruleus.<br>Vie che rilasciano serotonina, endorfine e noradrenalina per calmare,<br>consolidare, adattare.<br>&#200; il cervello che ti dice: <em>&#8220;Hai sofferto, ma ora sai come farlo meglio.&#8221;</em></p><p>Quando invece fingi, quel circuito non si attiva.<br>Non c&#8217;&#232; adattamento, non c&#8217;&#232; <strong>trasmutazione</strong>.<br>Solo una scarica dopaminergica a breve termine,<strong> l&#8217;illusione del progresso</strong>.<br>&#200; come allenarsi con i filtri: ti senti diverso, ma dentro sei uguale.<br>&#200; come promettere un sacrificio e non compierlo: il cervello lo registra come tradimento.<br>E alla lunga, ti toglie la fiducia in te stesso.</p><p>Perch&#233; la biologia non premia la performance apparente.<br>Premia la coerenza.<br>Premia il rischio autentico.<br>Premia il coraggio di restare.</p><p>La fatica non &#232; un simbolo.<br>&#200; un codice di verit&#224; scritto nei tuoi neuroni.<br>E chi la finge, non inganna il mondo.<br>Inganna solo se stesso</p><h3><strong>La sacralit&#224; della fatica</strong></h3><p>Nel mondo moderno abbiamo desacralizzato tutto:<br>la lentezza, la pazienza, il sacrificio, la ripetizione.<br>Eppure, &#232; proprio l&#236; che abita la crescita.<br>Non nelle accelerazioni, ma nelle attese.<br>Non negli slogan, ma nei silenzi.</p><p>La fatica non &#232; un mezzo per arrivare da qualche parte.<br>&#200; un modo per tornare a s&#233; stessi.<br>&#200; la soglia tra l&#8217;ego e la verit&#224;, tra ci&#242; che sembri e ci&#242; che resti quando smetti di sembrare.</p><p>Chi la rispetta, cambia.<br>Chi la sfrutta, si svuota.</p><p>La fatica non chiede spettacolo, chiede presenza.<br>Non chiede forza, chiede coerenza.<br>&#200; l&#8217;atto pi&#249; intimo e pi&#249; pubblico insieme, perch&#233; quando la attraversi davvero,<br>anche se non ti guarda nessuno, il mondo lo sente.</p><p>C&#8217;&#232; una dignit&#224; antica nel sudore silenzioso,<br>una forma di preghiera nell&#8217;allenamento ripetuto,<br>una verit&#224; nel dolore che non puoi comprare n&#233; imitare.</p><p>La fatica non vuole essere raccontata,<br>vuole essere vissuta.<br>Non si lascia monetizzare, non si lascia addomesticare.<br><strong>La fatica &#232; la legge della realt&#224; che ancora non abbiamo potuto corrompere.</strong></p><p>E forse &#232; proprio per questo che la temiamo tanto.<br>Perch&#233; nel momento in cui la attraversiamo,<br>ci toglie ogni maschera e ci restituisce al nostro nome vero.</p><p>E allora s&#236;, la fatica &#232; sacra.<br>Perch&#233; non guarda in faccia nessuno.<br>Perch&#233; non premia chi appare, ma chi resta.<br>Perch&#233; ogni volta che la onori, lei ti cambia.</p><p>Chi ha conosciuto davvero la fatica non ne parla con orgoglio, ma con rispetto.<br>Perch&#233; sa che ogni conquista ha chiesto un prezzo, e che quel prezzo non si paga una volta sola.<br>La si paga ogni giorno, in silenzio, senza testimoni.</p><p>Per questo smettiamola di prostituire la parola sacrificio, di travestire l&#8217;ego da disciplina, di cercare gloria nelle cose che dovrebbero solo insegnarci umilt&#224;.<br>La fatica &#232; sacra, e noi l&#8217;abbiamo resa intrattenimento.</p><p>E allora s&#236;, torniamo a rispettarla.<br>Torniamo a guadagnarci ci&#242; che desideriamo.<br>Torniamo a sudare senza doverlo mostrare, a lottare senza doverlo spiegare.<br>Perch&#233; la fatica, quella vera, non ha bisogno di spettatori.<br>Ha solo bisogno <strong>che tu ci sia</strong>.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Reconfigurar el dolor]]></title><description><![CDATA[Lo que la ciencia nos ense&#241;a sobre el cerebro de los atletas de resistencia]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/reconfigurar-el-dolor</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/reconfigurar-el-dolor</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 28 Oct 2025 10:54:35 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/9b500ef1-5e65-416b-8eb7-443da303d259_2666x4000.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<h3></h3><p>El dolor no es un enemigo.<br>Es un lenguaje.<br>Un lenguaje que nace del cuerpo, pero que solo adquiere significado en el cerebro.<br>Una se&#241;al primitiva destinada a advertir un posible peligro para el organismo.</p><p>En los deportes de resistencia, all&#237; donde el cansancio se transforma en algo m&#225;s profundo, ese lenguaje cambia de significado.<br>Ya no habla de peligro, sino de frontera.<br>Te pide que elijas: <strong>retroceder o atravesarla.</strong></p><div><hr></div><h4> El cerebro como filtro del sufrimiento</h4><p>Desde hace a&#241;os, la ciencia estudia c&#243;mo los atletas de resistencia aprenden a convivir con el dolor.<br>No porque sean insensibles, sino porque su cerebro ha aprendido a <strong>interpretarlo de otra manera.</strong></p><p>En 2013, dos investigadores israel&#237;es (<strong>Nehama Geva y Ruth Defrin</strong>) publicaron un estudio destinado a cambiar la forma en que entendemos la resistencia humana:<br> <em>Enhanced pain modulation among triathletes: a possible explanation for their exceptional capabilities</em> (<em>Pain</em>, 2013).</p><p>El objetivo era sencillo: determinar si los triatletas perciben el dolor de forma diferente a las personas no deportistas.<br>Los resultados fueron sorprendentes.</p><div><hr></div><h4> El estudio</h4><p><strong>Participantes:</strong> 19 triatletas Ironman y 17 personas no deportistas.<br><strong>Prueba:</strong> exposici&#243;n a est&#237;mulos t&#233;rmicos crecientes para medir el umbral y la tolerancia al dolor.<br><strong>Par&#225;metro clave:</strong> <em>Modulaci&#243;n Condicionada del Dolor (CPM)</em> &#8212; un &#237;ndice de la capacidad del cerebro para &#8220;inhibir&#8221; los est&#237;mulos dolorosos mediante v&#237;as descendentes que parten del tronco encef&#225;lico.</p><p><strong>Resultados principales:</strong></p><ul><li><p>Los triatletas <strong>toleraban temperaturas m&#225;s altas</strong> (&#8776; 50 &#176;C frente a 47,7 &#176;C).</p></li><li><p>Mostraban una <strong>CPM casi el doble de alta</strong>, signo de un sistema inhibitorio del dolor m&#225;s eficiente.</p></li></ul><p>En otras palabras: no solo <em>sent&#237;an menos dolor</em>, sino que <strong>lo modulaban mejor.</strong></p><blockquote><p>&#8220;El entrenamiento de resistencia no solo modifica el m&#250;sculo,<br>sino que reorganiza la red cuerpo-cerebro que filtra e interpreta el sufrimiento.&#8221;</p></blockquote><div><hr></div><h4> La clave no es suprimir, sino modular</h4><p>La <em>Modulaci&#243;n Condicionada del Dolor</em> representa la capacidad del cerebro para ajustar la respuesta nociceptiva a trav&#233;s de v&#237;as descendentes (sustancia gris periacueductal, m&#233;dula ventrolateral, neuronas serotonin&#233;rgicas y noradren&#233;rgicas).<br>Es un freno neuroqu&#237;mico afinado con el tiempo gracias a la exposici&#243;n repetida al esfuerzo y al cansancio controlado.</p><p>En el triatleta, estas v&#237;as se vuelven m&#225;s eficientes, probablemente por un mecanismo de <strong>neuroplasticidad adaptativa</strong>: el cerebro aprende que la fatiga no es una amenaza, sino una se&#241;al que debe regular.<br>El dolor, por tanto, deja de ser una alarma y se convierte en <strong>informaci&#243;n.</strong></p><p>Cada vez que un atleta permanece en el malestar sin evitarlo, las v&#237;as c&#243;rtico-l&#237;mbicas y periacueductales aprenden a reducir la alerta.<br>La percepci&#243;n del dolor cambia porque <strong>cambia su significado.</strong></p><div><hr></div><h4> Cuando el estr&#233;s borra la ventaja</h4><p>Pero la historia no termina ah&#237;.<br>En 2017, los mismos autores publicaron un segundo estudio:<br> <em>Triathletes Lose Their Advantageous Pain Modulation under Acute Psychosocial Stress</em> (<em>Medicine &amp; Science in Sports &amp; Exercise</em>, 2017).</p><p>En este experimento, los atletas fueron sometidos a estr&#233;s psicol&#243;gico agudo antes de la prueba.<br>&#191;El resultado?<br>Su capacidad para modular el dolor <strong>descendi&#243; hasta niveles similares a los de los no deportistas.</strong></p><p>El cerebro, en condiciones de sobrecarga emocional, reduce la eficacia de las v&#237;as inhibidoras del dolor, y todo vuelve a sentirse m&#225;s &#8220;crudo&#8221;.</p><blockquote><p>No es la fuerza lo que protege al cerebro del dolor,<br>sino la capacidad de mantenerse en equilibrio.</p></blockquote><p>Esto demuestra que la resiliencia no es una cualidad fija, sino una <strong>funci&#243;n din&#225;mica</strong>: depende del contexto interno.</p><div><hr></div><h4> El significado como analg&#233;sico natural</h4><p>La investigaci&#243;n en neurociencia confirma que el <strong>significado atribuido al dolor</strong> modula la actividad de las &#225;reas cerebrales implicadas.<br>Cuando lo interpretas como <em>amenaza</em>, se activan la am&#237;gdala y el sistema l&#237;mbico, amplificando la percepci&#243;n.<br>Cuando lo entiendes como <em>parte del proceso</em>, entra en juego la corteza prefrontal dorsolateral y las v&#237;as descendentes de control (Tracey &amp; Mantyh, 2007; Craig, 2009).</p><p>El atleta experimentado, por tanto, no suprime el dolor:<br><strong>lo integra en su propio esquema de significado.</strong><br>No niega el sufrimiento: <strong>lo reinterpreta.</strong></p><p>Este proceso de reconfiguraci&#243;n cognitiva y emocional es lo que transforma la supervivencia en rendimiento.</p><div><hr></div><h4> Reconfigurar el dolor</h4><p>Cada vez que atraviesas la fatiga sin reaccionar por impulso, el cerebro aprende a distinguir entre amenaza real y esfuerzo controlado.<br>Cada vez que eliges permanecer, entrenas la presencia.</p><p>Con el tiempo, esto se convierte en un circuito: un patr&#243;n neuroqu&#237;mico de <strong>tolerancia activa.</strong><br>Es la misma l&#243;gica que, en el triatl&#243;n, separa a quien se rinde de quien, precisamente ah&#237;, <strong>empieza de verdad.</strong></p><blockquote><p>El dolor no se vence con la fuerza,<br>se comprende con la conciencia.</p></blockquote><p>Pero esta conciencia no nace solo del cuerpo: <strong>nace del equilibrio mental.</strong><br>Las mismas v&#237;as nerviosas que regulan el dolor, las que parten del tronco encef&#225;lico y ascienden hacia la corteza, est&#225;n influenciadas directamente por el estado emocional, el estr&#233;s y el significado que damos a la experiencia.</p><p>Un cerebro en equilibrio mantiene abierto el canal de la regulaci&#243;n.<br>Uno en conflicto lo cierra.</p><p>Por eso la resistencia no es solo entrenamiento f&#237;sico, sino una <strong>pr&#225;ctica de estabilidad mental</strong>: la capacidad de mantener la calma en medio de la tormenta, de gestionar el estr&#233;s antes de que el estr&#233;s nos gestione a nosotros.</p><p>Al final, el secreto no es no sentir el dolor.<br>Es <strong>no dejar que el dolor se convierta en todo lo que sientes.</strong></p><div><hr></div><h4>Bibliografia</h4><ul><li><p>Geva, N., &amp; Defrin, R. (2013). <em>Enhanced pain modulation among triathletes: a possible explanation for their exceptional capabilities.</em> <em>Pain</em>, 154(11), 2317&#8211;2323.</p></li><li><p>Geva, N., et al. (2017). <em>Triathletes lose their advantageous pain modulation under acute psychosocial stress.</em> <em>Med Sci Sports Exerc</em>, 49(2), 360&#8211;370.</p></li><li><p>Tracey, I., &amp; Mantyh, P. W. (2007). <em>The cerebral signature for pain perception and its modulation.</em> <em>Neuron</em>, 55(3), 377&#8211;391.</p></li><li><p>Craig, A. D. (2009). <em>How do you feel&#8212;now? The anterior insula and human awareness.</em> <em>Nat Rev Neurosci</em>, 10(1), 59&#8211;70.</p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Rimappare il dolore]]></title><description><![CDATA[Cosa ci insegna la scienza sul cervello degli atleti di endurance]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/rimappare-il-dolore</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/rimappare-il-dolore</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 28 Oct 2025 10:47:36 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/27ded875-5c1b-4bf2-82c9-3643ea691022_2666x4000.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Il dolore non &#232; un nemico.<br>&#200; un linguaggio.<br>Un linguaggio che nasce dal corpo ma trova significato solo nel cervello. Un segnale primitivo atto a segnalare un potenziale pericolo per l&#8217;organismo.</p><p>Nell&#8217;endurance , l&#224; dove la fatica si trasforma in qualcosa di pi&#249; profondo, quel linguaggio cambia significato.<br>Non parla pi&#249; di pericolo, ma di confine.<br>Ti chiede di scegliere: <strong>arretrare o attraversarlo</strong>.</p><div><hr></div><h4>Il cervello come filtro della sofferenza</h4><p>Da anni la scienza studia come gli atleti di endurance imparino a convivere con il dolore. Non perch&#233; siano insensibili, ma perch&#233; il loro cervello <strong>ha imparato a interpretarlo diversamente</strong>.</p><p>Nel 2013, due ricercatori israeliani ( <strong>Nehama Geva e Ruth Defrin</strong> ) hanno pubblicato uno studio destinato a cambiare il modo in cui comprendiamo la resistenza umana:<br><em>Enhanced pain modulation among triathletes: a possible explanation for their exceptional capabilities</em> (<em>Pain</em>, 2013).</p><p>Il loro obiettivo era semplice: capire se i triatleti percepiscono il dolore in modo diverso rispetto ai non atleti.<br>I risultati furono straordinari.</p><div><hr></div><h4>Lo studio</h4><p><strong>Partecipanti:</strong> 19 triatleti Ironman e 17 persone non sportive.<br><strong>Test:</strong> esposizione a stimoli termici crescenti per misurare soglia e tolleranza al dolore.<br><strong>Parametro chiave:</strong> <em>Conditioned Pain Modulation (CPM)</em>, un indice della capacit&#224; del cervello di &#8220;inibire&#8221; gli stimoli dolorosi attraverso vie discendenti che partono dal tronco encefalico.</p><p><strong>Risultati principali:</strong></p><ul><li><p>I triatleti <strong>tolleravano temperature pi&#249; alte</strong> (&#8776; 50 &#176;C contro 47,7 &#176;C).</p></li><li><p>Mostravano una <strong>CPM quasi doppia</strong>, segno di un sistema inibitorio del dolore pi&#249; efficiente.</p></li></ul><p>In altre parole: non solo <em>sentivano meno dolore</em>, <strong>lo modulavano meglio</strong>.</p><blockquote><p>&#8220;L&#8217;allenamento di endurance non modifica solo il muscolo,<br>ma riorganizza la rete cervello-corpo che filtra e interpreta la sofferenza.&#8221;</p></blockquote><div><hr></div><h4>La chiave non &#232; la soppressione, ma la modulazione</h4><p>La <em>Conditioned Pain Modulation</em> rappresenta la capacit&#224; del cervello di modulare la risposta nocicettiva attraverso vie discendenti (periaqueduttale grigia, midollo ventrolaterale, neuroni serotoninergici e noradrenergici).<br>&#200; un freno neurochimico, raffinato nel tempo grazie all&#8217;esposizione ripetuta allo sforzo e alla fatica controllata.</p><p>Nel triatleta, queste vie diventano pi&#249; efficienti, probabilmente per un meccanismo di <strong>neuroplasticit&#224; adattiva</strong>: il cervello impara che la fatica non &#232; minaccia, ma segnale da regolare.<br>Il dolore, quindi, da allarme diventa <strong>informazione</strong>.</p><p>Ogni volta che un atleta resta nel disagio senza evitarlo, le vie cortico-limbiche e periacqueduttali apprendono a ridurre l&#8217;allerta.<br>La percezione del dolore cambia perch&#233; <strong>cambia il significato</strong>.</p><div><hr></div><h4>Quando lo stress azzera il vantaggio</h4><p>Ma la storia non finisce l&#236;.<br>Nel 2017, gli stessi autori pubblicarono un secondo studio:<br> <em>Triathletes Lose Their Advantageous Pain Modulation under Acute Psychosocial Stress</em> (<em>Medicine &amp; Science in Sports &amp; Exercise</em>, 2017).</p><p>In questo esperimento, gli atleti furono sottoposti a stress psicologico acuto prima del test.<br>Il risultato?<br>La loro capacit&#224; di modulare il dolore <strong>croll&#242; ai livelli dei non atleti</strong>.</p><p>Il cervello, in condizioni di sovraccarico emotivo, riduce l&#8217;efficienza delle vie inibitorie del dolore , e tutto torna pi&#249; &#8220;crudo&#8221;.</p><blockquote><p>Non &#232; la forza che protegge il cervello dal dolore,<br>ma la capacit&#224; di restare in equilibrio.</p></blockquote><p>Questo dimostra che la resilienza non &#232; una qualit&#224; stabile, ma una funzione dinamica: dipende dal contesto interno.</p><div><hr></div><h4>Il significato come analgesico naturale</h4><p>La ricerca neuroscientifica conferma che <strong>il significato attribuito al dolore</strong> modula l&#8217;attivit&#224; delle aree cerebrali coinvolte.<br>Quando lo interpreti come <em>minaccia</em>, si attiva l&#8217;amigdala e il sistema limbico, amplificando la percezione.<br>Quando lo interpreti come <em>parte del processo</em>, entra in gioco la corteccia prefrontale dorsolaterale e le vie discendenti di controllo (Tracey &amp; Mantyh, 2007; Craig, 2009).</p><p>L&#8217;atleta esperto, quindi, non sopprime il dolore:<br><strong>lo integra nel proprio schema di significato.</strong><br>Non nega la sofferenza, la rilegge.</p><p>&#200; questo processo di rimappatura cognitiva ed emotiva che trasforma la sopravvivenza in performance.</p><div><hr></div><h4><strong>Rimappare il dolore</strong></h4><p>Ogni volta che attraversi la fatica senza reagire d&#8217;impulso, il cervello impara a distinguere tra minaccia reale e sforzo controllato.<br>Ogni volta che scegli di restare, <em>addestri la presenza</em>.</p><p>Nel lungo periodo, questo diventa un circuito: un pattern neurochimico di <strong>tolleranza attiva</strong>.<br>&#200; la stessa logica che, nel triathlon, distingue chi cede dal punto in cui tutto inizia davvero.</p><blockquote><p>Il dolore non si vince con la forza,<br>si comprende con la coscienza.</p></blockquote><p>Ma questa consapevolezza non nasce solo dal corpo: nasce dall&#8217;equilibrio mentale.<br>Le stesse vie nervose che regolano il dolore, quelle che partono dal tronco encefalico e risalgono verso la corteccia, sono influenzate direttamente dallo stato emotivo, dallo stress, dal significato che attribuiamo all&#8217;esperienza.</p><p>Un cervello in equilibrio <em>mantiene aperto il canale della regolazione</em>.<br>Uno in conflitto lo chiude.</p><p>&#200; per questo che l&#8217;endurance non &#232; solo allenamento fisico, ma <strong>una pratica di stabilit&#224; mentale</strong>: la capacit&#224; di restare calmi dentro la tempesta, di gestire lo stress prima che lo stress gestisca noi.</p><p>Alla fine, il segreto non &#232; non sentire il dolore.<br>&#200; <strong>non lasciare che il dolore diventi tutto ci&#242; che senti.</strong></p><div><hr></div><p></p><h4>Bibliografia</h4><ul><li><p>Geva, N., &amp; Defrin, R. (2013). <em>Enhanced pain modulation among triathletes: a possible explanation for their exceptional capabilities.</em> <em>Pain</em>, 154(11), 2317&#8211;2323.</p></li><li><p>Geva, N., et al. (2017). <em>Triathletes lose their advantageous pain modulation under acute psychosocial stress.</em> <em>Med Sci Sports Exerc</em>, 49(2), 360&#8211;370.</p></li><li><p>Tracey, I., &amp; Mantyh, P. W. (2007). <em>The cerebral signature for pain perception and its modulation.</em> <em>Neuron</em>, 55(3), 377&#8211;391.</p></li><li><p>Craig, A. D. (2009). <em>How do you feel&#8212;now? The anterior insula and human awareness.</em> <em>Nat Rev Neurosci</em>, 10(1), 59&#8211;70.</p></li></ul>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El cerebro bajo esfuerzo: neurofisiología del IRONMAN]]></title><description><![CDATA[Entre corteza prefrontal, sistema l&#237;mbico y neuroendocrinolog&#237;a: as&#237; dirige el cerebro 226 kil&#243;metros de fatiga y los convierte en significado.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/el-cerebro-bajo-esfuerzo-neurofisiologia</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/el-cerebro-bajo-esfuerzo-neurofisiologia</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 14 Oct 2025 14:57:54 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/5ac26f8d-694d-4153-91b1-5fa3e2b8321b_2134x3200.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Hay una escena recurrente que todo triatleta conoce bien. La l&#237;nea de salida est&#225; ah&#237; delante, el mono ya ce&#241;ido al cuerpo, las piernas vibran. Pero es en la cabeza donde sucede todo: los pensamientos se amontonan, las emociones se mezclan, la concentraci&#243;n toma forma. Luego, el disparo. Y empieza el viaje.</p><p>Pero &#191;qu&#233; ocurre de verdad dentro de ese casco, detr&#225;s de esas gafas de sol? &#191;Qu&#233; pasa, minuto a minuto, en el cerebro de un atleta que se prepara para afrontar 226 km de desaf&#237;o, esfuerzo, estrategia y supervivencia?</p><p>Estamos acostumbrados a pensar en el Ironman como un reto f&#237;sico. En realidad, es sobre todo un desaf&#237;o neurofisiol&#243;gico. Durante una prueba tan larga e intensa, el cerebro no es un espectador pasivo. Es el verdadero director de orquesta. Decide qu&#233; sentir, cu&#225;nto empujar, cu&#225;ndo bajar el ritmo, cu&#225;ndo alimentarse, cu&#225;ndo ignorar el dolor y cu&#225;ndo escucharlo. Cada percepci&#243;n, cada decisi&#243;n, cada derrumbe y cada impulso nacen ah&#237;: entre sinapsis, neurotransmisores y estrategias evolutivas milenarias.</p><p>En este art&#237;culo intentaremos contar todo eso. Lo haremos entrelazando dos v&#237;as: por un lado, la ciencia del cerebro bajo estr&#233;s prolongado; por otro, la experiencia vivida en carrera, esa que todo Ironman conoce en su propia piel y en su propia mente.</p><p>Hablaremos de:</p><ul><li><p><strong>transient hypofrontality</strong>: por qu&#233; &#8220;apagamos el cerebro&#8221; tras horas de carrera;</p></li><li><p><strong>automatizaci&#243;n motora y sistema l&#237;mbico</strong>: qu&#233; gu&#237;a nuestros gestos cuando la racionalidad se retira;</p></li><li><p><strong>percepci&#243;n del esfuerzo y del dolor</strong>: c&#243;mo los construye el cerebro y c&#243;mo los modula;</p></li><li><p><strong>sistema nervioso aut&#243;nomo</strong>: qu&#233; les ocurre al simp&#225;tico y al parasimp&#225;tico durante horas de esfuerzo continuo;</p></li><li><p><strong>fatiga central</strong>: qu&#233; pasa cuando &#8220;las piernas est&#225;n, pero la cabeza no&#8221;;</p></li><li><p><strong>flujo, disociaci&#243;n y resiliencia neural</strong>: c&#243;mo entramos (o no) en el estado mental ideal;</p></li><li><p>y, por &#250;ltimo, <strong>qu&#233; queda en la mente</strong> cuando cruzamos la meta.</p></li></ul><p>Porque si es cierto que el Ironman es un desaf&#237;o para el cuerpo, es a&#250;n m&#225;s cierto que, al final, todo se juega en la cabeza. Y entender el cerebro de la endurance, hoy, es una de las claves para empujar los l&#237;mites del rendimiento y de la conciencia.</p><h3><strong>Corteza prefrontal: el mando racional</strong></h3><p>En las primeras fases de la prueba (especialmente en la nataci&#243;n o en los primeros kil&#243;metros en bici), la corteza prefrontal est&#225; muy activa: eval&#250;a estrategias, monitoriza sensaciones, regula el ritmo. Es la que se pregunta: &#191;voy demasiado fuerte? &#191;Debo comer ahora? Es como si estuviera en la cabina de mando, racionalizando cada input.</p><p>Pero a medida que pasan las horas y aumenta la fatiga, esta zona empieza a &#8220;apagarse&#8221;. El cerebro, para ahorrar energ&#237;a, delega cada vez m&#225;s en el sistema l&#237;mbico (emociones, memoria) y en los ganglios basales (automatismos motores). Entra en escena el piloto autom&#225;tico.</p><p>Es lo que la neurociencia llama <strong>transient hypofrontality</strong> (Dietrich, 2006): un fen&#243;meno en el que las &#225;reas prefrontales reducen su actividad para dejar espacio a otros circuitos &#8212;m&#225;s primitivos, m&#225;s profundos, pero mucho m&#225;s eficientes a largo plazo&#8212;.</p><h3><strong>Sistema l&#237;mbico: memoria, emoci&#243;n y motivaci&#243;n</strong></h3><p>Durante las fases centrales de un Ironman, cuando la racionalidad ya se ha hecho a un lado y el cuerpo avanza en autom&#225;tico, entra en juego el sistema l&#237;mbico, ese circuito cerebral antiguo y poderoso que regula emociones, recuerdos y energ&#237;a motivacional.</p><p>Dos actores principales se mueven entre bastidores:</p><ul><li><p>El <strong>hipocampo</strong>, sede crucial de la memoria epis&#243;dica y espacial, evoca experiencias pasadas y valora su relevancia en el momento presente. Es quien recuerda la &#250;ltima vez que lo lograste, o aquella en que fallaste, guiando de forma inconsciente tu actitud.</p></li><li><p>La <strong>am&#237;gdala</strong>, por su parte, es responsable de la respuesta emocional. Codifica el miedo, la rabia, el sentido de peligro, pero tambi&#233;n el impulso profundo ligado al apego emocional. Si te entran ganas de llorar sin motivo entre el km 120 y el 150 en bici, es muy probable que sea ella quien est&#233; pulsando el bot&#243;n.</p></li></ul><p>Estas dos estructuras no trabajan aisladas: est&#225;n en estrecha conexi&#243;n con los circuitos dopamin&#233;rgicos mesol&#237;mbicos, como el <strong>n&#250;cleo accumbens</strong> y el <strong>&#225;rea tegmental ventral (VTA)</strong>, que regulan la motivaci&#243;n y el deseo. La <strong>dopamina</strong>, de hecho, no es solo la mol&#233;cula del placer, sino sobre todo la de la anticipaci&#243;n de una recompensa (Berridge &amp; Robinson, 1998). Es ella la que te hace seguir cuando ya no puedes m&#225;s, no porque &#8220;puedas&#8221;, sino porque <strong>deseas</strong> llegar.</p><p>Por eso, en el km 28 de la marat&#243;n, cuando racionalmente ser&#237;a m&#225;s l&#243;gico pararse, algo dentro de ti te hace reiniciar. No es racionalidad. Es emoci&#243;n. Es memoria. Es motivaci&#243;n inscrita en los circuitos m&#225;s profundos de tu cerebro.</p><h3><strong>Cerebelo y ganglios basales: el automatismo perfecto</strong></h3><p>El <strong>cerebelo</strong> es el director de orquesta de la coordinaci&#243;n fina. Integra informaci&#243;n sensorial en tiempo real (sobre todo de la propiocepci&#243;n, la vista y el sistema vestibular) para regular postura, equilibrio y precisi&#243;n del movimiento. Cuando corres cansado, en un tramo t&#233;cnico o por un terreno irregular, es &#233;l quien te &#8220;salva&#8221; de un tropiezo o una ca&#237;da. Cuando tu zancada se adapta a una curva o a una r&#225;faga de viento, &#233;l hace el trabajo sucio.</p><p>Junto con el cerebelo, entran en juego los <strong>ganglios basales</strong>, estructuras profundas como el putamen, el globo p&#225;lido y el n&#250;cleo caudado, responsables del control motor autom&#225;tico. Aqu&#237; residen los patrones motores que has construido con meses (o a&#241;os) de entrenamiento: el pedaleo redondo, la zancada econ&#243;mica, la respiraci&#243;n sincronizada. Todos esos movimientos repetidos hasta la saciedad, que ahora funcionan incluso sin tu control consciente.</p><p>Cuando la corteza se apaga por fatiga (v&#233;ase el fen&#243;meno de la <strong>transient hypofrontality</strong>), estas estructuras se convierten en protagonistas. El cuerpo contin&#250;a incluso cuando la cabeza querr&#237;a detenerse.</p><p>Como explic&#243; Graybiel (2008), los ganglios basales codifican y consolidan los h&#225;bitos motores mediante el entrenamiento repetido, reduciendo la carga cognitiva durante la ejecuci&#243;n. En otras palabras: <strong>cuando ya no puedes pensar, es el entrenamiento el que piensa por ti</strong>.</p><h3><strong>Fatiga central: cuando es el cerebro quien dice basta (antes que los m&#250;sculos)</strong></h3><p>Cuando llegas al kil&#243;metro 30 de la marat&#243;n en un Ironman, a menudo sientes que &#8220;ya no hay m&#225;s&#8221;. Pero la pregunta es: &#191;de verdad los m&#250;sculos se han quedado sin energ&#237;a? &#191;O es el cerebro el que te est&#225; protegiendo de un posible colapso?</p><p>Esta es la idea base de la <strong>teor&#237;a de la fatiga central</strong>: el concepto de que el cansancio no es solo una se&#241;al perif&#233;rica (muscular), sino un mecanismo protector central, generado por el sistema nervioso central y destinado a preservar la integridad del organismo.</p><h3><strong>El papel de la corteza motora</strong></h3><p>Durante una actividad intensa y prolongada, como un Ironman, la <strong>corteza motora primaria (M1)</strong> est&#225; constantemente implicada en reclutar las unidades motoras necesarias para generar fuerza. Sin embargo, su activaci&#243;n no puede mantenerse constante indefinidamente: diversos estudios con EEG y estimulaci&#243;n magn&#233;tica transcraneal (TMS) han demostrado que, al aumentar la fatiga, la actividad cortical disminuye progresivamente (Gandevia, 2001).</p><p>Traducido: no eres t&#250; quien &#8220;abandona&#8221; voluntariamente, es tu cerebro el que aten&#250;a la orden motora para protegerte de un posible da&#241;o sist&#233;mico. Un acto de <strong>salvaguarda</strong>, no de debilidad.</p><h3><strong>Dopamina y serotonina: una guerra qu&#237;mica silenciosa</strong></h3><p>Durante el Ironman, el balance neuroqu&#237;mico se desplaza:</p><ul><li><p>La <strong>dopamina</strong>, ligada a la motivaci&#243;n y a la recompensa, <strong>desciende</strong>, haciendo que cada esfuerzo sea m&#225;s dif&#237;cil de justificar.</p></li><li><p>La <strong>serotonina</strong>, asociada a relajaci&#243;n y somnolencia, <strong>aumenta</strong>, favoreciendo un estado de pasividad y desmotivaci&#243;n.</p></li></ul><p>Es una batalla invisible entre continuar o detenerse. Y muchas veces, cuando dices &#8220;no tengo m&#225;s ganas&#8221;, es la <strong>qu&#237;mica cerebral</strong> hablando por ti (Meeusen et al., 2006).</p><h3><strong>El freno invisible: el modelo del &#8220;gobernador central&#8221;</strong></h3><p>Seg&#250;n Tim Noakes, una de las m&#225;ximas autoridades mundiales en ciencia del deporte, el cerebro funciona como un <strong>&#8220;central governor&#8221;</strong>: un sistema de control central que anticipa potenciales amenazas fisiol&#243;gicas &#8212;hipoglucemia, hipertermia, deshidrataci&#243;n o da&#241;o muscular  y modula el output motor para evitarlas (Noakes, 2012).</p><p>En la pr&#225;ctica, la fatiga es una <strong>percepci&#243;n calculada</strong>, no el resultado directo del agotamiento muscular.</p><p>Aqu&#237; Noakes desaf&#237;a la vieja teor&#237;a del gluc&#243;geno agotado: durante d&#233;cadas se crey&#243; que el rendimiento ca&#237;a cuando se agotaban las reservas de gluc&#243;geno muscular. Pero numerosas evidencias muestran que los atletas <strong>reducen el ritmo mucho antes</strong> de llegar a ese punto cr&#237;tico. Y que, incluso en condiciones de depleci&#243;n marcada, todav&#237;a es posible producir fuerza.</p><p>&#8220;No nos detenemos porque se haya acabado el combustible&#8221;, escribe Noakes. &#8220;Nos detenemos porque el cerebro ha decidido que es suficiente&#8221;.</p><p>El cerebro, en suma, no espera a la crisis para intervenir: <strong>la prev&#233;, la simula, la previene</strong>, modulando sensaciones, motivaci&#243;n y output motor. Lo que percibes como &#8220;quiebre&#8221; es, en realidad, <strong>un freno de seguridad neurol&#243;gico</strong>.</p><p><strong>El cerebro bajo estr&#233;s: cortisol, noradrenalina y adaptaci&#243;n neuroendocrina</strong></p><p>Un Ironman representa uno de los <strong>estresores fisiol&#243;gicos voluntarios</strong> m&#225;s intensos a los que puede someterse el ser humano. No es solo un reto muscular o cardiovascular: es, sobre todo, una prueba de <strong>adaptaci&#243;n</strong> para el sistema nervioso central (SNC) y para todo el eje hipot&#225;lamo&#8211;hip&#243;fisis&#8211;suprarrenal (eje HPA). Durante 10&#8211;12 horas de esfuerzo continuo, el cerebro activa respuestas hormonales y neuroqu&#237;micas destinadas a preservar la homeostasis, sostener el rendimiento y prevenir da&#241;os sist&#233;micos.</p><h3><strong>Cortisol: regulador metab&#243;lico y modulador del estr&#233;s</strong></h3><p>El <strong>cortisol</strong>, hormona glucocorticoide producida por la corteza suprarrenal bajo estimulaci&#243;n del eje HPA, es central en la respuesta al estr&#233;s. Durante el ejercicio de larga duraci&#243;n:</p><ul><li><p>Aumenta progresivamente para favorecer la <strong>gluconeog&#233;nesis hep&#225;tica</strong> y la <strong>movilizaci&#243;n de &#225;cidos grasos</strong>(Hackney, 2006).</p></li><li><p>Act&#250;a como <strong>modulador inmunol&#243;gico</strong>: de forma aguda es antiinflamatorio, pero cr&#243;nicamente puede favorecer la inmunosupresi&#243;n (Tsigos &amp; Chrousos, 2002).</p></li><li><p>Mantiene la <strong>presi&#243;n arterial</strong>, la <strong>glucemia</strong> y apoya funciones cognitivas (Sapolsky et al., 2000).</p></li></ul><p>Sin embargo, si el esfuerzo es prolongado y no va seguido de una recuperaci&#243;n adecuada, puede observarse una <strong>alteraci&#243;n de la secreci&#243;n</strong>, con un <strong>hipocortisolismo funcional</strong> postevento (Duclos, 2008), responsable de la t&#237;pica &#8220;crash fatigue&#8221; en los d&#237;as posteriores a la prueba.</p><p><strong>Noradrenalina: vigilancia y activaci&#243;n simp&#225;tica</strong></p><p>Durante un Ironman, los niveles de <strong>noradrenalina</strong> aumentan por efecto de la activaci&#243;n del <strong>locus coeruleus</strong> y del sistema simp&#225;tico:</p><ul><li><p>Incrementa la <strong>frecuencia cardiaca</strong> y la <strong>presi&#243;n arterial</strong>.</p></li><li><p>Potencia la <strong>vigilancia</strong>, la <strong>presteza motora</strong> y el <strong>arousal cortical</strong> (Aston-Jones &amp; Cohen, 2005).</p></li><li><p>Sostiene la <strong>funci&#243;n ejecutiva</strong> y la <strong>atenci&#243;n selectiva</strong> en las primeras fases de la fatiga.</p></li></ul><p>No obstante, una actividad noradren&#233;rgica excesiva y prolongada puede provocar efectos contraproducentes: ansiedad, desorientaci&#243;n cognitiva, alteraciones del sue&#241;o e inestabilidad emocional (Meeusen et al., 2007). En la segunda parte de la prueba, estos efectos pueden manifestarse como <strong>confusi&#243;n</strong>, <strong>apat&#237;a</strong> o <strong>vulnerabilidad emocional extrema</strong>.</p><h3><strong>Adaptaci&#243;n neuroendocrina: la resiliencia qu&#237;mica de los deportistas de endurance</strong></h3><p>Con entrenamiento constante, el cerebro y todo el sistema neuroendocrino aprenden a gestionar mejor el estr&#233;s prolongado. Este fen&#243;meno se denomina <strong>&#8220;training-induced neuroendocrine modulation&#8221;</strong> (Duclos, 2008), y es una de las adaptaciones clave en los deportes de resistencia.</p><p>&#191;Qu&#233; significa en la pr&#225;ctica?</p><ul><li><p><strong>Respuesta al estr&#233;s m&#225;s controlada</strong>: tras meses (o a&#241;os) de entrenamiento regular, el eje HPA se vuelve <strong>menos reactivo</strong> a los mismos est&#237;mulos. En otras palabras, produce <strong>menos cortisol</strong> a igual nivel de fatiga &#8212;se&#241;al de mayor eficiencia y de menor &#8220;coste&#8221; interno.</p></li><li><p><strong>Mayor flexibilidad del sistema nervioso aut&#243;nomo</strong>: el cuerpo se vuelve m&#225;s h&#225;bil para pasar del estado de activaci&#243;n (simp&#225;tico) al de recuperaci&#243;n (parasimp&#225;tico), reduciendo la acumulaci&#243;n de estr&#233;s cr&#243;nico (Stanley et al., 2013).</p></li><li><p><strong>M&#225;s sensibilidad a los inputs internos</strong>: mejora la capacidad del cerebro para leer se&#241;ales como <strong>HRV</strong>, <strong>glucemia</strong> y <strong>temperatura corporal</strong>, ajustando en tiempo real el comportamiento motor y metab&#243;lico.</p></li></ul><p>Esta forma de adaptaci&#243;n tambi&#233;n recibe el nombre de <strong>&#8220;adaptaci&#243;n alost&#225;tica&#8221;</strong>: una regulaci&#243;n fina del equilibrio interno que protege al organismo del riesgo de <strong>overreaching</strong> y <strong>overtraining</strong>, es decir, de los colapsos cl&#225;sicos debidos a carga excesiva y recuperaci&#243;n insuficiente (Meeusen et al., 2013).</p><h3><strong>Cuando el mundo se apaga: flujo, disociaci&#243;n y resiliencia neural</strong></h3><p>Tras horas de esfuerzo, cuando el cuerpo est&#225; exhausto y la corteza prefrontal ya se ha silenciado, emerge otra forma de inteligencia: la que une <strong>emoci&#243;n</strong>, <strong>memoria</strong> y <strong>percepci&#243;n del yo</strong>. Es el momento en que el cerebro activa sus <strong>circuitos de resiliencia</strong>, no para aumentar la potencia, sino para <strong>reducir la percepci&#243;n de peligro</strong>.</p><p>La <strong>&#237;nsula anterior</strong> y el <strong>cingulado</strong> participan en un proceso llamado <strong>reencuadre interoceptivo</strong> (Craig, 2009): la mente no elimina la fatiga, la <strong>recodifica</strong>. El dolor deja de ser una se&#241;al de amenaza y se convierte en una informaci&#243;n neutra, &#250;til, incluso necesaria. As&#237; transforma el cerebro la <strong>sufrimiento en significado</strong>, permiti&#233;ndote permanecer en el presente en lugar de huir de &#233;l.</p><p>En algunos atletas, esta reorganizaci&#243;n conduce al estado que llamamos <strong>flujo</strong> (<em>flow</em>): no ya p&#233;rdida de control, sino <strong>fusi&#243;n perfecta entre control y abandono</strong>. El tiempo se deforma, la atenci&#243;n se estrecha y el gesto se vuelve una extensi&#243;n natural del pensamiento (Ulrich et al., 2014). Es un equilibrio fr&#225;gil, que puede romperse en un instante: basta un error, un dolor agudo o un pensamiento errado, y la mente cae de la presencia a la <strong>disociaci&#243;n</strong>, una forma extrema de autoprotecci&#243;n emocional en la que la conciencia se separa del cuerpo, donde el atleta se observa desde fuera. Ya no est&#225; dentro del cuerpo, sino por encima de &#233;l (Simeon et al., 2001).</p><p>El <strong>flujo</strong> y la <strong>disociaci&#243;n</strong>, en el fondo, son dos estrategias distintas del mismo cerebro: una sirve para <strong>permanecer</strong>, la otra para <strong>sobrevivir</strong>. Y la <strong>resiliencia</strong>, la verdadera, nace justamente ah&#237;: en la capacidad de pasar de una a otra <strong>sin romperse</strong>.</p><p>No es resistencia a la fatiga: es <strong>adaptaci&#243;n cognitiva</strong>, una forma de plasticidad mental que se entrena como un <strong>m&#250;sculo invisible</strong>. Cada tirada larga, cada carrera vivida hasta el fondo, refuerza esos circuitos: mejora la <strong>regulaci&#243;n emocional</strong>, la <strong>tolerancia interoceptiva</strong> y la capacidad de <strong>mantener la lucidez en mitad de la tormenta</strong>.</p><p>Y quiz&#225; esa sea, m&#225;s que ninguna otra, la verdadera victoria de la endurance: <strong>no solo llegar a la meta, sino llegar conscientes</strong>, despu&#233;s de haber mirado de frente todo lo que pod&#237;a hacernos ceder y haber decidido, una vez m&#225;s, <strong>quedarnos</strong>.</p><p><strong>El silencio tras la meta: c&#243;mo el cerebro reelabora el final</strong></p><p>Luego, de pronto, todo se detiene. El ruido del agua, el viento, los latidos: <strong>silencio</strong>. El cuerpo desacelera, la multitud se disuelve, y el cerebro entra en una fase nueva, tan invisible como profunda: la de la <strong>reconstrucci&#243;n neuroendocrina</strong>.</p><p>Tras horas de hiperactivaci&#243;n del eje HPA y del sistema simp&#225;tico, el organismo afronta un verdadero <strong>downshift</strong>fisiol&#243;gico. La <strong>dopamina</strong>, que hasta un instante antes alimentaba la motivaci&#243;n y la tensi&#243;n hacia la recompensa, <strong>cae bruscamente</strong>, mientras la <strong>serotonina</strong> y el endocannabinoide <strong>anandamida</strong> (la llamada &#8220;mol&#233;cula de la calma&#8221;) toman el relevo (Fuss et al., 2015). Por eso, justo despu&#233;s de cruzar la meta, puedes sentirte primero euf&#243;rico y luego, de repente, <strong>vac&#237;o</strong>.</p><p>Esta fluctuaci&#243;n se define como <strong>post-reward dopamine drop</strong> &#8212;una ca&#237;da del circuito mesol&#237;mbico que se manifiesta como <strong>cansancio emocional</strong> o <strong>melancol&#237;a poscarrera</strong> (H&#246;glund et al., 2020). El cerebro, acostumbrado durante meses a un objetivo claro, pierde de repente la direcci&#243;n. En t&#233;rminos neurobiol&#243;gicos, hablamos de <strong>prediction error</strong>: el <strong>error de predicci&#243;n de la recompensa</strong> (Schultz, 2016).</p><p>A nivel fisiol&#243;gico, simult&#225;neamente, se observa una <strong>down-regulation temporal del cortisol</strong> y una <strong>reactivaci&#243;n parasimp&#225;tica</strong> predominante, que favorece la recuperaci&#243;n pero puede inducir <strong>hipotensi&#243;n</strong>, <strong>apat&#237;a</strong> y una sensaci&#243;n de <strong>&#8220;vac&#237;o mental&#8221;</strong> (Duclos, 2008; Stanley et al., 2013).</p><p>Por eso muchos atletas describen el pos-Ironman como una <strong>&#8220;burbuja de silencio&#8221;</strong>. No es solo cansancio. Es el cerebro que, tras haber orquestado 226 km de supervivencia, <strong>por fin se permite derrumbarse</strong>.</p><p>Y, sin embargo, en ese espacio suspendido, se crea algo &#250;nico: una nueva <strong>memoria emocional</strong>. El <strong>hipocampo</strong>, al reelaborar la experiencia, la archiva no como <strong>fatiga</strong>, sino como <strong>significado</strong>. Es en ese momento cuando el dolor se hace <strong>recuerdo</strong>, y el recuerdo se hace <strong>identidad</strong>.</p><h3><strong>Entender el cerebro para entender al atleta</strong></h3><p>Al final, todo vuelve ah&#237;, donde empez&#243;: <strong>en la cabeza</strong>. El Ironman es un viaje <strong>neurofisiol&#243;gico</strong> antes que deportivo: una lenta negociaci&#243;n entre sistemas en conflicto, entre la <strong>racionalidad</strong> que planifica, el <strong>instinto</strong> que protege y la <strong>voluntad</strong>que empuja m&#225;s all&#225; de cualquier l&#237;mite.</p><p>Entender qu&#233; sucede en el cerebro durante un Ironman no sirve solo para mejorar el rendimiento. Sirve para comprender <strong>qu&#233; ocurre cuando el ser humano enfrenta el l&#237;mite</strong>. Porque, en el fondo, la fatiga extrema es solo un <strong>laboratorio natural</strong> para observar el funcionamiento m&#225;s aut&#233;ntico de la mente: c&#243;mo <strong>gestiona el estr&#233;s</strong>, c&#243;mo <strong>atribuye sentido al sufrimiento</strong>, c&#243;mo <strong>transforma el peligro en aprendizaje</strong>.</p><p>Cada atleta que cruza la meta lleva dentro una peque&#241;a <strong>revoluci&#243;n neurobiol&#243;gica</strong>: redes m&#225;s pl&#225;sticas, conexiones m&#225;s eficientes y &#8212;quiz&#225;&#8212; una nueva conciencia. Es la demostraci&#243;n de que la <strong>resiliencia no es un rasgo, sino un circuito</strong>. Y que cada vez que el cuerpo se levanta, el cerebro tambi&#233;n se <strong>reescribe</strong>.</p><p>Por eso, el Ironman no es solo un reto deportivo: es <strong>un experimento sobre la naturaleza humana</strong>, un ritual moderno en el que mente y cuerpo se encuentran en el l&#237;mite de sus posibilidades. Es el lugar donde la <strong>biolog&#237;a se convierte en voluntad</strong>, donde la <strong>fatiga se transforma en conciencia</strong>, donde el cerebro deja de ser un &#243;rgano y vuelve a ser <strong>testigo del milagro humano de la resistencia</strong>.</p><p>Cada vez que afrontamos esa l&#237;nea de salida, no estamos solo corriendo hacia una meta. Estamos explorando la <strong>frontera de lo posible</strong>: lo que cre&#237;amos inalcanzable y que, por un instante, se vuelve real.</p><p>Y cada Ironman terminado ,con gloria o con dolor, deja en nosotros una huella profunda: la prueba de que <strong>vivir de verdad</strong> no significa evitar el sufrimiento, sino <strong>atravesarlo con lucidez</strong>. Porque es ah&#237;, cuando todo se apaga y solo queda el latido del coraz&#243;n, cuando el cerebro deja de mandar&#8230; y el ser humano, por fin, <strong>se revela</strong>.</p><p></p><p><strong>BIBLIOGRAFIA</strong></p><p>Aston-Jones, G., &amp; Cohen, J. D. (2005). <em>An integrative theory of locus coeruleus&#8211;norepinephrine function: Adaptive gain and optimal performance.</em> <strong>Annual Review of Neuroscience, 28</strong>, 403&#8211;450. https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.28.061604.135709</p><p>Berridge, K. C., &amp; Robinson, T. E. (1998). <em>What is the role of dopamine in reward: Hedonic impact, reward learning, or incentive salience?</em> <strong>Brain Research Reviews, 28</strong>(3), 309&#8211;369. https://doi.org/10.1016/S0165-0173(98)00019-8</p><p>Craig, A. D. (2009). <em>How do you feel&#8212;now? The anterior insula and human awareness.</em><strong>Nature Reviews Neuroscience, 10</strong>(1), 59&#8211;70. https://doi.org/10.1038/nrn2555</p><p>Dietrich, A. (2006). <em>Transient hypofrontality as a mechanism for the psychological effects of exercise.</em> <strong>Psychiatry Research, 145</strong>(1), 79&#8211;83. <a href="https://doi.org/10.1016/j.psychres.2005.07.033">https://doi.org/10.1016/j.psychres.2005.07.033</a></p><p>Duclos, M. (2008). <em>Cortisol and exercise.</em> <strong>Clinical Sports Medicine, 27</strong>(1), 103&#8211;119. https://doi.org/10.1016/j.csm.2007.10.003</p><p>Duclos, M. (2008). <em>Overtraining, exercise, and the hypothalamo&#8211;pituitary&#8211;adrenal axis.</em><strong>Sports Medicine, 38</strong>(5), 369&#8211;386. https://doi.org/10.2165/00007256-200838050-00003</p><p>Fuss, J., Steinle, J., Bindila, L., Auer, M. K., Kirsch, P., Gallinat, J., ... &amp; Gass, P. (2015). <em>A runner&#8217;s high depends on cannabinoid receptors in mice.</em> <strong>Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA, 112</strong>(42), 13105&#8211;13108. https://doi.org/10.1073/pnas.1514996112</p><p>Gandevia, S. C. (2001). <em>Spinal and supraspinal factors in human muscle fatigue.</em><strong>Physiological Reviews, 81</strong>(4), 1725&#8211;1789. <a href="https://doi.org/10.1152/physrev.2001.81.4.1725">https://doi.org/10.1152/physrev.2001.81.4.1725</a></p><p>Graybiel, A. M. (2008). <em>Habits, rituals, and the evaluative brain.</em> <strong>Annual Review of Neuroscience, 31</strong>, 359&#8211;387. <a href="https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.29.051605.112851">https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.29.051605.112851</a></p><p>Hackney, A. C. (2006). <em>Stress and the neuroendocrine system: The role of exercise as a stressor and modifier of stress.</em><strong>Expert Review of Endocrinology &amp; Metabolism, 1</strong>(6), 783&#8211;792. https://doi.org/10.1586/17446651.1.6.783</p><p>H&#246;glund, E., Lidfors, L., Nyman, A., &amp; Lundstr&#246;m, U. (2020). <em>Dopamine and the post-performance blues.</em><strong>Neuropsychopharmacology, 45</strong>(8), 1341&#8211;1350. https://doi.org/10.1038/s41386-020-0633-8</p><p>Meeusen, R., Watson, P., Hasegawa, H., Roelands, B., &amp; Piacentini, M. F. (2006). <em>Central fatigue: The serotonin hypothesis and beyond.</em> <strong>Sports Medicine (Auckland, N.Z.), 36</strong>(10), 881&#8211;909. <a href="https://doi.org/10.2165/00007256-200636100-00006">https://doi.org/10.2165/00007256-200636100-00006</a></p><p>Meeusen, R., et al. (2007). <em>Brain neurotransmitters in fatigue and overtraining.</em> <strong>Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 32</strong>(5), 857&#8211;864. https://doi.org/10.1139/H07-080</p><p>Noakes, T. D. (2012). <em>Fatigue is a brain-derived emotion that regulates the exercise behavior to ensure the protection of whole body homeostasis.</em> <strong>Frontiers in Physiology, 3</strong>, 82. <a href="https://doi.org/10.3389/fphys.2012.00082">https://doi.org/10.3389/fphys.2012.00082</a></p><p>Sapolsky, R. M., Romero, L. M., &amp; Munck, A. U. (2000). <em>How do glucocorticoids influence stress responses? Integrating permissive, suppressive, stimulatory, and preparative actions.</em><strong>Endocrine Reviews, 21</strong>(1), 55&#8211;89. https://doi.org/10.1210/edrv.21.1.0389</p><p>Schultz, W. (2016). <em>Dopamine reward prediction error coding.</em> <strong>Dialogues in Clinical Neuroscience, 18</strong>(1), 23&#8211;32. https://doi.org/10.31887/DCNS.2016.18.1/wschultz</p><p>Simeon, D., Guralnik, O., Schmeidler, J., Knutt, S., Nagy, L. M., &amp; Hollander, E. (2001). <em>Feeling unreal: A PET study of depersonalization disorder.</em> <strong>American Journal of Psychiatry, 158</strong>(11), 1783&#8211;1789. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.158.11.1783</p><p>Stanley, J., Peake, J. M., &amp; Buchheit, M. (2013). <em>Cardiac parasympathetic reactivation following exercise: Implications for training prescription.</em> <strong>Sports Medicine, 43</strong>(12), 1259&#8211;1277. https://doi.org/10.1007/s40279-013-0083-4</p><p>Stanley, J., Smith, L. B., &amp; Cochrane, J. (2013). <em>Heart rate variability and training load in endurance athletes.</em> <strong>European Journal of Sport Science, 13</strong>(6), 540&#8211;548. https://doi.org/10.1080/17461391.2012.749947</p><p>Tsigos, C., &amp; Chrousos, G. P. (2002). <em>Hypothalamic&#8211;pituitary&#8211;adrenal axis, neuroendocrine factors and stress.</em> <strong>Journal of Psychosomatic Research, 53</strong>(4), 865&#8211;871. https://doi.org/10.1016/S0022-3999(02)00429-4</p><p>Ulrich, M., Keller, J., Hoenig, K., Lopez, R., &amp; K&#252;hn, S. (2014). <em>Neural correlates of experimentally induced flow experiences.</em> <strong>NeuroImage, 86</strong>, 194&#8211;202. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2013.08.019</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Il cervello sotto sforzo: neurofisiologia dell’IRONMAN]]></title><description><![CDATA[Un viaggio tra corteccia prefrontale, sistema limbico e neuroendocrinologia. Per capire come il cervello orchestra 226 chilometri di fatica trasformandoli in coscienza.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-cervello-sotto-sforzo-neurofisiologia</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-cervello-sotto-sforzo-neurofisiologia</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 14 Oct 2025 13:59:29 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/cfd14603-2537-42dc-be72-9a9f004ce26a_2134x3200.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<h3></h3><p>C&#8217;&#232; una scena ricorrente, che ogni triatleta conosce bene.<br>La linea di partenza &#232; l&#236; davanti, il body &#232; gi&#224; stretto addosso, le gambe fremono. Ma &#232; nella testa che succede tutto: i pensieri si affollano, le emozioni si mescolano, la concentrazione prende forma.<br>Poi lo sparo. E inizia il viaggio.</p><p>Ma cosa succede davvero <em>dentro</em> quel casco, <em>dietro</em> quegli occhiali da sole?<br>Cosa accade, minuto dopo minuto, nel cervello di un atleta che si prepara ad affrontare 226 km di sfida, sforzo, strategia e sopravvivenza?</p><p>Siamo abituati a pensare all&#8217;Ironman come a una sfida <strong>fisica</strong>. In realt&#224;, &#232; soprattutto una sfida <strong>neurofisiologica</strong>.<br>Durante una gara cos&#236; lunga e intensa, <strong>il cervello non &#232; uno spettatore passivo</strong>. &#200; il vero direttore d&#8217;orchestra. Decide cosa sentire, quanto spingere, quando rallentare, quando nutrirsi, quando ignorare il dolore e quando ascoltarlo.<br>Ogni percezione, ogni decisione, ogni crollo e ogni slancio ha origine l&#236;: <strong>tra sinapsi, neurotrasmettitori e strategie evolutive millenarie</strong>.</p><p>In questo articolo proveremo a raccontare tutto questo.<br>Lo faremo intrecciando due binari: da un lato, <strong>la scienza del cervello</strong> sotto stress prolungato; dall&#8217;altro, <strong>l&#8217;esperienza vissuta</strong> in gara, quella che ogni Ironman conosce sulla propria pelle e nella propria testa.</p><p>Parleremo di:</p><ul><li><p><strong>transient hypofrontality</strong>: perch&#233; &#8220;spegniamo il cervello&#8221; dopo ore di gara;</p></li><li><p><strong>automazione motoria e sistema limbico</strong>: cosa guida i nostri gesti quando la razionalit&#224; si ritira;</p></li><li><p><strong>percezione dello sforzo e del dolore</strong>: come il cervello li costruisce, e come li modula;</p></li><li><p><strong>sistema nervoso autonomo</strong>: cosa accade a simpatico e parasimpatico durante ore di sforzo continuo;</p></li><li><p><strong>fatica centrale</strong>: cosa succede quando &#8220;le gambe ci sono, ma la testa no&#8221;;</p></li><li><p><strong>flusso, dissociazione, e resilienza neurale</strong>: come entriamo (o non entriamo) nello stato mentale ideale;</p></li><li><p>e infine, <strong>cosa resta nella mente</strong> quando tagliamo il traguardo.</p></li></ul><p>Perch&#233; se &#232; vero che l&#8217;Ironman &#232; una sfida al corpo, &#232; ancora pi&#249; vero che, <strong>alla fine</strong>, tutto si gioca nella testa.<br>E capire il cervello dell&#8217;endurance, oggi, &#232; una delle chiavi per spingere i confini della performance e della consapevolezza.</p><h3> Corteccia prefrontale: il comando razionale</h3><p>Nelle prime fasi di gara (specialmente nel nuoto o nei primi chilometri in bici), la <strong>corteccia prefrontale </strong>&#232; molto attiva: valuta strategie, monitora le sensazioni, regola il ritmo. &#200; lei che si chiede: <em>sto andando troppo forte? Devo mangiare ora?</em> &#200; come se stesse seduta in cabina di regia, razionalizzando ogni input.</p><p>Ma man mano che le ore passano, e la fatica aumenta, questa zona comincia a &#8220;spegnersi&#8221;. Il cervello, per risparmiare energia, delega sempre pi&#249; al <strong>sistema limbico</strong> (emozioni, memoria) e ai <strong>gangli della base</strong> (automatismi motori). Entra in scena il pilota automatico.</p><p>&#200; quello che la neuroscienza chiama <strong>transient hypofrontality</strong> (Dietrich, 2006): un fenomeno in cui le aree prefrontali riducono l&#8217;attivit&#224; per lasciare spazio ad altri circuiti &#8212; pi&#249; primitivi, pi&#249; profondi, ma molto pi&#249; efficienti sul lungo.</p><h3>Sistema limbico: memoria, emozione e motivazione</h3><p>Durante le fasi centrali di un Ironman, quando la razionalit&#224; si &#232; ormai fatta da parte e il corpo procede in automatico, <strong>entra in gioco il sistema limbico</strong>, quel circuito cerebrale antico e potente che regola emozioni, ricordi ed energia motivazionale.</p><p>Due attori principali si muovono dietro le quinte:</p><ul><li><p><strong>L&#8217;ippocampo</strong>, sede cruciale della memoria episodica e spaziale, richiama esperienze passate e ne valuta la rilevanza nel momento presente. &#200; lui che rievoca <strong>l&#8217;ultima volta che ce l&#8217;hai fatta</strong>, o <strong>quella volta in cui hai fallito</strong>, guidando inconsciamente il tuo atteggiamento.</p></li><li><p><strong>L&#8217;amigdala</strong>, invece, &#232; responsabile della risposta emotiva. Codifica la paura, la rabbia, il senso di pericolo, ma anche la spinta profonda legata all&#8217;attaccamento emotivo. Se ti viene da piangere senza motivo tra il km 120 e il km 150 in bici, &#232; molto probabile che <strong>sia lei a premere il tasto</strong>.</p></li></ul><p>Queste due strutture non lavorano isolate: sono in <strong>stretta connessione con i circuiti dopaminergici mesolimbici</strong>, come il nucleus accumbens e l&#8217;area tegmentale ventrale (VTA), <strong>che regolano la motivazione e il desiderio</strong>.<br>La dopamina, infatti, <strong>non &#232; solo la molecola del piacere</strong>, ma &#232; soprattutto la molecola dell&#8217;<strong>anticipazione di una ricompensa</strong> (Berridge &amp; Robinson, 1998). &#200; lei che ti fa andare avanti anche quando non ne hai pi&#249;, non perch&#233; &#8220;ce la fai&#8221;, ma perch&#233; <strong>desideri arrivare</strong>.</p><p>Ecco perch&#233;, al km 28 della maratona, quando razionalmente sarebbe pi&#249; logico fermarsi, <strong>qualcosa dentro di te ti fa ripartire</strong>.<br>Non &#232; razionalit&#224;.&#200; emozione.&#200; memoria.<br>&#200; motivazione incisa nei circuiti pi&#249; profondi del tuo cervello.</p><h3> Cervelletto e nuclei della base: l&#8217;automatismo perfetto</h3><p> <strong>Il cervelletto</strong>, &#232; il direttore d&#8217;orchestra della coordinazione fine. Integra informazioni sensoriali in tempo reale (soprattutto dalla propriocezione, dalla vista e dal sistema vestibolare) per <strong>regolare postura, equilibrio e precisione del movimento</strong>.<br>Quando corri stanco, in una frazione tecnica o su un terreno sconnesso, &#232; lui a &#8220;salvarti&#8221; da un inciampo o da una caduta. Quando il tuo passo si adatta a una curva o a una folata di vento, <strong>&#232; lui a fare il lavoro sporco</strong>.</p><p>Insieme al cervelletto, entrano in gioco i <strong>gangli della base</strong>, strutture profonde, come il <strong>putamen</strong>, il <strong>globo pallido</strong> e il <strong>nucleo caudato</strong>, responsabili del controllo motorio automatico.<br>Qui risiedono <strong>i pattern motori che hai costruito con mesi (o anni) di allenamento</strong>: la pedalata rotonda, la falcata economica, la respirazione sincronizzata.<br>Tutti quei movimenti ripetuti fino allo sfinimento, che ora <strong>funzionano anche senza il tuo controllo cosciente</strong>.</p><p>Quando la corteccia si spegne per affaticamento (vedi il fenomeno della <em>transient hypofrontality</em>), queste strutture diventano le protagoniste.<br><strong>Il corpo continua anche quando la testa vorrebbe fermarsi.</strong></p><p>Come illustrato da Graybiel (2008), <strong>i gangli della base codificano e consolidano le abitudini motorie attraverso l&#8217;allenamento ripetuto</strong>, riducendo il carico cognitivo durante l&#8217;esecuzione. In altre parole: quando non ce la fai pi&#249; a pensare, <strong>&#232; l&#8217;allenamento che pensa per te</strong>. </p><p></p><h3><strong>Fatica centrale: quando &#232; il cervello a dire basta (prima ancora dei muscoli)</strong></h3><p>Quando arrivi al 30&#176; chilometro della maratona in un Ironman, spesso senti che &#8220;non ce n&#8217;&#232; pi&#249;&#8221;. Ma la domanda &#232;: davvero i muscoli non hanno pi&#249; energia? O &#232; il cervello che ti sta proteggendo da un possibile collasso?</p><p>Questa &#232; l&#8217;idea alla base della teoria della <strong>fatica centrale</strong>: il concetto che la stanchezza non sia solo un segnale periferico (cio&#232; muscolare), ma un <strong>meccanismo protettivo centrale</strong>, generato dal sistema nervoso centrale e finalizzato a preservare l&#8217;integrit&#224; dell&#8217;organismo.</p><div><hr></div><h4>Il ruolo della corteccia motoria</h4><p>Durante un&#8217;attivit&#224; intensa e prolungata, come un Ironman, la <strong>corteccia motoria primaria (M1)</strong> &#232; costantemente impegnata nel reclutare le unit&#224; motorie necessarie per generare forza. Tuttavia, la sua attivazione <strong>non pu&#242; rimanere costante all&#8217;infinito</strong>: diversi studi con elettroencefalografia e stimolazione magnetica transcranica (TMS) hanno dimostrato che, con l&#8217;aumentare della fatica, <strong>l&#8217;attivit&#224; corticale cala progressivamente</strong> (Gandevia, 2001).</p><p>Tradotto: <strong>non sei tu a mollare volontariamente</strong>, &#232; il tuo cervello che <strong>attenua il comando motorio</strong> per proteggerti da un possibile danno sistemico. Un atto di salvaguardia, non di debolezza.</p><div><hr></div><h4>Dopamina e serotonina: una guerra chimica silenziosa</h4><p>Durante l&#8217;Ironman, il bilancio neurochimico si sposta:</p><ul><li><p>La <strong>dopamina</strong>, legata alla motivazione e alla ricompensa <strong>cala</strong>, rendendo ogni sforzo pi&#249; difficile da giustificare.</p></li><li><p>La <strong>serotonina</strong>, associata a rilassamento e sonnolenza , invece, <strong>aumenta</strong>, favorendo uno stato di passivit&#224; e demotivazione.</p></li></ul><p>&#200; una battaglia invisibile tra continuare o fermarsi. E spesso, quando dici &#8220;non ho pi&#249; voglia&#8221;, &#232; <strong>la chimica cerebrale a parlare</strong> per te (Meeusen et al., 2006).</p><p></p><h4> Il freno invisibile: il modello del &#8220;governatore centrale&#8221;</h4><p>Secondo <strong>Tim Noakes</strong>, una delle massime autorit&#224; mondiali nel campo della scienza dietro lo sport,  il cervello funziona come un <strong>&#8220;central governor&#8221;</strong>: un sistema di controllo centrale che <strong>anticipa </strong>potenziali minacce fisiologiche, come ipoglicemia, ipertermia, disidratazione o danno muscolare, e <strong>modula l&#8217;output motorio</strong> per evitarle (Noakes, 2012).</p><p>In pratica, <strong>la fatica &#232; una percezione calcolata</strong>, non il risultato diretto dell'esaurimento muscolare.</p><p>&#200; qui che Noakes sfida la <strong>vecchia teoria del glicogeno esaurito</strong>: per decenni si &#232; creduto che la prestazione crollasse quando le scorte di glicogeno nei muscoli si esaurivano. Ma numerose evidenze dimostrano che <strong>gli atleti rallentano ben prima di arrivare a quel punto critico</strong>. E che, anche in condizioni di deplezione marcata, <strong>&#232; possibile ancora produrre forza</strong>.</p><blockquote><p>&#8220;Non ci fermiamo perch&#233; abbiamo finito il carburante&#8221;, scrive Noakes.<br>&#8220;Ci fermiamo perch&#233; il cervello ha deciso che &#232; abbastanza.&#8221;</p></blockquote><p>Il cervello, insomma, <strong>non aspetta la crisi per intervenire</strong>: la <strong>prevede, la simula, la previene</strong>, modulando sensazioni, motivazione e output motorio. Quello che tu percepisci come &#8220;cedimento&#8221; &#232;, in realt&#224;, un <strong>freno di sicurezza neurologico</strong>.</p><h3><strong>Il cervello sotto stress: cortisolo, noradrenalina e adattamento neuroendocrino</strong></h3><p>Un Ironman rappresenta uno dei pi&#249; intensi stress fisiologici volontari a cui l&#8217;essere umano possa sottoporsi. Non &#232; solo una sfida muscolare o cardiovascolare: &#232;, soprattutto, un test di adattamento per il <strong>sistema nervoso centrale (SNC)</strong> e l&#8217;intero <strong>asse ipotalamo-ipofisi-surrene (HPA axis)</strong>. Durante 10&#8211;12 ore di sforzo continuo, il cervello attiva risposte ormonali e neurochimiche volte a preservare l&#8217;omeostasi, sostenere la performance e prevenire danni sistemici.</p><div><hr></div><h4><strong>Cortisolo: regolatore metabolico e modulatore dello stress</strong></h4><p>Il <strong>cortisolo</strong>, ormone glucocorticoide prodotto dalla corteccia surrenale sotto stimolazione dell&#8217;HPA axis, &#232; centrale nella risposta allo stress. Durante l&#8217;esercizio di lunga durata:</p><ul><li><p>Aumenta progressivamente per favorire la <strong>gluconeogenesi epatica</strong> e la mobilizzazione degli acidi grassi (Hackney, 2006).</p></li><li><p>Agisce da <strong>modulatore immunologico</strong>: acutamente &#232; anti-infiammatorio, ma cronicamente pu&#242; favorire immunosoppressione (Tsigos &amp; Chrousos, 2002).</p></li><li><p>Mantiene la pressione arteriosa, la glicemia e supporta le funzioni cognitive (Sapolsky et al., 2000).</p></li></ul><p>Tuttavia, se lo sforzo &#232; prolungato e non seguito da recupero adeguato, si pu&#242; osservare un&#8217;alterazione della secrezione, con un <strong>ipocortisolismo funzionale post-evento</strong> (Duclos, 2008), responsabile della tipica &#8220;crash fatigue&#8221; nei giorni successivi alla gara.</p><div><hr></div><h4> <strong>Noradrenalina: vigilanza e attivazione simpatica</strong></h4><p>Durante un Ironman, i livelli di <strong>noradrenalina</strong> aumentano per effetto dell&#8217;attivazione del <strong>locus coeruleus</strong> e del sistema simpatico:</p><ul><li><p>Incrementa la frequenza cardiaca e la pressione arteriosa.</p></li><li><p>Potenzia la vigilanza, la prontezza motoria e l&#8217;arousal corticale (Aston-Jones &amp; Cohen, 2005).</p></li><li><p>Supporta la funzione esecutiva e l&#8217;attenzione selettiva nelle prime fasi della fatica.</p></li></ul><p>Tuttavia, un&#8217;eccessiva attivit&#224; noradrenergica protratta pu&#242; portare a <strong>effetti controproducenti</strong>: ansia, disorientamento cognitivo, alterazioni del sonno e instabilit&#224; emotiva (Meeusen et al., 2007). Nella seconda parte della gara, questi effetti possono manifestarsi come confusione, apatia o estrema vulnerabilit&#224; emotiva.</p><div><hr></div><h3><strong>Adattamento neuroendocrino: la resilienza chimica degli sportivi di endurance</strong></h3><p>Con l&#8217;allenamento costante, il cervello e l&#8217;intero sistema neuroendocrino imparano a gestire meglio lo stress prolungato. Questo fenomeno viene definito <strong>&#8220;training-induced neuroendocrine modulation&#8221;</strong> (Duclos, 2008), ed &#232; uno degli adattamenti chiave negli sport di endurance.</p><p>Cosa significa in pratica?</p><ul><li><p><strong>Risposta pi&#249; controllata allo stress</strong>: dopo mesi (o anni) di allenamento regolare, l&#8217;asse ipotalamo-ipofisi-surrene (HPA) diventa meno reattivo agli stessi stimoli. In altre parole, produce <strong>meno cortisolo a parit&#224; di fatica</strong>&#8212; un segno di maggiore efficienza e di minor &#8220;costo&#8221; interno.</p></li><li><p><strong>Maggiore flessibilit&#224; del sistema nervoso autonomo</strong>: il corpo diventa pi&#249; abile a passare dallo stato di attivazione (simpatico) a quello di recupero (parasimpatico), riducendo l&#8217;accumulo di stress cronico (Stanley et al., 2013).</p></li><li><p><strong>Pi&#249; sensibilit&#224; agli input interni</strong>: migliora la capacit&#224; del cervello di leggere segnali come <strong>HRV, glicemia e temperatura corporea</strong>, adattando in tempo reale il comportamento motorio e metabolico.</p></li></ul><p>Questa forma di adattamento prende anche il nome di <strong>&#8220;allostatic adaptation&#8221;</strong>: una regolazione fine dell&#8217;equilibrio interno, che protegge l&#8217;organismo dal rischio di <strong>overreaching</strong> e <strong>overtraining</strong>, cio&#232; dai classici crolli dovuti a carico eccessivo e scarso recupero (Meeusen et al., 2013).</p><h3><strong>Quando il mondo si spegne: flusso, dissociazione e resilienza neurale</strong></h3><p>Dopo ore di sforzo, quando il corpo &#232; esausto e la corteccia prefrontale si &#232; ormai silenziata, subentra un&#8217;altra forma di intelligenza: quella che unisce emozione, memoria e percezione del s&#233;.<br>&#200; il momento in cui il cervello attiva i suoi <strong>circuiti di resilienza</strong>, non per aumentare la potenza, ma per ridurre la percezione del pericolo.</p><p>L&#8217;insula anteriore e il cingolato vengono coinvolti in un processo chiamato <strong>reframing interocettivo</strong> (Craig, 2009): la mente non elimina la fatica, la <em>ricodifica</em>.<br>Il dolore smette di essere un segnale di minaccia e diventa un&#8217;informazione neutra, utile, persino necessaria.<br>&#200; cos&#236; che il cervello trasforma la sofferenza in significato, permettendoti di restare nel presente invece di scappare da esso.</p><p>In alcuni atleti, questa riorganizzazione porta allo stato che chiamiamo <em>flow</em>: non pi&#249; perdita di controllo, ma <strong>fusione perfetta tra controllo e abbandono</strong>.<br>Il tempo si deforma, l&#8217;attenzione si restringe, e il gesto diventa un&#8217;estensione naturale del pensiero (Ulrich et al., 2014).<br>&#200; un equilibrio fragile, che pu&#242; spezzarsi in un istante: basta un errore, un dolore acuto o un pensiero sbagliato, e la mente precipita dalla presenza alla <strong>dissociazione</strong>, una forma estrema di autoprotezione emotiva, in cui la coscienza si separa dal corpo, in cui l&#8217;atleta osserva s&#233; stesso da fuori. Non &#232; pi&#249; dentro il corpo, ma sopra di esso. (Simeon et al., 2001).</p><p>Flusso e dissociazione, in fondo, sono due strategie diverse dello stesso cervello: una serve per restare, l&#8217;altra per sopravvivere.<br>E la resilienza, quella vera, nasce proprio l&#236;, nella capacit&#224; di passare da una all&#8217;altra senza rompersi.</p><p>Non &#232; resistenza alla fatica: &#232; <strong>adattamento cognitivo</strong>, una forma di plasticit&#224; mentale che si allena come un muscolo invisibile.<br>Ogni lungo allenamento, ogni gara vissuta fino in fondo, rafforza quei circuiti: migliora la regolazione emotiva, la tolleranza interocettiva e la capacit&#224; di restare lucidi dentro la tempesta.</p><p>E forse &#232; questa, pi&#249; di ogni altra, la vera vittoria dell&#8217;endurance:<br>non solo arrivare al traguardo, ma arrivarci <em>coscienti</em>, dopo aver guardato in faccia tutto ci&#242; che avrebbe potuto farci cedere e aver deciso, ancora una volta, di restare.</p><h3><strong>Il silenzio dopo il traguardo: come il cervello rielabora la fine</strong></h3><p>Poi, all&#8217;improvviso, tutto si ferma.<br>Il rumore dell&#8217;acqua, il vento, i battiti: silenzio.<br>Il corpo rallenta, la folla si dissolve, e il cervello entra in una nuova fase, tanto invisibile quanto profonda: quella della <strong>ricostruzione neuroendocrina</strong>.</p><p>Dopo ore di iperattivazione dell&#8217;asse HPA e del sistema simpatico, l&#8217;organismo affronta un vero e proprio <em>downshift </em>fisiologico.<br>La dopamina, che fino a un attimo prima alimentava la motivazione e la tensione verso la ricompensa, cala bruscamente, mentre la serotonina e l&#8217;endocannabinoide anandamide (la cosiddetta <em>molecola della calma</em>) prendono il sopravvento (Fuss et al., 2015).<br>&#200; il motivo per cui, subito dopo il traguardo, puoi sentirti prima euforico, poi improvvisamente vuoto.</p><p>Questa fluttuazione viene definita <strong>post-reward dopamine drop</strong>, un crollo del circuito mesolimbico che si manifesta come stanchezza emotiva o malinconia post-gara (H&#246;glund et al., 2020).<br>Il cervello, abituato per mesi a un obiettivo chiaro, perde improvvisamente la direzione.<br>In termini neurobiologici, si parla di <em>prediction error</em>: l&#8217;errore di previsione della ricompensa (Schultz, 2016).</p><p>A livello fisiologico, contemporaneamente, si osserva una temporanea <strong>down-regulation del cortisolo</strong> e una riattivazione parasimpatica predominante, che favorisce il recupero ma pu&#242; indurre ipotensione, apatia e una sensazione di &#8220;vuoto mentale&#8221; (Duclos, 2008; Stanley et al., 2013).</p><p>Per questo, molti atleti descrivono il post-Ironman come una &#8220;bolla di silenzio&#8221;.<br>Non &#232; solo stanchezza.<br>&#200; il cervello che, dopo aver orchestrato 226 km di sopravvivenza, si concede finalmente di crollare.</p><p>Eppure, in quello spazio sospeso, si crea qualcosa di unico: una nuova memoria emotiva.<br>L&#8217;ippocampo, rielaborando l&#8217;esperienza, la archivia non come fatica, ma come <em>significato</em>.<br>&#200; in quel momento che il dolore diventa ricordo, e il ricordo diventa identit&#224;.</p><h3><strong>Capire il cervello per capire l&#8217;atleta</strong></h3><p>Alla fine, tutto torna l&#236;, dove era iniziato: nella testa.<br>L&#8217;Ironman &#232; un viaggio neurofisiologico prima ancora che sportivo, una lenta negoziazione tra sistemi in conflitto, tra la razionalit&#224; che pianifica, l&#8217;istinto che protegge e la volont&#224; che spinge oltre ogni limite.</p><p>Capire cosa succede nel cervello durante un Ironman non serve solo a migliorare la performance.<br>Serve a comprendere <strong>cosa accade quando l&#8217;essere umano affronta il limite</strong>.<br>Perch&#233; in fondo, la fatica estrema &#232; solo un laboratorio naturale per osservare il funzionamento pi&#249; autentico della mente: come gestisce lo stress, come attribuisce senso alla sofferenza, come trasforma il pericolo in apprendimento.</p><p>Ogni atleta che taglia il traguardo porta dentro di s&#233; una piccola rivoluzione neurobiologica: reti pi&#249; plastiche, connessioni pi&#249; efficienti e , forse, una nuova consapevolezza.<br>&#200; la dimostrazione che <strong>la resilienza non &#232; un tratto, ma un circuito</strong>.<br>E che ogni volta che il corpo si rialza, anche il cervello si riscrive.</p><p>Per questo, l&#8217;Ironman non &#232; soltanto una sfida sportiva:<br>&#232; <strong>un esperimento sulla natura umana</strong>, un rituale moderno in cui mente e corpo si incontrano al limite delle proprie possibilit&#224;.<br>&#200; il luogo dove la biologia diventa volont&#224;, dove la fatica si trasforma in coscienza, dove il cervello smette di essere un organo e torna a essere <strong>un testimone del miracolo umano della resistenza</strong>. </p><p>Ogni volta che affrontiamo quella linea di partenza, non stiamo solo correndo verso un traguardo.<br>Stiamo esplorando il confine tra ci&#242; che pensavamo possibile e ci&#242; che, per un istante, lo diventa.</p><p>E ogni Ironman finito, con gloria o con dolore,  lascia dentro di noi un segno profondo: la prova che <strong>vivere davvero </strong>non significa evitare la sofferenza, ma attraversarla con lucidit&#224;.<br>Perch&#233; &#232; l&#236;, quando tutto si spegne e resta solo il battito del cuore,<br>che il cervello smette di comandare e l&#8217;essere umano, finalmente, si rivela.</p><div><hr></div><p><strong>BIBLIOGRAFIA</strong></p><p>Aston-Jones, G., &amp; Cohen, J. D. (2005). <em>An integrative theory of locus coeruleus&#8211;norepinephrine function: Adaptive gain and optimal performance.</em> <strong>Annual Review of Neuroscience, 28</strong>, 403&#8211;450. https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.28.061604.135709</p><p>Berridge, K. C., &amp; Robinson, T. E. (1998). <em>What is the role of dopamine in reward: Hedonic impact, reward learning, or incentive salience?</em> <strong>Brain Research Reviews, 28</strong>(3), 309&#8211;369. https://doi.org/10.1016/S0165-0173(98)00019-8</p><p>Craig, A. D. (2009). <em>How do you feel&#8212;now? The anterior insula and human awareness.</em> <strong>Nature Reviews Neuroscience, 10</strong>(1), 59&#8211;70. https://doi.org/10.1038/nrn2555</p><p>Dietrich, A. (2006). <em>Transient hypofrontality as a mechanism for the psychological effects of exercise.</em> <strong>Psychiatry Research, 145</strong>(1), 79&#8211;83. <a href="https://doi.org/10.1016/j.psychres.2005.07.033">https://doi.org/10.1016/j.psychres.2005.07.033</a></p><p>Duclos, M. (2008). <em>Cortisol and exercise.</em> <strong>Clinical Sports Medicine, 27</strong>(1), 103&#8211;119. https://doi.org/10.1016/j.csm.2007.10.003</p><p>Duclos, M. (2008). <em>Overtraining, exercise, and the hypothalamo&#8211;pituitary&#8211;adrenal axis.</em> <strong>Sports Medicine, 38</strong>(5), 369&#8211;386. https://doi.org/10.2165/00007256-200838050-00003</p><p>Fuss, J., Steinle, J., Bindila, L., Auer, M. K., Kirsch, P., Gallinat, J., ... &amp; Gass, P. (2015). <em>A runner&#8217;s high depends on cannabinoid receptors in mice.</em> <strong>Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA, 112</strong>(42), 13105&#8211;13108. https://doi.org/10.1073/pnas.1514996112</p><p>Gandevia, S. C. (2001). <em>Spinal and supraspinal factors in human muscle fatigue.</em> <strong>Physiological Reviews, 81</strong>(4), 1725&#8211;1789. <a href="https://doi.org/10.1152/physrev.2001.81.4.1725">https://doi.org/10.1152/physrev.2001.81.4.1725</a></p><p>Graybiel, A. M. (2008). <em>Habits, rituals, and the evaluative brain.</em> <strong>Annual Review of Neuroscience, 31</strong>, 359&#8211;387. <a href="https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.29.051605.112851">https://doi.org/10.1146/annurev.neuro.29.051605.112851</a></p><p>Hackney, A. C. (2006). <em>Stress and the neuroendocrine system: The role of exercise as a stressor and modifier of stress.</em><strong>Expert Review of Endocrinology &amp; Metabolism, 1</strong>(6), 783&#8211;792. https://doi.org/10.1586/17446651.1.6.783</p><p>H&#246;glund, E., Lidfors, L., Nyman, A., &amp; Lundstr&#246;m, U. (2020). <em>Dopamine and the post-performance blues.</em><strong>Neuropsychopharmacology, 45</strong>(8), 1341&#8211;1350. https://doi.org/10.1038/s41386-020-0633-8</p><p>Meeusen, R., Watson, P., Hasegawa, H., Roelands, B., &amp; Piacentini, M. F. (2006). <em>Central fatigue: The serotonin hypothesis and beyond.</em> <strong>Sports Medicine (Auckland, N.Z.), 36</strong>(10), 881&#8211;909. <a href="https://doi.org/10.2165/00007256-200636100-00006">https://doi.org/10.2165/00007256-200636100-00006</a></p><p>Meeusen, R., et al. (2007). <em>Brain neurotransmitters in fatigue and overtraining.</em> <strong>Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 32</strong>(5), 857&#8211;864. https://doi.org/10.1139/H07-080</p><p>Noakes, T. D. (2012). <em>Fatigue is a brain-derived emotion that regulates the exercise behavior to ensure the protection of whole body homeostasis.</em> <strong>Frontiers in Physiology, 3</strong>, 82. <a href="https://doi.org/10.3389/fphys.2012.00082">https://doi.org/10.3389/fphys.2012.00082</a></p><p>Sapolsky, R. M., Romero, L. M., &amp; Munck, A. U. (2000). <em>How do glucocorticoids influence stress responses? Integrating permissive, suppressive, stimulatory, and preparative actions.</em> <strong>Endocrine Reviews, 21</strong>(1), 55&#8211;89. https://doi.org/10.1210/edrv.21.1.0389</p><p>Schultz, W. (2016). <em>Dopamine reward prediction error coding.</em> <strong>Dialogues in Clinical Neuroscience, 18</strong>(1), 23&#8211;32. https://doi.org/10.31887/DCNS.2016.18.1/wschultz</p><p>Simeon, D., Guralnik, O., Schmeidler, J., Knutt, S., Nagy, L. M., &amp; Hollander, E. (2001). <em>Feeling unreal: A PET study of depersonalization disorder.</em> <strong>American Journal of Psychiatry, 158</strong>(11), 1783&#8211;1789. https://doi.org/10.1176/appi.ajp.158.11.1783</p><p>Stanley, J., Peake, J. M., &amp; Buchheit, M. (2013). <em>Cardiac parasympathetic reactivation following exercise: Implications for training prescription.</em> <strong>Sports Medicine, 43</strong>(12), 1259&#8211;1277. https://doi.org/10.1007/s40279-013-0083-4</p><p>Stanley, J., Smith, L. B., &amp; Cochrane, J. (2013). <em>Heart rate variability and training load in endurance athletes.</em> <strong>European Journal of Sport Science, 13</strong>(6), 540&#8211;548. https://doi.org/10.1080/17461391.2012.749947</p><p>Tsigos, C., &amp; Chrousos, G. P. (2002). <em>Hypothalamic&#8211;pituitary&#8211;adrenal axis, neuroendocrine factors and stress.</em> <strong>Journal of Psychosomatic Research, 53</strong>(4), 865&#8211;871. https://doi.org/10.1016/S0022-3999(02)00429-4</p><p>Ulrich, M., Keller, J., Hoenig, K., Lopez, R., &amp; K&#252;hn, S. (2014). <em>Neural correlates of experimentally induced flow experiences.</em> <strong>NeuroImage, 86</strong>, 194&#8211;202. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2013.08.019</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[El día en que tuve que caer]]></title><description><![CDATA[DNF]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/el-dia-en-que-tuve-que-caer</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/el-dia-en-que-tuve-que-caer</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Mon, 22 Sep 2025 09:57:30 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/effab01e-a9a5-4dd8-b104-8eda4b24df2a_2134x3200.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>El domingo pasado, en Niza, todo parec&#237;a ir en la direcci&#243;n correcta. La nataci&#243;n no fue la mejor, pero nada que no esperara: &#250;ltimamente no estoy nadando mucho, y en este deporte recoges lo que siembras. La bici hab&#237;a sido s&#243;lida, fluida, con las piernas respondiendo bien y el coraz&#243;n bajo control. Cada kil&#243;metro confirmaba el trabajo hecho en los meses anteriores.</p><p>Cuando baj&#233; a correr, sent&#237; enseguida que las sensaciones eran las correctas. Los primeros kil&#243;metros de la marat&#243;n transcurr&#237;an regulares, el ritmo estable, la respiraci&#243;n controlada. La multitud animaba fuerte y yo me sent&#237;a en mi espacio, concentrado, sin miedo. No hab&#237;a tensi&#243;n: solo la certeza de estar dentro de la carrera que hab&#237;a imaginado durante meses.</p><p>Luego, de repente, en el kil&#243;metro veintiuno, algo se quebr&#243;. Primero un ardor leve, casi insignificante, dentro de la nariz. Despu&#233;s el calor de la sangre que descend&#237;a r&#225;pido, y con ella el mundo volvi&#233;ndose inestable. La carretera delante de m&#237; empez&#243; a ondularse, los contornos se desdibujaron, las piernas perdieron su seguridad.</p><p>Intent&#233; resistir, dar un paso m&#225;s, pero era como correr al borde del vac&#237;o. La sensaci&#243;n de desmayo era m&#225;s fuerte que cualquier voluntad. Tuve que detenerme.</p><p>Me encontr&#233; tumbado en el suelo, con las piernas levantadas por los voluntarios y el coraz&#243;n latiendo de forma irregular. A mi alrededor hab&#237;a voces, manos, ruidos: el crujido de la manta t&#233;rmica, el olor penetrante del desinfectante. Dentro de m&#237;, en cambio, solo hab&#237;a silencio.</p><p>Despu&#233;s de casi una hora los param&#233;dicos me dijeron: &#171;Para nosotros puedes continuar, si te sientes capaz.&#187; Dentro de m&#237; siempre ha existido una voz que vive para empujar m&#225;s all&#225;, la que en los d&#237;as grandes te hace pensar que vale todo, incluso el riesgo extremo. &#8220;Estoy dispuesto a morir por esto&#8221;, me lo he dicho mil veces. Esa voz es parte de m&#237;: es el fuego que me sac&#243; del sof&#225; en las ma&#241;anas fr&#237;as, que me hizo renunciar a comodidades y horas de sue&#241;o.</p><p>Y sin embargo, all&#237; tumbado, con el sabor de la sangre en la boca y la cabeza oscilando, esa misma frase son&#243; distinta. Ya no era ardor heroico: era una ilusi&#243;n peligrosa.</p><p>As&#237; que eleg&#237;. Eleg&#237; la vida que me permite volver, no el momento que me habr&#237;a podido quitar el ma&#241;ana. No me rend&#237; al miedo; obedec&#237; a una fidelidad m&#225;s alta: la fidelidad a mi porqu&#233;, a mi madre, a las personas que tengo cerca, al tiempo que a&#250;n debo ganarme.</p><p>As&#237; mi carrera en el Mundial de Ironman se detuvo all&#237;. No en la meta, sino dentro de un avituallamiento. No con los brazos al cielo, sino con las manos en el rostro y tres letras junto a mi nombre: DNF &#8211; Did Not Finish.</p><div><hr></div><h4>Vulnerabilidad</h4><p>En ese momento ya no era el atleta que corr&#237;a con el dorsal del Mundial. No era el chico que durante meses hab&#237;a perseguido n&#250;meros, tiempos, vatios. Era simplemente un hombre fr&#225;gil, tumbado en el suelo, con la sangre bajando por la nariz y las l&#225;grimas que no pod&#237;a detener.</p><p>La meta que hab&#237;a imaginado durante meses ya no exist&#237;a. En ese instante estaba desnudo, sin defensas, y todo lo que me defin&#237;a como atleta y como persona parec&#237;a disolverse.</p><p>Parad&#243;jicamente, fue all&#237; donde sent&#237; la verdad m&#225;s grande.<br>Porque la vulnerabilidad no es una verg&#252;enza: es la parte m&#225;s aut&#233;ntica de nosotros. Cuando el cuerpo cede y te arranca las m&#225;scaras, cuando ya no puedes fingir, entonces lo que queda eres t&#250;. Y all&#237; entend&#237; que no son solo las metas las que me definen, sino tambi&#233;n las ca&#237;das que tengo el valor de mirar de frente.</p><p>No hab&#237;a gloria, no hab&#237;a aplauso. Solo estaba mi silencio, la mirada de quien me quer&#237;a vivo, y la certeza de que en esa ca&#237;da estaba mostrando la parte m&#225;s verdadera de m&#237; mismo.</p><h4>La necesidad del fracaso</h4><p>Hay una verdad que me resist&#237;a a admitir: necesitaba fracasar.<br>Hac&#237;a demasiado tiempo que no ca&#237;a. Demasiado tiempo en que cada temporada a&#241;ad&#237;a algo a la anterior, como si la mejora fuese ya segura, autom&#225;tica. Y esa continuidad, en lugar de liberarme, estaba apagando lentamente el fuego.</p><p>No era solo en el deporte. Tambi&#233;n en la vida todo parec&#237;a alinearse. Una l&#237;nea recta que avanzaba sin interrupciones, como si finalmente hubiera encontrado la f&#243;rmula correcta. Pero la vida no funciona as&#237;: la l&#237;nea no puede estar siempre en ascenso. Sin fricci&#243;n, sin tropiezo, sin grieta, se resbala en la monoton&#237;a y uno se enga&#241;a creyendo estar a salvo.</p><p>El fracaso no es agradable, pero es necesario.<br>Te sacude cuando te est&#225;s adormeciendo. Te arranca la arrogancia de pensar que basta con ejecutar bien para obtener siempre un resultado. Te obliga a mirar detalles que ignorabas, a descubrir l&#237;mites que no quer&#237;as ver. No es un castigo: es un reset que impide que el fuego se apague en la rutina.</p><p>Niza me record&#243; que nada est&#225; garantizado. Que el hambre debe ser protegida, custodiada, mantenida viva incluso a costa de derrumbarse. El DNF no fue solo una herida deportiva: fue un mecanismo biol&#243;gico, psicol&#243;gico y espiritual que reaviv&#243; dentro de m&#237; la urgencia de crecer.</p><p>La ca&#237;da no es retroceso. Es mantenimiento del deseo.<br>Es la garant&#237;a de que el fuego, en lugar de apagarse en la continuidad, permanezca vivo para arder a&#250;n m&#225;s fuerte.</p><h4>&#8220;&#191;Y si ocurri&#243; porque ten&#237;a que ocurrir?&#8221;</h4><p>En los d&#237;as siguientes el dolor no desapareci&#243;, al contrario, se transform&#243; en una presencia constante, una corriente subterr&#225;nea que empujaba los pensamientos en direcciones nuevas, a veces insoportables. No fue un destello de claridad, sino un mosaico construido con peque&#241;as notas, encuentros y silencios. Cada detalle a&#241;ad&#237;a una pieza, hasta convertirse en la salida del t&#250;nel.</p><p>Al principio hice lo que todo atleta acostumbrado al control hace: busqu&#233; explicaciones en los n&#250;meros. Datos &#250;tiles para el cuerpo, ninguno suficiente para el alma. Porque lo que me ard&#237;a dentro no era un gap t&#233;cnico, era el vac&#237;o. Y ese vac&#237;o no se explica con un gr&#225;fico.</p><p>As&#237; que empec&#233; a escribir. Una noche tom&#233; un cuaderno y volqu&#233; todo: la rabia, la verg&#252;enza, las im&#225;genes que se repet&#237;an. Escribir actu&#243; como una lente: hizo n&#237;tidos detalles que antes eran solo ruido. Encontr&#233; recuerdos de ma&#241;anas en las que me bastaba &#8220;tachar&#8221; un entrenamiento para sentirme satisfecho, y sobre todo la sensaci&#243;n sutil de que el hambre se hab&#237;a convertido en rutina, ya no en urgencia.</p><p>En esas p&#225;ginas surgieron dos frases clave. La primera: <em>&#8220;Ya no estoy acostumbrado al vac&#237;o.&#8221;</em> La segunda: <em>&#8220;La vida me ense&#241;&#243; a levantarme.&#8221;</em> La primera me revel&#243; cu&#225;n domesticado estaba por la continuidad. La segunda me record&#243; que la p&#233;rdida ya hab&#237;a sido mi compa&#241;era en el pasado, pero que con el tiempo hab&#237;a anestesiado ese dolor detr&#225;s de una secuencia de &#233;xitos.</p><p>En paralelo comenc&#233; a leer el cuerpo con una doble lente: la biol&#243;gica y la simb&#243;lica. Biol&#243;gicamente, la nariz sangrando y la cabeza girando son se&#241;ales claras de un sistema en crisis. Simb&#243;licamente, son lenguajes arcaicos: la sangre como rito de paso, el vac&#237;o como reset obligatorio. No era un castigo: era un programa especial de protecci&#243;n, que me dec&#237;a: <em>&#8220;vuelve hacia adentro, mira m&#225;s profundo, cambia de direcci&#243;n.&#8221;</em></p><p>As&#237; la pregunta que me atormentaba &#8212; <em>&#8220;&#191;Y si ocurri&#243; porque ten&#237;a que ocurrir?&#8221;</em> &#8212; dej&#243; de sonar a consuelo y se convirti&#243; en clave de lectura. Revis&#233; los &#250;ltimos a&#241;os: la cadena de resultados, la disciplina transformada en zona de confort. Y reconoc&#237; que ese DNF era un rito: una peque&#241;a muerte necesaria para seguir vivo. Un reset que me devolv&#237;a el derecho a la duda, y con &#233;l, al hambre.</p><p>Porque la medalla dura un instante, pero el fracaso excava durante meses. Te quita el sue&#241;o, te obliga a escribir, te fuerza a mirarte al espejo sin excusas. Es el tiempo, unido al dolor, el que transforma la ca&#237;da en material de crecimiento. No destruye: esculpe.</p><div><hr></div><h4>&#171;No volveremos a vernos, pero cuando est&#233;s corriendo en el Energy Lab de Kona te acordar&#225;s de m&#237;.&#187;</h4><p>Aquellas palabras, pronunciadas por un voluntario en un momento en que yo estaba tendido en el suelo, sangrando y vac&#237;o, entonces me parecieron casi irreales. Una frase de circunstancia, dicha para animar a un atleta roto. No sab&#237;a a&#250;n que quedar&#237;an grabadas dentro de m&#237; como un sello.</p><p>Porque hoy s&#233; que esa promesa no era un detalle marginal: era el sentido oculto de toda mi ca&#237;da. Niza me quit&#243; una medalla, pero me entreg&#243; un destino. Me arranc&#243; la ilusi&#243;n de la invencibilidad y me devolvi&#243; el hambre de quien ya no tiene nada que perder. Vi a mi cuerpo apagarse, conoc&#237; la verg&#252;enza del DNF, pero all&#237; aprend&#237; que el fracaso no es una marca final. Es un rito. Una peque&#241;a muerte que prepara una resurrecci&#243;n mayor.</p><p>Desde aquella noche el fuego dentro de m&#237; ya no es negociable. Ya no busco aplausos f&#225;ciles, no me basta con &#8220;llegar&#8221;: tengo una promesa que cumplir. A m&#237; mismo, a quienes han cre&#237;do en m&#237;, y a aquel hombre que nunca volver&#233; a ver pero que con una frase grab&#243; lo que ninguna meta habr&#237;a sabido dejar en m&#237;.</p><p>Kona no ser&#225; solo una carrera. Ser&#225; la consagraci&#243;n de un camino pasado por la sangre, el vac&#237;o, el silencio. Ser&#225; el lugar donde cada l&#225;grima de Niza encontrar&#225; sentido, y cada kil&#243;metro corrido tendr&#225; el sabor de una fidelidad cumplida.</p><p>No importa cu&#225;nto tiempo lleve, no importa cu&#225;nta fatiga a&#250;n deba poner sobre la mesa. Ese d&#237;a llegar&#225;.</p><p>Y cuando entre en el Energy Lab, con el calor abrasador y el oc&#233;ano acompa&#241;ando a mi lado, recordar&#233; aquella mirada, aquella frase, aquella ca&#237;da.<br>Y entonces todo estar&#225; cumplido: no la victoria, sino la promesa.</p><div><hr></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Il giorno in cui ho dovuto cadere]]></title><description><![CDATA[DNF]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-giorno-in-cui-ho-dovuto-cadere</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-giorno-in-cui-ho-dovuto-cadere</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Mon, 22 Sep 2025 09:50:47 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d4cd4039-db06-4e34-8dcc-f6750edf17bd_2134x3200.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<h3>Il fatto </h3><p>Domenica scorsa, a Nizza, tutto sembrava andare nella direzione giusta.<br>Il nuoto non &#232; stato dei migliori, ma nulla che non mi aspettassi, non sto nuotando molto ultimamente e in questo sport raccogli ci&#242; che semini. La bici era stata solida, scorrevole, con le gambe che rispondevano bene e il cuore che restava sotto controllo. Ogni chilometro confermava il lavoro fatto nei mesi precedenti.</p><p>Quando sono sceso a correre, ho sentito subito che le sensazioni erano quelle giuste.<br>I primi chilometri della maratona scorrevano regolari, il ritmo era stabile, il respiro controllato. La folla incitava forte e io mi sentivo nel mio spazio, concentrato, senza paura. Non c&#8217;era tensione: solo la certezza di essere dentro la gara che avevo immaginato per mesi.</p><p>Poi, all&#8217;improvviso, al ventunesimo chilometro, qualcosa si &#232; incrinato.<br>Prima un bruciore leggero, quasi insignificante, dentro al naso. Poi il calore del sangue che scendeva rapido, e con esso il mondo che si faceva instabile. La strada davanti a me ha cominciato a ondeggiare, i contorni si sono sfuocati, le gambe hanno perso la loro certezza.</p><p>Ho provato a resistere, a fare ancora un passo, ma era come correre sull&#8217;orlo del vuoto. La sensazione di svenire era pi&#249; forte di qualsiasi volont&#224;. Ho dovuto fermarmi.</p><p>Mi sono ritrovato disteso a terra, con le gambe sollevate dai volontari e il cuore che batteva irregolare. Attorno a me c&#8217;erano voci, mani, rumori: il fruscio della coperta termica, l&#8217;odore pungente del disinfettante. Dentro di me, invece, c&#8217;era solo silenzio.</p><p>Dopo quasi un&#8217;ora i paramedici mi hanno detto: &#171;Per noi puoi continuare, se te la senti.&#187;<br>Dentro di me c&#8217;&#232; sempre stata una voce che vive per spingere oltre ,quella che, nei giorni grandi, ti fa pensare che vale tutto, anche il rischio estremo.<strong> &#8220;Sono disposto a morire per questo&#8221;,</strong> mi sono detto mille volte. Quella voce &#232; parte di me: &#232; il fuoco che mi ha tirato fuori dal divano nelle mattine fredde, che mi ha fatto rinunciare a comodit&#224; e ore di sonno.</p><p>Eppure, l&#236; disteso, col gusto del sangue in bocca e la testa che oscillava, quella stessa frase ha suonato diversa. Non era pi&#249; ardore eroico: era un&#8217;illusione pericolosa. </p><p>Cos&#236; ho scelto. Ho scelto la vita che mi permette di tornare, non il momento che mi avrebbe potuto togliere il domani. Non mi sono arreso alla paura; ho obbedito a una fedelt&#224; pi&#249; alta: quella al mio perch&#233;, a mia mamma, alle persone che ho accanto , al tempo che ancora devo guadagnarmi.</p><p>Cos&#236; la mia gara al Mondiale di Ironman si &#232; fermata l&#236;.<br>Non sulla finish line, ma dentro una aid station. Non con le braccia al cielo, ma con le mani sul volto e tre lettere accanto al mio nome: <strong>DNF &#8211; Did Not Finish</strong>.</p><h4>Vulnerabilit&#224;</h4><p>In quel momento non ero pi&#249; l&#8217;atleta che correva con il pettorale del Mondiale. Non ero il ragazzo che da mesi inseguiva numeri, tempi, watt.<br>Ero semplicemente un uomo fragile, disteso a terra, con il sangue che scendeva dal naso e le lacrime che non riuscivo a fermare.</p><p>La finish line che avevo immaginato per mesi non esisteva pi&#249;.In quell&#8217;istante ero nudo, senza difese, e tutto quello che mi definiva come atleta e come persona sembrava dissolto.</p><p>Paradossalmente, &#232; stato l&#236; che ho sentito la verit&#224; pi&#249; grande.<br>Perch&#233; la vulnerabilit&#224; non &#232; una vergogna: &#232; la parte pi&#249; autentica di noi. Quando il corpo cede e ti strappa via le maschere, quando non puoi pi&#249; fingere, allora quello che resta sei tu. Ed &#232; l&#236; che ho capito che non sono solo i traguardi a definirmi, ma anche i crolli che ho il coraggio di guardare in faccia.</p><p>Non c&#8217;era gloria, non c&#8217;era applauso. C&#8217;era solo il mio silenzio, lo sguardo di chi mi voleva vivo, e la consapevolezza che in quella caduta stavo mostrando la parte pi&#249; vera di me stesso.</p><h4><em>&#8220;E se fosse successo perch&#233; doveva succedere?&#8221;</em></h4><p>Nei giorni successivi il dolore non &#232; sparito, anzi, si &#232; trasformato in una presenza costante, una corrente sotterranea che spingeva i pensieri in direzioni nuove, a volte insopportabili. Non &#232; stato un lampo di chiarezza, ma un mosaico costruito con piccoli appunti, incontri e silenzi. Ogni dettaglio aggiungeva un tassello, fino a diventare la via d&#8217;uscita dal buio.</p><p>All&#8217;inizio ho fatto ci&#242; che ogni atleta abituato al controllo fa: ho cercato spiegazioni nei numeri. Tutti dati utili per il corpo, nessuno sufficiente per l&#8217;anima. Perch&#233; quello che mi bruciava dentro non era il gap tecnico, ma il vuoto. E quel vuoto non si spiega con un grafico.</p><p>Cos&#236; ho cominciato a scrivere. Una sera ho preso un quaderno e ho buttato gi&#249; tutto: la rabbia, la vergogna, le immagini che tornavano a ripetizione. Scrivere ha agito come una lente: ha reso nitidi dettagli che prima erano solo rumore. Ho ritrovato ricordi di mattine in cui mi bastava &#8220;spuntare&#8221; un allenamento per sentirmi soddisfatto, frasi di amici che con leggerezza cominciavano a chiamarmi &#8220;arrivato&#8221;, e soprattutto la sensazione sottile che la fame fosse diventata abitudine, non pi&#249; urgenza.</p><p>In quelle pagine sono emerse due frasi-chiave. La prima: <em>&#8220;Non sono pi&#249; abituato al vuoto.&#8221;</em> La seconda: <em>&#8220;La vita mi ha insegnato a rialzarmi.&#8221;</em> La prima mi ha rivelato quanto fossi addomesticato dalla continuit&#224;. La seconda mi ha ricordato che la perdita era gi&#224; mia compagna in passato ma che col tempo avevo anestetizzato quel dolore dietro a una sequenza di successi.</p><p>C&#8217;&#232; una verit&#224; che ho resistito ad ammettere:<strong> </strong><em><strong>avevo bisogno di fallire.</strong></em><br>Era troppo tempo che non cadevo. Troppo tempo che ogni stagione aggiungeva qualcosa alla precedente, come se il miglioramento fosse ormai scontato, automatico. E quella continuit&#224;, invece di liberarmi, stava lentamente spegnendo il fuoco.</p><p>Non era solo nello sport. Anche nella vita tutto sembrava allinearsi. Una linea retta che avanzava senza interruzioni, come se finalmente avessi trovato la formula giusta. Ma la vita non funziona cos&#236;: la linea non pu&#242; essere sempre retta. Senza attrito, senza inciampo, senza crepa, si scivola nella monotonia e ci si illude di essere al sicuro.</p><p>Il fallimento non &#232; piacevole, ma &#232; necessario.<br>Ti scuote quando ti stai addormentando. Ti strappa l&#8217;arroganza di pensare che basti eseguire bene per avere sempre un risultato. Ti obbliga a guardare dettagli che ignoravi, a scoprire limiti che non volevi vedere. Non &#232; una punizione: &#232; un reset che impedisce al fuoco di spegnersi nella routine.</p><p>Nizza mi ha ricordato che niente &#232; garantito. Che la fame va protetta, custodita, mantenuta viva anche a costo di crollare.<br>Il DNF non &#232; stato solo una ferita sportiva: &#232; stato un meccanismo biologico, psicologico e spirituale che ha riacceso dentro di me l&#8217;urgenza di crescere.</p><p>La caduta non &#232; arretramento. &#200; manutenzione del desiderio.<br>&#200; la garanzia che il fuoco, invece di spegnersi nella continuit&#224;, resti vivo per bruciare ancora pi&#249; forte.</p><p>Parallelamente ho cominciato a leggere il corpo con una doppia lente: quella biologica e quella simbolica. Biologicamente, il naso che sanguina e la testa che gira sono segnali chiari di un sistema in tilt. Simbolicamente, sono linguaggi arcaici: il sangue come rito di passaggio, il vuoto come reset obbligato. Non era un castigo: era un programma speciale di protezione, che mi diceva <em>&#8220;torna dentro, guarda pi&#249; a fondo, cambia direzione.&#8221;</em></p><p>Cos&#236; la domanda che mi tormentava <em>&#8220;E se fosse successo perch&#233; doveva succedere?&#8221;</em>  ha smesso di suonare come consolazione, ed &#232; diventata chiave di lettura. Ho rivisto gli ultimi anni: la catena di risultati, la disciplina trasformata in zona di comfort. E ho riconosciuto che quel DNF era un rito: una piccola morte necessaria per restare vivo. Un reset che mi restituiva il diritto al dubbio, e con esso la fame.</p><p>Perch&#233; la medaglia dura un attimo, ma il fallimento scava per mesi. Ti toglie il sonno, ti costringe a scrivere, ti obbliga a guardarti allo specchio senza alibi. &#200; il tempo, unito al dolore, che trasforma la caduta in materiale di crescita. Non distrugge: scolpisce.</p><h4><em>&#171;Noi non ci vedremo pi&#249;, ma quando starai correndo all&#8217;Energy Lab di Kona ti ricorderai di me.&#187;</em></h4><p>Quelle parole, pronunciate da un volontario in un momento in cui ero steso a terra, sanguinante e vuoto, allora mi sembrarono quasi irreali. Una frase di circostanza, detta per incoraggiare un atleta spezzato. Non sapevo ancora che sarebbero rimaste scolpite dentro di me come un sigillo.</p><p>Perch&#233; oggi so che quella promessa non era un dettaglio marginale: era il senso nascosto di tutta la mia caduta. Nizza mi ha tolto una medaglia, ma mi ha consegnato un destino. Mi ha strappato l&#8217;illusione dell&#8217;invincibilit&#224; e mi ha restituito la fame di chi non ha pi&#249; nulla da perdere. Ho visto il mio corpo spegnersi, ho conosciuto la vergogna del DNF, ma proprio l&#236; ho imparato che il fallimento non &#232; un marchio di fine. &#200; un rito. Una piccola morte che prepara una rinascita pi&#249; grande.</p><p>Da quella sera il fuoco dentro di me non &#232; pi&#249; trattabile. Non cerco pi&#249; applausi facili, non mi basta pi&#249; &#8220;arrivare&#8221;: ho una promessa da onorare. A me stesso, a chi ha creduto in me, e a quel volontario che non rivedr&#242; mai pi&#249; ma che ha inciso con una frase ci&#242; che nessuna finish line avrebbe saputo imprimere.</p><p>Kona non sar&#224; solo una gara. Sar&#224; la consacrazione di un cammino passato attraverso il sangue, il vuoto, il silenzio. Sar&#224; il luogo in cui ogni lacrima di Nizza trover&#224; un senso, e ogni chilometro corso avr&#224; il sapore di una fedelt&#224; mantenuta.</p><p>Non importa quanto tempo ci vorr&#224;, non importa quanta fatica ancora dovr&#242; mettere sul piatto. Quel giorno arriver&#224;.</p><p><br>E quando entrer&#242; all&#8217;Energy Lab, con il caldo che brucia e l&#8217;oceano che mi accompagna, ricorder&#242; quello sguardo, quella frase, quella caduta.<br>E allora tutto sar&#224; compiuto: non la vittoria, ma la promessa.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[¿Para qué lo haces?]]></title><description><![CDATA["La respuesta que nunca di de verdad. Y que ahora quiero dar, de una vez por todas."]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/para-que-lo-haces</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/para-que-lo-haces</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Mon, 21 Jul 2025 10:17:31 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/4c72305c-f742-4d50-bfb0-3287c474f4fd_1178x1324.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p><strong>Hay una pregunta que me hacen a menudo.</strong><br>A veces con una sonrisa.<br>Otras, con una mezcla de admiraci&#243;n e incomprensi&#243;n:<br>&#8220;&#191;Para qu&#233; lo haces?&#8221;<br>&#8220;Con todo lo que podr&#237;as hacer... &#191;por qu&#233; sigues haci&#233;ndolo?&#8221;</p><p>Como si hubiera algo que explicar. Como si elegir una vida tan llena, exigente, real, fuera una especie de desv&#237;o extra&#241;o que necesita justificaci&#243;n.</p><p>Y s&#237;, me lo pregunto yo tambi&#233;n. M&#225;s veces de lo que cre&#233;is.<br>Me lo pregunt&#233; en Klagenfurt, varias veces, durante la marat&#243;n.<br>Y la verdad es que todav&#237;a no he dejado de pensarlo.</p><p>Esta reflexi&#243;n nace de ah&#237;. Del cansancio de aquellas horas.<br>Y de todas las respuestas que, en silencio, empezaron a emerger despu&#233;s.</p><div><hr></div><blockquote><p><em>La voz en la l&#237;nea de salida</em></p></blockquote><p>Llevo escrita en el body una frase: <em>&#8220;Remember your why.&#8221;</em><br>La dice el grand&#237;simo Paul Kaye en la l&#237;nea de salida, cuando el ruido se apaga y el coraz&#243;n se acelera. Cuando todo se detiene por un instante.</p><p><em><strong>&#8220;Remember your why&#8221;</strong></em> no me acompa&#241;a solo en carrera.<br>Me acompa&#241;a cuando tomo decisiones que no todos entienden.<br>Cuando digo que no a lo f&#225;cil. Cuando siento que estoy dando mucho y recibiendo poco, pero sigo igual &#8212; porque s&#233; de d&#243;nde vengo.<br>Cuando escucho, en lugar de responder. Cuando aprieto los dientes, pero no dejo de creer.</p><p>No es solo una frase.<br>Es mi direcci&#243;n, incluso cuando el resto del mundo va en otra.</p><blockquote><p><em>M&#225;s de lo que deber&#237;a</em></p></blockquote><p>Mi <em>why</em> est&#225; hecho de ese chico que vivi&#243; m&#225;s de lo que deber&#237;a.</p><p>De verdad.</p><p>No en un sentido po&#233;tico. Literalmente.</p><p>Ese chico que vio la muerte de cerca antes siquiera de entender lo que era realmente la vida. Que toc&#243; el l&#237;mite entre estar y no estar, entre &#8220;&#191;lo lograr&#233;?&#8221; y &#8220;quiz&#225;s no&#8221;.</p><p>Que aprendi&#243; a sentirse seguro en un lugar donde los dem&#225;s se sienten perdidos. A encontrar calor en una habitaci&#243;n donde el &#250;nico sonido era el bip regular de las m&#225;quinas.</p><p>Que tuvo miedo. Mucho. Pero lo escondi&#243; para no preocupar a nadie.<br>Y que hoy est&#225; aqu&#237;, viviendo d&#237;as que, seg&#250;n las estad&#237;sticas, no estaban garantizados.<br>Cada respiraci&#243;n es un regalo. Cada paso, un privilegio.</p><p>Yo no deber&#237;a estar aqu&#237;. Y sin embargo, todav&#237;a estoy.</p><div><hr></div><blockquote><p><em>Por quien no tuvo suficiente tiempo</em></p></blockquote><p>Mi <em>why</em> tambi&#233;n est&#225; hecho de &#233;l.<br>De quien se fue demasiado pronto, pero me dej&#243; todo lo que necesitaba. Y un poco m&#225;s.</p><p>De quien, cuando miro una bicicleta, sigue ah&#237;.<br>De quien sembr&#243; este deporte en mi vida sin saber que un d&#237;a se convertir&#237;a en mi camino.</p><p>De quien, quiz&#225;s sin quererlo, me ense&#241;&#243; que cada kil&#243;metro puede ser memoria.<br>Que las excusas no existen, que los l&#237;mites muchas veces nos los ponemos nosotros mismos.<br>Y que, incluso cuando la enfermedad gana al final, no se lo dejamos f&#225;cil.</p><p>Al fin y al cabo, somos Galasso.</p><div><hr></div><blockquote><p><em>Por quien quiere y no puede, por quien puede y no quiere</em></p></blockquote><p>Lo hago por quien quiere estar&#8230; pero no puede.<br>Por quien se despierta cada d&#237;a con ganas de vivir, pero su cuerpo no le responde.<br>Por quien tiene el coraz&#243;n lleno y las piernas quietas. Por quien firmar&#237;a ma&#241;ana por estar en mi lugar.</p><p>Y tambi&#233;n por quien puede&#8230; pero no quiere.<br>Por quien tiene tiempo, salud, libertad&#8230; y no las usa.<br>Por quien se cuenta a s&#237; mismo que &#8220;esto no es para m&#237;&#8221; solo por miedo a descubrir cu&#225;nto podr&#237;a volar.</p><p>Yo voy.<br>No porque sea mejor.<br>Sino porque s&#233; lo que significa no poder.<br>S&#233; lo que es mirar desde fuera, apretar los dientes, esperar otro d&#237;a.<br>Y ahora que puedo, lo honro.<br>Cada l&#237;nea de salida tambi&#233;n es por ellos.<br>Por quien ha perdido.<br>Y por quien se rindi&#243; antes incluso de empezar.</p><div><hr></div><blockquote><p><em>Podr&#237;a dejarlo</em></p></blockquote><p>Podr&#237;a elegir una vida m&#225;s ligera.<br>Dormir los domingos.<br>Reservar viajes a &#250;ltimo momento sin tener que comprobar si el hotel tiene un gimnasio decente o si el desayuno ofrece suficiente prote&#237;na y no solo az&#250;car barata.</p><p>Y la verdad&#8230; es que realmente podr&#237;a hacerlo.<br>Podr&#237;a elegir una vida de ocio, de comodidad.<br>Con esfuerzo, me he construido una profesi&#243;n que me permite darme ciertos gustos, cuando quiero.<br>El gran privilegio de no tener que estar contando cada gasto.<br>Las cenas fuera, los fines de semana c&#243;modos, alg&#250;n lujo superficial&#8230; no me los niego.<br>Y no pienso neg&#225;rmelos nunca.</p><p>Pero casi siempre, elijo otra cosa.<br>Elijo una nueva inscripci&#243;n, en lugar de unas vacaciones.<br>Un juego de ruedas, en lugar de un m&#243;vil nuevo.<br>Un vuelo para una carrera, en lugar de un fin de semana de descanso.</p><p>No porque cueste menos (m&#225;s bien lo contrario).<br>Sino porque vale m&#225;s.</p><div><hr></div><blockquote><p><em>Donde ocurren las cosas que importan</em></p></blockquote><p>Porque es ah&#237; donde suceden las cosas que realmente cuentan.<br>Las que no se pueden comprar. Las que no se enmarcan, pero se quedan para siempre.</p><p>Como los abrazos antes de la salida, lo bastante fuertes como para contener el miedo.<br>Como esa broma que aligera el ambiente,<br>dicha por quien tiene un nudo en la garganta pero no quiere preocupar a los dem&#225;s.<br>Como ese instante suspendido, a un kil&#243;metro de la meta,<br>en el que no sabes si re&#237;r, llorar, vomitar&#8230; o todo al mismo tiempo.</p><p>Es ah&#237;, en los silencios compartidos.<br>En las manos sobre los hombros.<br>En las miradas c&#243;mplices a las 5 de la ma&#241;ana, desayunando.<br>Donde entiendes que no est&#225;s solo.</p><p>Es en los Pirineos, despu&#233;s de horas subiendo,<br>cuando te callas solo para escuchar la respiraci&#243;n de los dem&#225;s.<br>Es en Lanzarote, cuando el viento te parte en dos<br>y alguien, sin decir nada, empieza a tirar por ti.<br>Es en Suecia, un lunes cualquiera, frente a una carrot cake y un caf&#233;,<br>hablando con personas que hablan tu mismo idioma:<br>ese hecho de sue&#241;os absurdos y cosas que de verdad importan.</p><p>Por eso lo sigo haciendo.</p><div><hr></div><blockquote><p><em>Porque no es solo deporte</em></p></blockquote><p>Porque no es solo deporte.<br>Es casa. Es familia.<br>Es mi idioma materno, cuando el mundo me parece hablar otro.<br>Es el espejo donde, cada vez, consigo reconocerme de verdad.</p><p>Porque el Ironman, a diferencia de muchas otras cosas, <strong>te devuelve todo</strong>.<br>Te exige mucho, s&#237;. Pero nunca se burla de ti.<br>Cada kil&#243;metro cuenta. Cada sacrificio tiene sentido.<br>Cada parte que dejas por el camino, se vuelve parte de la meta.</p><p>Fuera de aqu&#237; no siempre es as&#237;.<br>Hay d&#237;as en los que lo das todo&#8230; y no vuelve nada.<br>Hay batallas invisibles que nadie nota.<br>Papeles que interpretar, m&#225;scaras que ponerse, sonrisas que salvar incluso cuando por dentro todo se rompe.<br>No por injusticia, sino porque el mundo va a su ritmo, y no espera a nadie.</p><p>Aqu&#237; no. Aqu&#237; no se puede fingir.<br>No puedes comprar nada. No puedes delegar nada.<br>Lo que cuenta es lo que llevas dentro. Lo que cuenta es cu&#225;nto est&#225;s dispuesto a dar, de verdad.<br>Cuenta si sigues en pie incluso cuando tus piernas ya no pueden m&#225;s.</p><p>Aqu&#237; solo se habla de cosas reales.<br>A nadie le importa el coche que conduces o el t&#237;tulo delante de tu nombre.<br>Nadie te pregunta cu&#225;nto facturas.</p><p>Aqu&#237; se habla de vatios. De sue&#241;os. De vida. De miedos.<br>De ese nudo en la garganta en el &#250;ltimo kil&#243;metro.<br>De esa mano en el hombro antes de la salida, que lo dice todo sin decir nada.</p><p>Es uno de los pocos lugares que quedan donde la verdad a&#250;n tiene espacio.<br>Donde el esfuerzo no es una carga, sino un lenguaje.<br>Donde puedes reconocerte en el otro sin tener que explicar nada.</p><div><hr></div><h3>As&#237; que s&#237;.</h3><p>Podr&#237;a vivir de otra manera. Podr&#237;a elegir la comodidad.<br>Y no habr&#237;a nada de malo en ello.<br>Pero en ning&#250;n otro lugar encontrar&#237;a esta verdad desnuda.<br>Esta alegr&#237;a total.<br>Este hogar que llamamos IRONMAN.</p><p>As&#237; que, la pr&#243;xima vez que me preguntes<br><strong>&#8220;&#191;Qui&#233;n te manda a hacer esto?&#8221;</strong>,<br>espero que puedas leer la respuesta en mis ojos.<br>Porque con palabras, de verdad, no alcanza.</p><div><hr></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA['' Ma chi te lo fa fare'']]></title><description><![CDATA[La risposta che non ho mai dato veramente. E che ora voglio dare, una volta per tutte]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/ma-chi-te-lo-fa-fare</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/ma-chi-te-lo-fa-fare</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Mon, 21 Jul 2025 09:35:46 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/c21db5d0-6127-4601-a032-ff65c065993c_1178x1324.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>C&#8217;&#232; una domanda che mi fanno spesso. A volte con un sorriso. A volte con un misto di ammirazione e incomprensione: &#8220;Ma chi te lo fa fare?&#8221; &#8220;Con tutto quello che potresti fare&#8230; perch&#233; lo fai ancora?&#8221; </p><p>Come se ci fosse qualcosa da spiegare. Come se scegliere una vita cos&#236; piena, faticosa, vera, fosse una strana<strong> deviazione</strong> da giustificare. </p><p>Me lo chiedo anch&#8217;io, eh. Pi&#249; spesso di quanto crediate. Me lo sono chiesto a Klagenfurt ,pi&#249; volte, durante la maratona. E la verit&#224; &#232; che non ho ancora smesso di pensarci. </p><p>Questa riflessione nasce da l&#236;. Dalla fatica di quelle ore. E da tutte le risposte che, in silenzio, hanno iniziato a emergere dopo. </p><blockquote><p><em>La voce sulla linea di partenza </em></p></blockquote><p>Porto scritto sul body una frase: &#8220;Remember your why.&#8221; La recita il grandissimo <strong>Paul Kaye</strong> sulla linea di partenza, quando il rumore cala e i battiti salgono. Quando tutto si ferma per un attimo. </p><p><strong>&#8216;&#8216;Remember your why&#8221; </strong>non mi accompagna solo in gara. Mi accompagna quando faccio scelte che non tutti capiscono. Quando dico no a qualcosa di comodo. Quando sento che sto dando tanto, e ricevendo poco, ma continuo lo stesso, perch&#233; so da dove vengo. Quando ascolto, invece di rispondere. Quando stringo i denti, ma non smetto di crederci. </p><p>Non &#232; solo una frase. &#200; la mia direzione, anche quando il resto del mondo va altrove.</p><p></p><blockquote><p><em> Pi&#249; di quanto avrei dovuto </em></p></blockquote><p></p><p>Il mio why &#232; fatto di quel ragazzo che ha vissuto pi&#249; di quanto avrebbe dovuto. </p><p>Sul serio. </p><p>Non in senso poetico. Letteralmente.</p><p> Quel ragazzo che ha visto la morte da vicino prima ancora di iniziare a capire davvero cosa fosse la vita. Che ha toccato il limite tra esserci e non esserci, tra &#8220;ce la far&#242;&#8221; e &#8220;forse no&#8221;. </p><p>Che ha imparato a sentirsi al sicuro in un luogo dove gli altri si sentono persi. A trovare calore in una stanza dove l&#8217;unico rumore &#232; quello del bip regolare delle macchine. </p><p>Che ha avuto paura. Tanta. Ma l&#8217;ha tenuta nascosta per non far preoccupare nessuno. E che oggi &#232; qui a vivere giorni che, secondo le statistiche, non erano garantiti. Ogni respiro &#232; un regalo. Ogni passo, un privilegio.</p><p> Io non dovevo esserci. E invece ci sono ancora. </p><blockquote><p><em>Per chi non ha avuto abbastanza tempo </em></p></blockquote><p>Il mio why &#232; fatto anche di lui. Di chi mi ha lasciato troppo presto, ma mi ha lasciato tutto quello che serviva, e qualcosa in pi&#249;. </p><p>Di chi, quando guardo una bici, &#232; ancora l&#236;. Di chi ha seminato questo sport nella mia vita senza sapere che un giorno sarebbe diventato la mia direzione.</p><p> Di chi, forse senza volerlo, mi ha insegnato che ogni chilometro pu&#242; essere memoria. Di chi mi ha insegnato che le scuse non esistono, che i limiti spesso ce li costruiamo da soli. E che anche quando la malattia alla fine vince, <strong>col cazzo che gliela facciamo vincere facile.</strong> </p><p>Siamo pur sempre dei <strong>Galasso</strong>.</p><p></p><blockquote><p><em>Per chi vorrebbe ma non pu&#242;, per chi potrebbe ma non vuole </em></p></blockquote><p>Lo faccio per <strong>chi vorrebbe, ma non pu&#242;.</strong><br>Per chi si sveglia ogni giorno con la voglia di esserci, ma il corpo non glielo permette.<br>Per chi ha il cuore pieno e le gambe ferme. Lo faccio per chi ci metterebbe la firma per essere al mio posto.<br>E anche per <strong>chi pu&#242;&#8230; ma non vuole</strong>.<br>Per chi ha il tempo, la salute, la libert&#224; &#8212; e sceglie di non usarli.<br>Per chi si racconta che &#8220;non fa per me&#8221; solo per paura di scoprire quanto potrebbe volare.<br>Io ci vado.<br>Non perch&#233; sono migliore.<br>Ma perch&#233; so cosa vuol dire non potere.<br>So cosa vuol dire guardare da fuori, stringere i denti, sperare in un altro giorno.<br>E adesso che posso, lo onoro.<br>Ogni partenza &#232; anche per loro.</p><p><br><strong>Per chi ha perso, e per chi si &#232; arreso ancora prima di cominciare.</strong></p><p></p><blockquote><p><em>Potrei smettere</em></p></blockquote><p>Potrei scegliere una vita pi&#249; leggera.<br>Dormire la domenica.<br>Prenotare viaggi all&#8217;ultimo minuto senza dover controllare se l&#8217;hotel ha una palestra decente, o se la colazione ha abbastanza uova, proteine e non solo zuccheri scadenti</p><p>E la verit&#224;? <strong>Potrei davvero farlo.</strong><br>Potrei scegliere una vita fatta di svaghi, di comodit&#224;.<br>Mi sono costruito a fatica una professione che mi permette di togliermi degli sfizi, quando voglio.<br>Il privilegio, grande , di non dover pi&#249; fare i conti ogni volta. Le cene fuori, i weekend comodi, qualche lusso superficiale, non me li faccio mancare e mai me li far&#242; mancare.</p><p>Ma poi, quasi sempre, scelgo altro.<br>Scelgo una nuova iscrizione, invece di una vacanza.<br>Un set di ruote, invece di un nuovo telefono.<br>Un volo per una gara, invece di un weekend in relax.<br>Non perch&#233; costi meno (<strong>anzi</strong>). Ma perch&#233; vale di pi&#249;.<br>Perch&#233; &#232; l&#236; che mi sento davvero ricco &#8212; di senso, di scelte, di vita.</p><p>Perch&#233; &#232; l&#236;, che succedono le cose che <strong>contano</strong>.<br>Quelle che non puoi comprare. Quelle che non si incorniciano, ma restano.</p><p>Come gli abbracci prima della partenza, stretti abbastanza da nascondere la paura.<br>Come la battuta sdrammatizzante di chi ha il nodo in gola ma non vuole farlo vedere  per non appesantire gli altri.<br>Come quel momento sospeso, a un chilometro dalla fine, in cui non sai se piangere, vomitare, sorridere&#8230; o tutte e tre le cose insieme.</p><p>&#200; l&#236;, nei silenzi condivisi, nelle mani appoggiate sulle spalle, nelle occhiate complici a colazione alle 5 del mattino, che capisci che non sei solo.</p><p>&#200; sui <strong>Pirenei</strong>, dopo ore di salita, quando resti in silenzio solo per ascoltare il respiro degli altri.&#200; a<strong> Lanzarote</strong>, quando il vento ti spacca in due e qualcuno, senza parlare, si mette a tirare per te.<br>&#200; in <strong>Svezia</strong>, in un luned&#236; qualunque, davanti a una carrot cake e un caff&#232; mentre parli con persone che parlano la tua stessa lingua quella fatta di sogni assurdi e cose che contano per davvero.</p><blockquote><p><em>Ecco perch&#233; lo faccio ancora.</em></p></blockquote><p><br>Perch&#233; non &#232; solo sport. &#200; casa. &#200; famiglia.<br>&#200; la mia lingua madre, quando il resto del mondo mi sembra parlare un&#8217;altra.<br>&#200; lo specchio in cui, ogni volta, riesco a riconoscermi davvero.</p><p><br>Perch&#233; l&#8217;Ironman, a differenza di molte cose, ti restituisce sempre tutto.<br>Ti chiede tanto, s&#236; , ma non si prende mai gioco di te.<br>Ogni chilometro conta. Ogni sacrificio ha un senso.<br>Ogni pezzo lasciato per strada diventa parte del traguardo.</p><p>Fuori da qui, non &#232; sempre cos&#236;. Ci sono giorni in cui dai tutto&#8230; e non torna nulla.<br>Ci sono battaglie invisibili che nessuno nota. Ruoli da interpretare, maschere da indossare, sorrisi da salvare anche quando dentro frani.<br>Non per ingiustizia, ma perch&#233; il mondo ha il suo ritmo, e non aspetta nessuno.</p><p>Qui, invece, no. Qui non si pu&#242; fingere.<br>Non puoi comprare niente. Non puoi delegare niente.<br>Conta quanto hai dentro.<br>Conta quanto sei disposto a mettere in gioco, davvero. Conta se resti in piedi quando le gambe non ce la fanno pi&#249;.</p><p>Qui si parla solo di cose vere.<br>Nessuno si interessa alla macchina che guidi o al titolo davanti al nome.Nessuno ti chiede quanto fatturi.<br>Qui si parla di watt, di vita, di paura, di sogni. Di quel nodo in gola all&#8217;ultimo chilometro. Di quella mano sulla spalla prima del via, che dice tutto senza dire niente.</p><p>&#200; uno dei pochi posti rimasti dove la verit&#224; ha ancora spazio.<br>Dove la fatica non &#232; un peso, ma un linguaggio.<br>Dove puoi riconoscerti in chi hai accanto senza bisogno di spiegare nulla.</p><p>E allora s&#236;.<br>Potrei vivere diversamente.<br>Potrei scegliere la comodit&#224;.<br>E non ci sarebbe nulla di male.<br>Ma da nessun&#8217;altra parte troverei questa verit&#224; nuda.<br>Questa gioia piena.<br>Questa casa che chiamiamo<strong> IRONMAN.</strong></p><p>Quindi, la prossima volta che mi chiederete <strong>&#8216;&#8216; chi te lo fa fare? &#8217;&#8217; , </strong>spero possiate leggere la risposta nei miei occhi, perch&#233; a parole, davvero, non basta.</p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Race Week. El momento en que todo se siente más fuerte.]]></title><description><![CDATA[Ocho cosas que pasan cuando de verdad est&#225;s ah&#237;, a un paso del d&#237;a que llevas meses esperando.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/race-week-el-momento-en-que-todo</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/race-week-el-momento-en-que-todo</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Fri, 13 Jun 2025 08:17:02 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/b7395eda-f04a-4a64-a9dc-11e83b9aa9a9_3024x4032.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<h3><strong>Intro:</strong></h3><p>Cada semana de carrera me ilusiono con que esta vez ser&#225; distinta.<br>Que estar&#233; m&#225;s tranquilo. M&#225;s centrado. M&#225;s claro.<br>Pero no.<br>Siempre pasa lo mismo. Pero cada vez me ense&#241;a algo nuevo.<br>No quiero dar consejos.<br>Solo quiero contar &#8212;a quien corre, a quien espera, a quien sue&#241;a&#8212; c&#243;mo se viven de verdad estos d&#237;as.</p><div><hr></div><h3><strong>1. El cuerpo manda se&#241;ales raras. Pero no son alarmas.</strong></h3><p>Cada semana de carrera tiene sus s&#237;ntomas.<br>A m&#237; me pasa casi siempre: el pecho que se contrae, como un latido fuera de ritmo.<br>Parece una extras&#237;stole, pero no lo es.<br>No duele. Pero se siente.<br>Es solo la forma que tiene el cuerpo de avisarme que algo grande se acerca.<br>Como si lo supiera antes que yo.</p><blockquote><p>No es un error. Es un lenguaje.<br>Y no hace falta entenderlo. Solo acogerlo.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>2. Siento que ya no tengo nada m&#225;s que dar.</strong></h3><p>Llego a esta semana con la sensaci&#243;n de haberlo gastado todo.<br>Sin energ&#237;a, sin motivaci&#243;n, ni siquiera tensi&#243;n.<br>Como si la parte importante ya hubiera pasado, y yo me hubiera quedado a mirar.<br>Pero no es vac&#237;o.<br>Es espacio.</p><blockquote><p>El espacio que hace falta para que la carrera entre.<br>No para forzar. No para llenar. Solo para dejar abierto.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>3. Lo siento todo. Pero no todo es real.</strong></h3><p>En la semana de carrera todo se amplifica.<br>Cada sensaci&#243;n pesa m&#225;s. Cada pensamiento parece definitivo.<br>Y me doy cuenta de que estoy escuchando demasiado. Al cuerpo, a la cabeza, incluso a expectativas que ya hab&#237;a dejado atr&#225;s.<br>Pero he aprendido que no debo creerme todo.</p><blockquote><p>Porque no toda duda es verdad.<br>Y no toda expectativa es justa.<br>Algunas eran solo miedo disfrazado de meta.<br>O promesas hechas en d&#237;as en los que quer&#237;a sentirme m&#225;s fuerte.<br>Hoy intento soltarlas.<br>Y quedarme con lo que hay.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>4. A veces se me humedecen los ojos. Y no s&#233; por qu&#233;.</strong></h3><p>Pasa en los momentos m&#225;s tranquilos.<br>Esta ma&#241;ana, por ejemplo, pedaleaba suave en el rodillo.<br>Y de fondo escuch&#233; esa frase: <em>&#8220;You are an Ironman.&#8221;</em><br>Y de pronto&#8230; ojos h&#250;medos.<br>No era miedo. Ni alegr&#237;a.</p><blockquote><p>Era algo que ven&#237;a de dentro, como si el cuerpo supiera que estoy por hacer algo que importa.<br>Y por un momento, dejo de querer hacerlo bien.<br>Y me basta con estar ah&#237;.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>5. Pienso en los que no pueden estar. Y los llevo conmigo.</strong></h3><p>Llega sin avisar.<br>Mientras cierro una cremallera. Mientras me pongo las zapatillas.<br>Un pensamiento breve, pero profundo.<br>A quienes no pueden estar, de ninguna forma.<br>A quienes no llegaron. A quienes no pueden intentarlo.<br>A quienes miran desde lejos y no saben que est&#225;n aqu&#237; dentro, conmigo.</p><blockquote><p>No es tristeza. No es pena.<br>Es presencia silenciosa.<br>Y en ese instante entiendo que no corro solo.<br>Y est&#225; bien as&#237;.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>6. S&#233; que esta agitaci&#243;n, pronto, la voy a echar de menos.</strong></h3><p>Ahora la vivo como un peso.<br>Me muevo inquieto, reviso todo mil veces, duermo mal.<br>Pero en una semana, cuando todo haya pasado,<br>me va a faltar tambi&#233;n esto.</p><blockquote><p>La espera. El ruido bajo la piel. El silencio justo antes del pistoletazo.<br>Extra&#241;o, pero cierto.<br>Incluso la inquietud forma parte de lo que amo.<br>Y cuando se apaga&#8230; deja un peque&#241;o vac&#237;o.<br>Dulce. Pero real.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>7. No s&#233; qui&#233;n voy a ser all&#225; afuera. Pero quiero estar.</strong></h3><p>No s&#233; si ser&#225; mi d&#237;a.<br>No s&#233; si el cuerpo responder&#225;, o si tendr&#233; que apretar los dientes antes de tiempo.<br>Y est&#225; bien.<br>Porque no es solamente el resultado lo que busco.</p><blockquote><p>Es el hecho de presentarme.<br>Con lo que tengo, y con lo que todav&#237;a no s&#233; manejar.<br>Cada vez que lo hago, cambio un poco.<br>Y eso, pase lo que pase,<br>es lo que de verdad importa.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>8. Al final, es un puto privilegio.</strong></h3><p>Por m&#225;s que me agote. Por m&#225;s que me vac&#237;e. Por m&#225;s que me asuste.<br>Este camino, esta espera, este cuerpo que late sin entender&#8230;</p><blockquote><p>es un puto privilegio.<br>Poder estar.<br>Poder decir: &#8220;voy a por ello&#8221;.<br>Nunca ha sido algo obvio. Nunca lo ser&#225;.<br>Hay quienes no pueden. Hay quienes no llegan. Hay quienes lo intentan y se quedan a medio camino.<br>Y yo estoy aqu&#237;.<br>Con mis dudas. Con mis grietas. Con todo.<br>Y pase lo que pase&#8230; estar ya es una forma de victoria.</p></blockquote>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[“Race Week. Il momento in cui tutto si sente più forte.”” ]]></title><description><![CDATA[Otto cose che succedono quando sei davvero l&#236;, a un passo dal giorno che aspetti da mesi.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/race-week-il-momento-in-cui-tutto</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/race-week-il-momento-in-cui-tutto</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Fri, 13 Jun 2025 07:54:49 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/86ad108c-1def-49b2-914a-b0b3ae560b0f_3024x4032.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Ogni Race Week mi illudo che sar&#224; diversa.<br>Che questa volta sar&#242; pi&#249; sereno. Pi&#249; centrato. Pi&#249; lucido.<br>E invece no.<br>Ogni volta succedono le stesse cose. Ma ogni volta mi insegnano qualcosa in pi&#249;.<br>Non voglio dare consigli.<br>Voglio solo raccontare &#8212; a chi corre, a chi aspetta, a chi sogna &#8212; <strong>com&#8217;&#232;, davvero, attraversare questi giorni.</strong></p><h3><strong>1. Il corpo manda segnali strani. Ma non sono allarmi.</strong></h3><p>Ogni Race Week ha i suoi sintomi.<br>A me succede quasi sempre: il petto che si contrae, come un battito fuori tempo.<br>Sembra un&#8217;extrasistole, ma non lo &#232;.<br>Non fa male. Ma si fa sentire.<br>&#200; solo il modo in cui il corpo mi avverte che qualcosa sta arrivando.<br>Come se sapesse tutto prima di me.</p><blockquote><p>Non &#232; un errore. &#200; un linguaggio.<br>E non serve capirlo. Basta accoglierlo.</p></blockquote><p></p><h3><strong>2. Mi sembra di aver finito tutto.</strong></h3><p>Arrivo a questa settimana e sento come se non ci fosse pi&#249; niente da dare.<br>N&#233; energia, n&#233; motivazione. Nemmeno tensione.<br>Come se la parte importante fosse gi&#224; successa, e io fossi solo rimasto l&#236;, a guardarla passare.<br>Ma non &#232; svuotamento.<br>&#200; spazio.</p><blockquote><p>Lo spazio che serve perch&#233; la gara possa entrare.<br>Non da forzare. Non da riempire. Solo da lasciare aperto.</p></blockquote><h3><strong>3. Sento tutto. Ma non tutto &#232; vero.</strong></h3><p>In Race Week tutto si amplifica.<br>Ogni sensazione sembra pi&#249; intensa. Ogni pensiero pi&#249; definitivo.<br>Mi accorgo di ascoltare troppo. Il corpo, la testa, perfino le aspettative che avevo messo da parte.<br>Eppure, so che non devo crederci a tutto.</p><blockquote><p>Perch&#233; non ogni dubbio &#232; reale.<br>E non ogni aspettativa &#232; giusta.<br>Alcune erano solo paure travestite da obiettivi.<br>Altre erano promesse fatte in giorni in cui volevo sentirmi pi&#249; forte.<br>Ora provo a lasciarle andare.<br>E rimanere solo con quello che c&#8217;&#232;.</p></blockquote><p></p><h3><strong>4. A volte mi si velano gli occhi. E so bene perch&#233;.</strong></h3><p>Mi succede nei momenti pi&#249; tranquilli.<br>L&#8217;altra mattina ero sui rulli. Giro facile, musica bassa.<br>Poi una voce in un audio che dice: <em>&#8220;You are an Ironman.&#8221;</em><br>E all&#8217;improvviso gli occhi si fanno lucidi.<br>Non &#232; paura. Non &#232; nemmeno gioia.</p><blockquote><p>&#200; qualcosa che sale da dentro, come se il corpo sapesse che sto andando incontro a qualcosa che conta.<br>E per un attimo smetto di pensare al risultato.<br>E mi basta esserci.</p></blockquote><h3><strong>5. Penso a chi non pu&#242; esserci. E lo porto con me.</strong></h3><p>Capita all&#8217;improvviso.<br>Mentre chiudo una cerniera, o mi metto le scarpe.<br>Un pensiero veloce, ma dritto.<br>A chi non pu&#242; esserci, in nessun modo.<br>A chi non ce l&#8217;ha fatta. A chi non pu&#242; provarci.<br>A chi guarda da lontano, e forse non sa che c&#8217;&#232; anche lui, qui dentro.</p><blockquote><p>Non &#232; per forza dolore. Non &#232; rimpianto.<br>&#200; presenza silenziosa.<br>E in quel momento capisco che non corro solo per me.<br>E va bene cos&#236;.</p></blockquote><p></p><h3><strong>6. So che questa agitazione, presto, mi mancher&#224;.</strong></h3><p>Ora la vivo come un peso.<br>Mi muovo nervoso, controllo tutto pi&#249; del dovuto, dormo poco.<br>Ma tra una settimana, quando sar&#224; tutto finito,<br>mi mancher&#224; anche questo.</p><blockquote><p>L&#8217;attesa. Il rumore sotto pelle. Il silenzio prima del via.<br>Strano, ma vero.<br>Anche l&#8217;inquietudine &#232; parte di ci&#242; che amo.<br>E quando si spegne&#8230; lascia un vuoto sottile.<br>Dolce. Ma reale.</p></blockquote><h3><strong>7. Non so chi sar&#242; l&#224; fuori. Ma voglio esserci.</strong></h3><p>Non so se sar&#224; il mio giorno.<br>Non so se il corpo risponder&#224;, o se dovr&#242; tenere duro pi&#249; del previsto.<br>E va bene cos&#236;.<br>Perch&#233; non &#232; solo il risultato che sto cercando.</p><blockquote><p>&#200; il gesto di esserci.<br>Di presentarmi con quello che ho, e anche con quello che non so gestire.<br>Ogni volta che lo faccio, cambio un po&#8217;.<br>E questa, comunque vada,<br>&#232; la cosa che conta davvero.</p></blockquote><h3><strong>8. Alla fine, &#232; un fottuto privilegio.</strong></h3><p>Per quanto mi stanchi. Per quanto mi svuoti. Per quanto mi faccia paura.<br>Questa strada, questa attesa, questo corpo che pulsa e non capisce&#8230;</p><blockquote><p>&#232; un fottuto privilegio.<br>Poterci essere.<br>Poter dire &#8220;sto andando a prendermela&#8221;.<br>Non &#232; mai stato scontato. Mai lo sar&#224;.<br>C&#8217;&#232; chi non pu&#242;. C&#8217;&#232; chi non ci riesce. C&#8217;&#232; chi ci prova e non arriva.<br>E io invece sono qui.<br>Con i miei dubbi. Con le mie fragilit&#224;. Con tutto.<br>E comunque andr&#224;&#8230; esserci &#232; gi&#224; una forma di vittoria.</p></blockquote><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Lo que queda]]></title><description><![CDATA[Un a&#241;o despu&#233;s del Ironman de Lanzarote, entre heridas a&#250;n abiertas, dignidad y gratitud.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/lo-que-queda</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/lo-que-queda</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Fri, 16 May 2025 05:50:12 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d1ef6960-9c8c-4484-bc94-cf07eabf4225_1996x2048.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Llegu&#233; a Lanzarote el s&#225;bado antes de la carrera. Solo.<br>El apartamento a&#250;n estaba vac&#237;o; iba a compartir la semana con mi madre, Joserra y Tamara, pero ellos llegar&#237;an m&#225;s adelante.</p><p>A la ma&#241;ana siguiente me despert&#233; temprano, sin despertador. Di un paseo por la zona del &#8220;village&#8221; y vi que estaban empezando a montar la l&#237;nea de meta. Caminaba tranquilo, como si estuviera all&#237; de vacaciones. Por dentro, todav&#237;a no sent&#237;a que estaba a punto de hacer un Ironman. Y, de hecho, esa calma era extra&#241;a. Pero tambi&#233;n bonita.</p><p>Hac&#237;a bastante viento, as&#237; que en lugar de salir en bici decid&#237; ir al gimnasio a soltar un poco las piernas en una bici est&#225;tica. Una sesi&#243;n sencilla, solo para activarme. Luego hice la compra, me duch&#233;, almorc&#233;. Todo normal.</p><p>Pero por la tarde lleg&#243; un momento que recuerdo perfectamente.<br>Hab&#237;a comprado una pizza en el supermercado, de esas congeladas que en casa nunca comes, me prepar&#233; una ensalada y me llev&#233; todo al jard&#237;n.<br>Com&#237; all&#237;, solo, con el sol cayendo lentamente.</p><p>Y mientras estaba sentado, con ese plato delante y el viento suave a mi alrededor, sent&#237; realmente d&#243;nde estaba.<br>No solo geogr&#225;ficamente. Sino mentalmente.</p><p>All&#237; me di cuenta de que s&#237;, estaba de verdad en Lanzarote. Y que algo grande estaba a punto de suceder.</p><div><hr></div><h3><strong>Martes &#8211; Un regreso familiar</strong></h3><p>El lunes fue un d&#237;a de llegadas y preparativos. Los dem&#225;s ya hab&#237;an llegado y el d&#237;a pas&#243; r&#225;pido entre deshacer maletas y montar las bicicletas.<br>El martes, en cambio, fue m&#225;s movido.<br>Fuimos a reconocer la primera subida del recorrido.<br>En realidad, ya la conoc&#237;amos bien: hab&#237;amos entrenado varias veces en Lanzarote en los meses anteriores. No era una novedad, sino una confirmaci&#243;n. Una forma de alinear sensaciones. De observar el recorrido con ojos frescos, pero sin sorpresas.</p><p>Fue el t&#237;pico paseo de la semana de carrera: controlado, atento, sin forzar. Pero &#250;til para recordar lo que nos esperaba.<br>El viento, el tipo de asfalto, los puntos donde dejarse llevar o mantenerse compacto.<br>Esas cosas que no se estudian en TrainingPeaks, pero que se te quedan grabadas desde el primer momento.</p><p>Por la tarde, trote suave por el paseo mar&#237;timo.<br>Pocos kil&#243;metros, solo para mover las piernas. El ritmo era secundario, lo importante era mantenerse conectado con el cuerpo sin sobrecargarlo.</p><p>Ese d&#237;a tambi&#233;n se uni&#243; David, otro compa&#241;ero de equipo.<br>Tamara, &#233;l y yo &#237;bamos a correr el Ironman.<br>Tres recorridos diferentes, pero una misma l&#237;nea de llegada.<br>Bast&#243; una cena, un par de bromas, algunas frases lanzadas entre risas &#8212; y el ambiente cambi&#243;.</p><p>Ya est&#225;bamos dentro.<br>A partir de ah&#237;, ya no se hablaba de <em>si</em>. Solo de <em>c&#243;mo</em>.</p><h2><strong>Mi&#233;rcoles &#8211; La pulsera en la mu&#241;eca y una vuelta para recordarnos qui&#233;nes somos</strong></h2><p>El mi&#233;rcoles fue el d&#237;a del registro.<br>Un momento que, si ya has hecho un Ironman, conoces bien: entras tranquilo, sales con la pulsera en la mu&#241;eca y algo cambia.<br>A partir de ah&#237;, ya no se bromea. El dorsal es tuyo. La l&#237;nea de salida tambi&#233;n.</p><p>Pero no fue solo una jornada &#8220;t&#233;cnica&#8221;.<br>Despu&#233;s del registro, subimos al coche para dar una vuelta completa por la isla.<br>Con nosotros ven&#237;a Iv&#225;n &#8212; para nosotros, &#8220;el hermano mayor&#8221; &#8212; que conoce Lanzarote mejor que muchos nacidos all&#237;.<br>Es uno de esos que ha vivido el Ironman aqu&#237; en la piel. Le habr&#237;a gustado estar tambi&#233;n esta vez, pero por varios motivos lo vivir&#237;a desde fuera, como apoyo.</p><p>Nos gui&#243; por todo el recorrido, cont&#225;ndonos cada curva, cada subida, cada punto cr&#237;tico con la calma de quien sabe exactamente de lo que habla.<br>No fue una verdadera inspecci&#243;n del circuito: fue m&#225;s bien un rito.<br>Una forma de reconectar con el porqu&#233; est&#225;bamos all&#237;.</p><p>En un momento nos detuvimos en el Mirador del R&#237;o.<br>Vista incre&#237;ble, viento fuerte, luz perfecta.<br>Sacamos los dorsales y tomamos algunas fotos. Un poco para el recuerdo, un poco para las redes&#8230; pero tambi&#233;n &#8212; y sobre todo &#8212; para nosotros.<br>Para mirarnos a la cara y decirnos, sin decir nada:</p><blockquote><p>&#8220;Estamos realmente aqu&#237;. Est&#225; a punto de suceder.&#8221;</p></blockquote><p></p><p>Fue uno de esos momentos que parecen ligeros, pero que se te quedan dentro.<br>Tambi&#233;n porque, lo sab&#237;amos todos, los d&#237;as tranquilos estaban a punto de acabarse.</p><p></p><div><hr></div><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d3d45beb-0398-4aea-821f-898def0ddfd4_1907x2048.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/35858b65-1d7d-4296-9be4-ee77a7baa5da_3086x2065.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/ba46794e-fa41-401d-a96f-15c5cd84d38e_1720x3059.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/805c1620-7d0c-4c4b-b5cf-7756297d12bb_1456x474.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><h2><strong>Jueves &#8211; Mar en calma, coraz&#243;n en alerta</strong></h2><p>El jueves fue uno de esos d&#237;as pensados para no hacer demasiado.<br>Uno de esos en los que el cuerpo tiene que mantenerse despierto, pero sin agitar las aguas.</p><p>Hicimos una sesi&#243;n de nataci&#243;n en el mar, con neopreno, siguiendo las boyas que ya hab&#237;an colocado para la carrera.<br>Agua clara, olas suaves, ritmo tranquilo.<br>Nos sirvi&#243; para entrar en el contexto, familiarizarnos con la salida&#8230; pero tambi&#233;n para sentirnos parte de algo que estaba tomando forma.</p><p>Despu&#233;s, almorzamos juntos.<br>Se com&#237;a, se re&#237;a, pero se notaba que cada uno ya ten&#237;a la cabeza puesta en lo que estaba por llegar.</p><p>Por la tarde fuimos a ver el merchandising oficial.<br>El t&#237;pico paseo que haces aunque ya sabes que probablemente vas a comprar algo que no necesitas.<br>Pero forma parte del juego, y tambi&#233;n del recuerdo.</p><p>Y luego, un peque&#241;o momento de alarma.</p><p>Estaba revisando la bici y me di cuenta de que los discos de freno rozaban.<br>No mucho, pero lo justo como para que se me encendiera un pensamiento que todos conocemos:</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Y si se va todo al traste por una tonter&#237;a as&#237;?&#8221;</p></blockquote><p>Por suerte, en ese momento estaba Joserra.<br>Tranquilo, l&#250;cido, presente.<br>Nada de dramas: llevamos la bici al mec&#225;nico y en pocos minutos todo estaba arreglado.</p><p>Ese momento me sirvi&#243;.<br>Me record&#243; que, a veces, la diferencia entre el p&#225;nico y la claridad es solo una persona a tu lado que no pierde la calma.</p><h3><strong>Viernes &#8211; El d&#237;a en que lo sientes todo, incluso demasiado</strong></h3><p>El viernes no es la carrera.<br>Pero, en cierto modo, es el d&#237;a m&#225;s emotivo de toda la semana.</p><p>Es un d&#237;a lleno, marcado por peque&#241;os gestos que, sin embargo, tienen un peso enorme:<br>preparar las bolsas, revisar todo una y otra vez, mirar las cosas mil veces aunque ya est&#233;n bien.</p><p>Por la ma&#241;ana empezamos con los preparativos.<br>Revisar la bici, ajustar los &#250;ltimos detalles, decidir qu&#233; meter en cada bolsa.<br>Parece un proceso pr&#225;ctico, pero en realidad es mental: por cada objeto que guardas, se activa un pensamiento.</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Y si tengo fr&#237;o? &#191;Me llevo los manguitos?&#8221;<br>&#8220;&#191;Meto m&#225;s geles en la bolsa de la bici o los llevo ya en los bolsillos?&#8221;<br>&#8220;&#191;Y si llueve?&#8221;</p></blockquote><p>La mente empieza a correr m&#225;s r&#225;pido que las piernas.<br>Y todo eso que hab&#237;as mantenido a raya hasta ese momento &#8212; la tensi&#243;n, el miedo, la expectativa &#8212; empieza a hacerse notar.</p><p>Despu&#233;s se va a la zona de transici&#243;n.<br>Dejas all&#237; la bici, las bolsas tambi&#233;n.<br>Y en el momento en que te alejas, sientes claramente que acabas de dejar algo que ya no est&#225; bajo tu control.</p><p>Recuerdo el silencio.<br>Aunque hab&#237;a mucha gente, todo parec&#237;a ir m&#225;s lento.<br>Cada uno encerrado en sus pensamientos.<br>Cada uno con los ojos llenos de esa pregunta que nadie se atreve a decir en voz alta:</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Estar&#233; realmente preparado?&#8221;</p></blockquote><p>La cena, como cada v&#237;spera de Ironman, es casi un ritual sagrado.<br>Cada uno con su plato, fiel a lo que ha probado durante meses.<br>Pocos cambios, cero riesgos.<br>Es una forma de sentir que a&#250;n tienes el control sobre algo, la &#250;ltima elecci&#243;n antes de entregarte a la carrera.</p><p>Y si prestas atenci&#243;n, te das cuenta de algo:<br>las cenas, a medida que se acerca el d&#237;a de la prueba, se vuelven cada vez m&#225;s silenciosas.<br>No por incomodidad, sino por respeto.<br>Porque cada uno siente que necesita su propio espacio.<br>Y sabe que el otro est&#225; haciendo lo mismo.</p><p>Antes de dormir, Joserra y yo nos dimos un abrazo.<br>Es un gesto que nos acompa&#241;a desde siempre, cada vez que compartimos noche antes de dormir.<br>Pero aquella vez ten&#237;a otro sabor.<br>No hubo muchas palabras.<br>Solo un momento lleno, envuelto en un silencio que lo dec&#237;a todo.</p><p>Despu&#233;s, luces apagadas.<br>Despu&#233;s, la espera.<br>Hab&#237;a llegado el d&#237;a.</p><div><hr></div><h3><strong>S&#225;bado &#8211; La ma&#241;ana de la carrera</strong></h3><p>El d&#237;a de la carrera empieza antes de que suene la alarma.<br>Te despiertas sin saber qu&#233; hora es, pero ya lo sabes:<br>es hoy.</p><p>Lo sientes en el est&#243;mago, en la tensi&#243;n en los hombros, en esa respiraci&#243;n m&#225;s corta que no logras normalizar.<br>Abres los ojos y no hace falta pensar.<br>Solo sabes que ha llegado.</p><p>Me levant&#233; en silencio.<br>En casa todos intentaban no hacer ruido, pero se notaba que ya llev&#225;bamos un buen rato despiertos.<br>Nos cruz&#225;bamos de vez en cuando en la cocina, evitando las miradas demasiado largas:<br>nadie quer&#237;a cargar m&#225;s ese momento.</p><p>Desayuno simple, el de siempre, el probado.<br>Cada gesto era mec&#225;nico, pero tambi&#233;n sagrado.<br>Hay una extra&#241;a solemnidad en los minutos previos a un Ironman, como si cada cosa tuviera un significado m&#225;s profundo:<br>la forma en que untas una rebanada de pan, el tiempo entre un sorbo de agua y otro, el silencio que nadie se atreve a romper.</p><p>Esa ma&#241;ana, todo se sent&#237;a m&#225;s fuerte que de costumbre.</p><p>No era mi primer Ironman.<br>Y sin embargo, ten&#237;a dentro una sensaci&#243;n que me parec&#237;a nueva:<br>un miedo real, casi f&#237;sico.</p><p>No miedo al dolor &#8212; ese ya lo conoces.<br>Sino al contexto.</p><p>Porque Lanzarote no es una carrera como las dem&#225;s.<br>No es uno de esos Ironman que haces para mejorar tu marca.<br>Aqu&#237; vienes a resistir, a escuchar, a sobrevivir.<br>Y, si puedes, a ganar algo por dentro.</p><p>La mente alternaba im&#225;genes: el viento en las subidas, el calor durante la carrera a pie, el mar abierto&#8230;<br>y luego flashes de entrenamientos, de d&#237;as duros, de ese cansancio acumulado durante meses que ahora solo ped&#237;a salir a jugar su parte.</p><p>Lo ten&#237;a todo listo.<br>Hab&#237;a hecho todo lo que deb&#237;a.<br>Pero la verdad es que nunca te sientes realmente listo.</p><p>Y luego llega el momento del tritraje.<br>Te lo pones despacio, con calma.<br>Despu&#233;s, la crema solar: aplic&#225;rtela es casi un acto de cuidado.<br>Es el &#250;ltimo momento en que realmente tienes tiempo para pensar, para darte un segundo.<br>Las manos recorren los hombros, los brazos, la nuca.<br>El cuerpo est&#225; ah&#237;, y t&#250; se lo est&#225;s entregando al d&#237;a m&#225;s largo del a&#241;o.</p><p>Cerr&#233; las bolsas, lo revis&#233; todo al menos tres veces.<br>Luego mir&#233; afuera: a&#250;n era de noche.</p><p>Poco antes de salir de casa, llegaron los dos Rafa.<br>Para distinguirlos, los llamamos as&#237;: Rafa de Lanzarote, para todos Rafuky, y Rafa de Huesca, con su sonrisa buena y esos ojos siempre presentes.</p><p>Dos almas hermosas.<br>Dos personas distintas, pero con algo en com&#250;n:<br>la capacidad de estar, con delicadeza, en el momento justo.</p><p>Sab&#237;amos que durante la carrera ser&#237;an fundamentales.<br>No solo para las cosas pr&#225;cticas &#8212;<br>sino por su mirada, por las palabras adecuadas, por esa forma de transmitir calma incluso cuando te tiemblan las manos.</p><p>Entraron en casa con su energ&#237;a buena.<br>Un abrazo, un par de bromas ligeras, ninguna frase fuera de lugar.</p><p>Estaban all&#237; para acompa&#241;arnos a la zona de transici&#243;n.</p><p>Era hora de salir.</p><p></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;src&quot;:&quot;https://substackcdn.com/image/fetch/w_200,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F77282a27-1ed2-403f-8149-6a370731e587_3402x3024.heic&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d0e5c0f6-cbcd-4c05-83a9-d2d176b25805_3024x4032.heic&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/b7a80626-7649-4f3c-b359-db2f21bd322a_1456x720.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><h3><strong>Zona de transici&#243;n &#8211; El mundo se encoge</strong></h3><p>Llegamos a la zona de transici&#243;n cuando todav&#237;a era de noche.<br>Pero no hac&#237;a falta luz para entender d&#243;nde est&#225;bamos: lo sent&#237;as en los sonidos, en los pasos, en el silencio lleno de gente.</p><p>La m&#250;sica ya sonaba, pero de fondo.<br>Ese tipo de motivaci&#243;n artificial que no entra realmente en la cabeza, porque en ese momento tu cabeza est&#225; en otro sitio.</p><p>Se camina despacio.<br>Algunos bromean. Otros miran al suelo.<br>Todos con sus propias rutinas. Todos trazando su propia l&#237;nea.</p><p>Coloqu&#233; la bici en su sitio.<br>Comprob&#233; la presi&#243;n de las ruedas.<br>Los geles. Las botellas. Las zapatillas.<br>Todo ya hecho cien veces, pero lo haces otra vez, porque ahora cuenta.</p><p>El cielo apenas empezaba a clarear, pero todo parec&#237;a irreal.<br>Cuerpos en tritraje movi&#233;ndose en silencio entre las bolsas, el sonido seco de las calas contra el asfalto, las miradas perdidas de quienes solo est&#225;n hablando consigo mismos.</p><p>En ese momento ya no habl&#225;bamos.<br>Solo nos mir&#225;bamos.<br>Como diciendo: &#8220;A partir de ahora, cada uno va por su camino. Pero estamos aqu&#237;.&#8221;</p><p>Y entonces llega el momento del neopreno.<br>Un gesto lento, preciso.<br>Subes las piernas, ajustas el torso, cierras la cremallera.<br>Y con esa cremallera se cierra tambi&#233;n todo lo dem&#225;s: las dudas, las charlas, las semanas.<br>Queda solo lo que importa: el mar, el cuerpo, la mente.</p><p>Pero antes de ir hacia la salida, hay un momento que ya se ha vuelto tradici&#243;n.<br>Uno de esos que no se saltan.<br>Un c&#237;rculo. Nosotros tres: Tamara, David y yo.<br>Alrededor de Joserra.</p><p>&#201;l habla.<br>Suave. Con ese tono que no fuerza nada, pero que llega directo.</p><p>Nunca es un discurso largo.<br>Pero siempre es el justo.<br>Dice lo que necesitas en ese instante, sin ret&#243;rica.<br>Te toca.<br>Y te hace llorar.</p><p>Aunque no quieras.<br>Aunque intentes aguantar.</p><p>Y siempre pasa igual:<br>nos miramos, cada uno con los ojos h&#250;medos, y no hace falta decir nada m&#225;s.<br>Sabemos lo que viene.</p><p>Un &#250;ltimo abrazo.<br>Y luego, adelante.<br>Hacia la playa.<br>Hacia la salida.</p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;src&quot;:&quot;https://substackcdn.com/image/fetch/w_200,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fd0bd3494-080e-448d-bf2c-e11f1aa1bdc8_4032x3024.heic&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/88492e64-a0bb-4196-aa84-fc83487fd001_1976x3024.heic&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/143c41f5-e5f5-47bb-af34-6debeafe4e0e_1456x720.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><div><hr></div><h3><strong>Nataci&#243;n &#8211; 3,8 km</strong></h3><p>Caminas por la arena y casi no sientes nada.<br>Ni el ruido de la gente.<br>Ni la m&#250;sica.<br>Solo tu respiraci&#243;n y el sonido seco de tus pasos.</p><p>El sol est&#225; a&#250;n bajo, pero la luz ya corta.<br>El mar frente a ti parece plano, pero sabes bien que no lo ser&#225;.<br>Porque Lanzarote nunca regala nada. Ni siquiera en el agua.</p><p>Nos colocamos en la parrilla.<br>&#218;ltimas miradas. &#218;ltimos apretones.<br>Luego, silencio.</p><p>Suena la sirena.<br>Corres hacia el agua.<br>Los pies se hunden en la arena.<br>Luego te lanzas.<br>Y ah&#237; todo cambia.</p><p>Las primeras brazadas son un impacto.<br>El mar es m&#225;s pesado de lo que parec&#237;a.<br>La respiraci&#243;n sube, el pulso tambi&#233;n.<br>Intentas encontrar tu ritmo, pero cuesta.<br>La corriente est&#225; viva.<br>No empuja: tira.<br>Te hace sentir peque&#241;o.</p><p>Los cuerpos alrededor se mueven como olas humanas.<br>A veces te aplastan, a veces est&#225;s solo.<br>La respiraci&#243;n sube, el pulso tambi&#233;n.<br>Y luego, si logras encontrar tu ritmo, llega ese momento extra&#241;o en el que ya est&#225;s dentro.<br>Y ya no est&#225;s reaccionando: est&#225;s nadando.</p><p>Llegas a la <em>Aussie exit</em> &#8212; ese momento en el que sales del agua, corres unos metros por la arena, y te lanzas de nuevo para la segunda vuelta.</p><p>Pero mientras corres por esa lengua de arena, el mundo gira un poco demasiado.<br>Sientes n&#225;useas.<br>El cuerpo a&#250;n est&#225; flotando, pero ahora se ve obligado a ponerse de pie.<br>Las piernas flojas, la respiraci&#243;n desordenada.<br>Te detienes solo con la mirada, miras el reloj.</p><p>M&#225;s lento de lo previsto.<br>Y aunque lo sab&#237;as, aunque lo ten&#237;as en cuenta, igual impacta.<br>La mente empieza a decir: &#8220;Vas atr&#225;s.&#8221;<br>Pero tienes que dejarla hablar, y seguir adelante.</p><p>La segunda vuelta es otra historia.<br>La corriente es m&#225;s fuerte.<br>Las olas te llegan de lado.<br>Te incorporas para buscar la boya, pero no la ves.<br>Una de las boyas se ha movido.<br>Ahora la trayectoria es distinta.<br>M&#225;s larga. M&#225;s ca&#243;tica.</p><p>No puedes hacer nada.<br>Solo aceptarlo.</p><p>Nadas sin saber exactamente cu&#225;nto falta.<br>Solo sabes que tienes que llegar.<br>Y cada brazada es un equilibrio entre potencia y control.</p><p>Finalmente la ves: la &#250;ltima boya.<br>Giras, y te acercas a la orilla.</p><p>El agua se hace m&#225;s baja.<br>Tocas fondo.<br>Te incorporas.<br>Las piernas vacilan.<br>La arena te parece m&#225;s caliente, m&#225;s lejana.</p><p>Pero est&#225;s fuera.<br>El primer cap&#237;tulo est&#225; cerrado.</p><div><hr></div><h3><strong>Bicicleta &#8211; 180 km</strong></h3><h3><strong>De Puerto del Carmen a Uga (~0&#8211;30 km)</strong></h3><p>Salgo de la T1 con la cabeza llena, pero las manos vac&#237;as.<br>Vac&#237;as de excusas, de dudas, de alternativas.<br>Es el momento en el que solo tienes que hacer.</p><p>La bici me espera en pie, como un animal impaciente.<br>Me subo y todo vuelve a empezar.<br>El mundo cambia de ritmo.</p><p>Los primeros metros son raros.<br>A&#250;n tienes sal en la piel, las piernas flojas y la respiraci&#243;n buscando su espacio.<br>Pero algo dentro de ti &#8212; esa parte que sabe &#8212; te dice que est&#225; bien as&#237;.<br>Que siempre es as&#237;.</p><p>El recorrido empieza a subir apenas saliendo de la ciudad.<br>La gente sigue ah&#237;, los gritos se mezclan con el clic de las calas, los pi&#241;ones, los cambios.<br>Pero todo est&#225; desenfocado, amortiguado.</p><p>No buscas est&#237;mulos.<br>Buscas estabilidad.</p><p>El coraz&#243;n sigue alto por la nataci&#243;n, pero no te f&#237;as del dato.<br>Te f&#237;as de las piernas.<br>De la respiraci&#243;n.<br>Del ritmo que conoces.</p><p>El plan es simple:<br>asentar.<br>No apretar.<br>No quemarse.</p><p>Y as&#237; lo hago.</p><p>Cada pedalada es un acto de reenfoque.<br>No pienso en la carrera.<br>No pienso en los kil&#243;metros que faltan.<br>Pienso solo en esto: estoy pedaleando.</p><p>Estoy volviendo a m&#237;.</p><p>El viento se nota, pero es un susurro.<br>Todav&#237;a no es un enemigo.<br>Est&#225; ah&#237;, como diciendo: &#8220;Voy a estar todo el d&#237;a. T&#250; ver&#225;s.&#8221;</p><p>Lo acepto.<br>Lo incluyo en el plan.</p><p>El paisaje empieza a cambiar.<br>Las primeras casas desaparecen, la carretera se abre.<br>Empieza la subida hacia el centro de la isla.<br>Suave. Prolongada.<br>De esas que si la conoces, no te asusta.</p><p>Las piernas se han soltado.<br>La respiraci&#243;n est&#225; en su sitio.<br>La mente, todav&#237;a no.<br>Pero llegar&#225;.</p><p>Bebo.<br>Como algo.<br>Me digo que todo va bien.<br>Porque es verdad.</p><p>Esta es la parte en la que todo parece estar bajo control.<br>Y tal vez lo est&#233;.</p><p>Pero por dentro s&#233; que el verdadero Lanzarote a&#250;n no ha aparecido.<br>Que estos primeros kil&#243;metros son solo una prueba.<br>Una introducci&#243;n.<br>La forma en que la isla te mira y te pregunta:</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Est&#225;s realmente aqu&#237;?&#8221;</p></blockquote><p>Y yo, sin hablar, sigo pedaleando.</p><h3><strong>Lava y asombro</strong><br><strong>Timanfaya (~30&#8211;40 km)</strong></h3><p>Es un cambio sutil, pero n&#237;tido.<br>El paisaje empieza a perder color.<br>El verde desaparece, el marr&#243;n se vuelve negro.<br>Las piedras se transforman en lava, la carretera se convierte en un corte geom&#233;trico en medio de algo que parece antiguo.<br>Es como atravesar otro mundo.</p><p>Estamos en Timanfaya.</p><p>Es aqu&#237; donde entiendes que no est&#225;s simplemente pedaleando en una isla.<br>Est&#225;s cruzando algo que te observa, que te conoce m&#225;s de lo que crees.</p><p>Las piernas a&#250;n responden bien.<br>El cuerpo sigue activo, la mente est&#225; l&#250;cida.<br>Y justo en esa lucidez, llega un pensamiento que no esperabas.</p><blockquote><p>&#8220;Mira d&#243;nde estoy. Estoy haciendo un Ironman. Aqu&#237;. En medio de todo esto. &#191;Cu&#225;ndo habr&#237;a imaginado algo as&#237;?&#8221;</p></blockquote><p>No es euforia.<br>Es gratitud.<br>Cruda. Visceral.<br>Esa sensaci&#243;n profunda de estar dentro de algo grande, que solo en parte tiene que ver con el deporte.</p><p>Bebo. Como algo.<br>El cuerpo sigue claro, pero la mente&#8230;<br>la mente empieza a hacer preguntas.</p><p>Porque en Lanzarote, la belleza nunca es solo belleza.<br>Es una especie de advertencia.</p><p>Te mira directo a los ojos y parece decirte:</p><blockquote><p>&#8220;Te he hecho un regalo. A ver qu&#233; haces con &#233;l, ahora.&#8221;</p></blockquote><p>Y yo, sin saberlo a&#250;n, ya estoy entrando en la parte en la que la carrera deja de ser espect&#225;culo<br>y empieza a volverse prueba.</p><div><hr></div><h3><strong>El juego se pone serio</strong><br><strong>Campos de lava y carretera central hacia Teguise (~40&#8211;65 km)</strong></h3><p>Despu&#233;s de Timanfaya, la carretera no cambia de inmediato.<br>Al contrario, se vac&#237;a a&#250;n m&#225;s.</p><p>Te metes en un corredor amplio y silencioso,<br>donde tus &#250;nicas compa&#241;eras son la lava, el viento y el asfalto cocido por el sol.<br>Es la <em>carretera central</em>, la columna vertebral de la isla.<br>Una l&#237;nea recta, aparentemente inofensiva.<br>Pero larga. Largu&#237;sima.</p><p>Y sobre todo&#8230; expuesta.</p><p>Aqu&#237; el viento es impredecible.<br>Parece venir de todas direcciones: a veces empuja, a veces te frena, otras te golpea de lado.<br>Todav&#237;a no hay r&#225;fagas, pero empieza a querer moverte.</p><p>No hay paisajes que distraigan.<br>No hay tramos t&#233;cnicos que gestionar.<br>Solo est&#225; el tedio de la repetici&#243;n, el peso de la distancia, la pregunta constante:</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Falta mucho para llegar a Teguise?&#8221;</p></blockquote><p>Habr&#225;s recorrido esa misma carretera cien veces entrenando.<br>Pero ahora&#8230; no cuadra.<br>Los kil&#243;metros se sienten m&#225;s largos.<br>El tiempo, m&#225;s lento.<br>El espacio, m&#225;s vac&#237;o.</p><p>Bebo. Como.<br>Reviso los datos.<br>Intento mantener la l&#243;gica.<br>Pero siento que algo est&#225; cambiando.</p><p>Todav&#237;a no es una crisis.<br>Pero el umbral se ha bajado.</p><p>Empiezan las primeras rigideces.<br>Gemelos tensos, manos que se abren y se cierran m&#225;s seguido en el manillar, el sill&#237;n que empieza a incomodar.</p><p>Pero lo que m&#225;s pesa&#8230; es la soledad.</p><p>Est&#225;s all&#237;.<br>Solo.<br>En medio de la lava.<br>Con las piernas girando,<br>y la mente buscando distracciones&#8230; sin encontrarlas.</p><p>Porque Lanzarote no te da excusas.<br>No te da consuelo.<br>Solo te dice:</p><blockquote><p>&#8220;Qu&#233;date. Si puedes.&#8221;</p></blockquote><p>Y entonces te quedas.<br>Porque debes.<br>Porque lo elegiste.<br>Porque es justo aqu&#237; &#8212;<br>en este tramo gris, an&#243;nimo, infinito &#8212;<br>donde empieza la verdadera selecci&#243;n.</p><div><hr></div><h3><strong>La ilusi&#243;n del final</strong><br><strong>Teguise, Teseguite I y subida al Mirador de Har&#237;a (~65&#8211;100 km)</strong></h3><p>Llegas a Teguise y sientes que has conquistado algo.<br>El pueblo es ordenado, silencioso, blanco.<br>La gente es poca, pero est&#225;.<br>Y por un momento crees que, a partir de ah&#237;, todo ser&#225; m&#225;s f&#225;cil.</p><p>Pero es solo una pausa mental.<br>Un falso final.</p><p>Apenas sales del pueblo, la carretera empieza a subir.<br>Luego curva.<br>Y luego&#8230; baja.</p><p>Es el primer paso por Teseguite.<br>Un descenso fluido, por momentos divertido.<br>El viento te empuja, la bici vuela, las piernas giran sueltas.<br>Y por un momento, te relajas.</p><p>Pero lo sabes.<br>Lo sabes perfectamente.<br>Ese tramo, ese mismo,<br>lo har&#225;s dos veces m&#225;s.<br>Y siempre subiendo.<br>Y la segunda ser&#225; contra el viento, en el km 130.</p><p>Finges que no piensas en eso.<br>Finges que &#8220;ya te ocupar&#225;s luego&#8221;.<br>Pero dentro, algo se tensa.</p><p>Por ahora, sigues bajando.</p><div class="native-video-embed" data-component-name="VideoPlaceholder" data-attrs="{&quot;mediaUploadId&quot;:&quot;df372ec3-9e43-4cb9-b139-a611b7058843&quot;,&quot;duration&quot;:null}"></div><p></p><p>Luego, el cambio.<br>Se da la vuelta.<br>La carretera vuelve a subir.</p><p>Una rampa tras otra, sin gran pendiente, pero siempre en ascenso.<br>No hay se&#241;al que avise.<br>No hay curva que indique el inicio.</p><p>Solo est&#225;s dentro.<br>Y ya est&#225;.</p><p>Es el tipo de subida que se te pega lentamente.<br>No muerde, pero desgasta.<br>Las piernas empiezan a endurecerse.<br>El aliento se acorta.</p><p>Y luego, justo cuando crees que la pasaste,<br>empieza la verdadera.</p><p><strong>Mirador de Har&#237;a.</strong></p><p>Una subida que enga&#241;a en cada curva.<br>Cada giro parece el &#250;ltimo.<br>Cada recta parece anunciar la cima.</p><p>Pero la cima&#8230; nunca llega.</p><p>Y mientras subes, sientes que la isla te observa.<br>No te desaf&#237;a de frente.<br>Solo espera a ver si aguantas.</p><p>Porque esto a&#250;n no es lo m&#225;s duro.<br>Pero es el momento en que empiezas a dudar.</p><p>Te miras por dentro.<br>Buscas respuestas.<br>Buscas aliento.<br>Buscas motivos.</p><p>Y entiendes que el verdadero Ironman Lanzarote es ese momento all&#237;,<br>cuando dejas de confiar en la cabeza<br>y empiezas a tener que sentirlo todo.</p><h3><strong>El pu&#241;etazo en la cara</strong></h3><p><em><br><strong>La bajada desde Har&#237;a, el pueblo y el muro de Los Helechos (~100&#8211;110 km)</strong></em></p><p>Despu&#233;s de la larga subida al Mirador de Har&#237;a, llega la bajada.<br>Y es maravillosa.<br>T&#233;cnica, r&#225;pida, pero no cruel.<br>Es uno de esos raros momentos en los que Lanzarote parece decirte:<br>&#8220;Ok, respira. Te lo has ganado.&#8221;</p><p>Bajo sin forzar.<br>La bici corta las curvas con precisi&#243;n.<br>Las manos se relajan un poco.<br>El coraz&#243;n se abre.<br>Sientes que, al menos por unos kil&#243;metros, puedes soltarte.</p><p>Y entonces llegas a Har&#237;a.</p><p>Un pueblo que parece pintado.<br>Casas blancas, gente sentada en los bares, todo detenido en otra &#233;poca.</p><p>Pero en cuanto entras, entiendes que Lanzarote nunca es gratis.</p><p>Har&#237;a es un laberinto de rampas.</p><p>Una tras otra.<br>Cortas, pero reales.<br>Te desgastan con golpes secos, mientras buscas una l&#237;nea, una tregua.</p><p>Y justo cuando crees que ya pasaron&#8230;<br>una curva a la izquierda y ah&#237; est&#225;.</p><p><strong>Los Helechos.</strong></p><p>La conoces.<br>La esperabas.<br>Pero verla ah&#237;, frente a ti,<br>recta, oscura, casi vertical,<br>es otra cosa.</p><p>No es larga.<br>Pero es perra.</p><p>Casi un 20%.<br>Un golpe directo a la cara.</p><p>Fuera del sill&#237;n.<br>Cambio abajo.<br>Cabeza baja.</p><p>Y de pronto, justo en el punto exacto donde m&#225;s lo necesitabas, lo ves.</p><p><strong>Rafuky.</strong></p><p>Sentado sobre un murete, piernas abiertas, mirada fija.<br>All&#237;, esper&#225;ndote.</p><p>Te ve llegar.<br>Sonr&#237;e.<br>Y grita:</p><blockquote><p>&#8220;&#161;Vamos, Ale!&#8221;</p></blockquote><p>Solo eso.<br>Pero vale todo.</p><p>Porque &#233;l lo sabe.<br>Sabe d&#243;nde ponerse, sabe cu&#225;ndo hace falta alguien.<br>Sabe que en ese punto, exactamente ah&#237;,<br>las piernas empiezan a temblar y la cabeza a tambalearse.</p><p>Y el hecho de que est&#233;,<br>de que est&#233; justo ah&#237;,<br>lo cambia todo.</p><p>No aligera la subida.<br>No te da potencia.<br>Pero te recuerda qui&#233;n eres.</p><p>Y entonces aprietas.<br>Con todo.<br>Como si esa voz &#8212; esa presencia &#8212; te hubiera vuelto a alinear.</p><p>Ya no piensas en lo que queda.<br>Solo en no rendirte ahora.</p><p>Y cuando llegas arriba, no te sientes triunfante &#8212;<br>porque sabes que a&#250;n queda mucho &#8212;<br>pero te sientes sobreviviente de otro paso de la isla.</p><div><hr></div><h3><strong>Belleza que conmueve</strong></h3><p><br><em><strong>Mirador del R&#237;o (~108&#8211;112 km)</strong></em></p><p>Tras la &#250;ltima rampa de Har&#237;a, la carretera toma aliento.<br>La vegetaci&#243;n se vuelve m&#225;s escasa, el cielo se abre.<br>Lanzarote vuelve a cambiar.</p><p>Sabes que vas hacia el <em>Mirador del R&#237;o</em>,<br>y algo dentro de ti se endereza.<br>Como si lo supiera de antemano.</p><p>La subida en s&#237;&#8230; no es dura.<br>O quiz&#225; lo sea, pero no te das cuenta.<br>Porque frente a ti tienes uno de los espect&#225;culos m&#225;s absurdos que existen en una carrera.</p><p>El oc&#233;ano.<br>La Graciosa.<br>Un acantilado que parece esculpido.<br>El aire que cambia de aroma.<br>El silencio que se vuelve solemne.</p><p>Durante unos kil&#243;metros, no sientes ni el peso de las piernas,<br>ni el tiempo, ni los kil&#243;metros.<br>Solo sientes que eres afortunado de estar ah&#237;.</p><p>Se te forma un nudo en la garganta.<br>No por el esfuerzo.<br>Sino por la gratitud.</p><p>Porque entiendes que todo esto &#8212;<br>esta carrera, esta isla, esta carretera, esta vista &#8212;<br>es un privilegio.</p><p>No hay ruido.<br>No hay p&#250;blico.<br>Solo t&#250;, la bici, y el mundo abri&#233;ndose bajo tus ruedas.</p><p>Entonces, un flash.<br>Dos atletas parados al borde de la carretera.<br>Uno sentado. Uno tumbado.<br>Respiran con dificultad. Est&#225;n al l&#237;mite.</p><p>Y ah&#237;, un pensamiento te atraviesa como una cuchilla:</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Y si en un rato me pasa a m&#237;?&#8221;</p></blockquote><p>No es miedo.<br>Es conciencia.<br>Un golpe seco que te devuelve al cuerpo.</p><p>Te recolocas en el manillar.<br>Controlas la respiraci&#243;n.<br>Vuelves al presente.</p><p>Porque Lanzarote tambi&#233;n es eso:<br>te conmueve un instante, y justo despu&#233;s te recuerda que sigues en carrera.</p><p>Y mientras subes, ya no sientes solo las piernas empujando.<br>Sientes algo m&#225;s profundo.<br>Como si cada metro aqu&#237; valiera el doble.<br>Como si la isla, por una vez, te estuviera haciendo un regalo.</p><p>Y t&#250;, en silencio, lo aceptas.</p><div><hr></div><h3><strong>Vamos</strong></h3><p><br><em><strong>Descenso y recuerdos inolvidables (~112&#8211;132 km)</strong></em></p><p>Hago un c&#225;lculo. No cient&#237;fico.<br>De esos que salen del instinto.</p><p>S&#233; que Tamara va detr&#225;s de m&#237;.<br>No muy lejos.<br>Y si todo ha ido como creo&#8230; podr&#237;a alcanzarme ahora.</p><p>Estamos m&#225;s all&#225; del Mirador.<br>Hay una bajada t&#233;cnica, r&#225;pida, pero esta vez no la tomo solo.</p><p>Oigo un ruido detr&#225;s, una bici acerc&#225;ndose,<br>y luego&#8230; ah&#237; est&#225;.</p><p>No hace falta hablar.<br>Nos basta una mirada.</p><p>Y luego, un grito.</p><blockquote><p><strong>&#8220;&#161;VAMOS!&#8221;</strong></p></blockquote><p>Lo gritamos los dos.<br>No es un &#225;nimo.<br>Es una explosi&#243;n.</p><p>Bajamos.<br>Cada uno en su l&#237;nea.<br>Cada uno en su concentraci&#243;n.<br>Pero juntos.</p><p>Y es curioso c&#243;mo, en medio de la carrera m&#225;s dura,<br>cuando las energ&#237;as empiezan a caer,<br>puedes sentirte tan vivo.<br>En el filo.<br>A ochenta por hora.<br>Sin frenos &#8212; ni mec&#225;nicos, ni mentales.</p><p>Y justo cuando la bajada se calma,<br>cuando volvemos al tramo m&#225;s llano y empieza otra subida&#8230;<br>sucede otra cosa.</p><p><strong>Los nuestros.</strong><br>Los amigos. La familia.<br>Manos extendidas. Gritos. Sonrisas que has visto mil veces.<br>Un muro de energ&#237;a que te atraviesa.</p><p>Un momento.<br>Solo un instante.</p><p>Pero tan perfecto que parece imposible.</p><p>Porque si lo piensas&#8230;<br>las probabilidades de que dos personas pedaleen juntas, en el mismo segundo, en un Ironman,<br>y justo en ese punto, donde est&#225;n todos&#8230;<br>son rid&#237;culas.</p><p>Tan bajas que no parecen reales.</p><p>Y entonces lo entiendes.</p><p>No fue una coincidencia.<br>Fue un regalo.</p><p>Uno de esos que la vida te hace sin avisar.<br>Uno de esos que se quedan incluso cuando todo lo dem&#225;s se borra.</p><p>No hablamos.<br>No bajamos el ritmo.<br>No nos giramos.</p><p>Pero por dentro, los dos lo sabemos:</p><blockquote><p><strong>pase lo que pase de aqu&#237; al final&#8230; esto nos lo llevaremos siempre.</strong></p></blockquote><p></p><div class="native-video-embed" data-component-name="VideoPlaceholder" data-attrs="{&quot;mediaUploadId&quot;:&quot;8d4137c5-54ef-49d0-9403-00cd0857c516&quot;,&quot;duration&quot;:null}"></div><p></p><p></p><h3><strong>La sombra</strong></h3><p><br><em><strong>Teseguite II, tramo solitario y mental (~132&#8211;140 km)</strong></em></p><p>Tamara se aleja.<br>No es un ataque.<br>Es una separaci&#243;n sutil, como una goma que se estira y luego se rompe.</p><p>Y por un momento, lo pienso.<br>En apretar.<br>En quedarme ah&#237;.<br>En arriesgar un poco m&#225;s ahora para reencontrarnos en la T2, y quiz&#225; empezar la marat&#243;n codo a codo.<br><strong>&#191;No ser&#237;a una bonita manera de afrontar la &#250;ltima parte?</strong></p><p>Pero enseguida, dentro, llega la respuesta.<br>No.<br>Hoy no.<br>No as&#237;.</p><p>Siento que no ser&#237;a inteligente.<br>Que ser&#237;a una elecci&#243;n hecha por impulso, no con claridad.<br>Y hoy &#8212; m&#225;s que nunca &#8212; hay que elegir bien.</p><p>As&#237; que la dejo ir.</p><p>Y con ella alej&#225;ndose poco a poco,<br>empieza la parte m&#225;s dura.</p><p>Teseguite, segunda vez.<br>En subida.<br>Contra el viento.<br>Sin nadie.</p><p>La carretera es la misma de antes.<br>Pero parece otra.</p><p>Y el viento, ahora, ya no es compa&#241;&#237;a.<br>Es muro.<br>Fuerte. Constante.<br>Te corta la cara, te rompe el ritmo, te vac&#237;a la mente.</p><p>Empiezas a mirar el GPS demasiado a menudo.<br>A hacer c&#225;lculos in&#250;tiles.<br>A preguntarte si lo est&#225;s perdiendo todo.<br>Si est&#225;s yendo lo bastante fuerte.<br>Si todav&#237;a tienes algo que dar.</p><p>Cada pedalada se parece a la anterior.<br>Y sin embargo, se siente m&#225;s pesada, m&#225;s lenta, m&#225;s agotadora.</p><p>Y es ah&#237; donde se abre la oscuridad.</p><p>No esa espectacular de las crisis de manual.<br>Sino una m&#225;s sutil, m&#225;s real.<br>La oscuridad hecha de dudas peque&#241;as que se vuelven gigantes.</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Y si me estoy hundiendo?&#8221;<br>&#8220;&#191;Y si me pas&#233; antes?&#8221;<br>&#8220;&#191;Y si ya no puedo m&#225;s?&#8221;</p></blockquote><p>Intento traerme al presente.<br>Quedarme.<br>Sentir.<br>No escapar.</p><p>Y me acuerdo de cu&#225;ntas veces, entrenando, pens&#233; en esta subida.<br>En este tramo exacto.<br>En cuando lo enfrentar&#237;a durante el Ironman.</p><blockquote><p>&#8220;Piensa en cuando est&#233;s ah&#237;, con el dorsal puesto.&#8221;</p></blockquote><p>Y ahora estoy.<br>Estoy dentro.<br>Y duele.<br>Pero tambi&#233;n tiene sentido.</p><p>Es la parte que no se fotograf&#237;a.<br>Que no se cuenta, que no se aplaude.</p><p>Pero es ah&#237; donde se mide qui&#233;n eres.</p><p>Y yo me quedo.<br>En silencio.<br>Con esfuerzo.<br>Pero me quedo.</p><div><hr></div><h3><strong>El regreso</strong></h3><p><br><em><strong>Teguise, Carretera Central, bucle en los campos de lava y llegada a T2 (~140&#8211;180 km)</strong></em></p><p>Cuando vuelves a Teguise, despu&#233;s de la segunda subida de Teseguite, por un instante crees estar cerca.<br>La luz es distinta.<br>El trazado tiene un aire m&#225;s familiar.<br>Tienes esa sensaci&#243;n sutil de que algo est&#225; terminando.</p><p>Pero Lanzarote nunca termina cuando t&#250; crees.</p><p>Vuelves a tomar la <em>carretera central</em> con la esperanza de ver &#8212; o al menos sentir &#8212; la bajada hacia Puerto del Carmen.<br>No se ve.<br>Pero est&#225; ah&#237;, en alguna parte.<br>La intuyes.</p><p>Solo que antes&#8230; hay una &#250;ltima trampa.</p><p>Un desv&#237;o.<br>Un bucle final de once kil&#243;metros.<br>Ida y vuelta.<br>En medio de los campos de lava.</p><p>Y el primer tramo es el peor.<br>Contra el viento.<br>Recto.<br>Desierto.<br>Sin un punto de referencia.<br>Solo t&#250; y el ruido sordo del viento empuj&#225;ndote hacia atr&#225;s.</p><p>Es un mazazo, lo sabes.<br>Lo hiciste mil veces entrenando.<br>Pero aqu&#237;&#8230; es distinto.</p><p>Aqu&#237; est&#225;s vac&#237;o.<br>Has dado mucho.<br>Y ahora tienes que dar m&#225;s.</p><p>Las piernas ya no tienen brillo.<br>La mente ya no tiene excusas.<br>Solo queda fuerza bruta.<br>Un metro a la vez.</p><p>Luego, al fondo, la curva.<br>El <em>turn-around</em>.<br>El momento que te devuelve hacia casa.</p><p>Y justo ah&#237;,<br>sentado en el borde de la lava, como si hubiera nacido all&#237;,<br>est&#225; <strong>Rafuky</strong>.</p><p>Otra vez.<br>Como un faro.<br>Como si lo supiera todo desde antes.</p><p>Un grito:</p><blockquote><p><strong>&#8220;&#161;Vamos Ale, ya est&#225;!&#8221;</strong></p></blockquote><p>&#8220;<em>Ya est&#225;.</em>&#8221;<br>Est&#225; hecho.</p><p>A&#250;n no lo est&#225;.<br>Pero lo estar&#225;.<br>Porque ahora yo tambi&#233;n lo s&#233;.</p><p>El viento ahora sopla a favor.<br>La bici vuelve a coger velocidad.<br>El cuerpo est&#225; vac&#237;o, pero presente.</p><p>Bajas hacia Puerto del Carmen.<br>Las casas reaparecen, la gente se hace notar.<br>El mar brilla.</p><p>Y luego, la curva final.<br>T2.</p><p>Bajo.<br>Las manos tiemblan.<br>Las piernas tambi&#233;n.<br>La multitud grita, pero yo solo oigo mi coraz&#243;n.</p><p>No s&#233; c&#243;mo ser&#225; la marat&#243;n.<br>Pero s&#233; una cosa:<br><strong>llego con todo lo que tengo.</strong></p><div><hr></div><h3><strong>T2: La l&#237;nea que a&#250;n no es tuya</strong></h3><p>Bajo de la bici, pero ya no me siento atleta.<br>Por unos segundos, no me siento nada.</p><p>Hace calor.<br>Un calor que cae de golpe, como si alguien hubiera subido de repente el volumen del sol.<br>Miro a mi alrededor, pero todo est&#225; borroso.<br>Pura desorientaci&#243;n.</p><p>Y entonces llega el otro golpe.</p><p><strong>El pie.</strong><br>Un dolor seco, brutal.<br>Me desgarra el metatarso como si algo se hubiera roto, o aplastado demasiado tiempo.<br>Probablemente culpa del boa demasiado apretado.</p><p>Camino cojeando.<br>Me pongo las zapatillas de correr con la misma delicadeza con la que se toca una herida abierta.<br>Pero el dolor&#8230; no se va.</p><p>Empiezo a pensar cosas que no deber&#237;a.</p><blockquote><p>&#8220;&#191;Y si ni siquiera puedo empezar?&#8221;<br>&#8220;&#191;Y si este pie realmente me frena?&#8221;<br>&#8220;No puede terminar as&#237;.&#8221;</p></blockquote><p>Salgo de la carpa.<br>Zapatillas puestas, el pie todav&#237;a ardiendo,<br>y frente a m&#237;&#8230; la <em>finish line</em>.</p><p>La miras.<br>La sientes.<br>La imaginas.</p><p>Pero no es tuya.<br>Todav&#237;a no.</p><p>Tienes que ir a por ella.<br>Con 42 kil&#243;metros por delante.<br>Con el pie que quema, con la cabeza que tambalea.</p><p>La gente grita.<br>&#8220;&#161;Let&#8217;s go!&#8221;<br>&#8220;&#161;Almost there!&#8221;</p><p>No lo saben.<br>No tienen ni idea.</p><p>No est&#225;s &#8220;casi ah&#237;&#8221;.<br>Est&#225;s casi roto.</p><p>Pero vas.<br>Porque es ah&#237; donde se decide todo.<br>No en la l&#237;nea de meta.<br>Sino justo antes.<br>Cuando tienes todas las excusas para rendirte,<br>y no usas ni una.</p><h3><strong>It&#8217;s On</strong></h3><p><em><br><strong>De la T2 a Playa Honda &#8211; El pie que se cura, la cabeza que se enciende (~km 0&#8211;8)</strong></em></p><p>Empiezo a correr con el cuerpo torcido y la cabeza llena de dudas.<br>El pie late.<br>El sol golpea.<br>Y yo ni siquiera s&#233; si llegar&#233; al primer avituallamiento.</p><p>Doscientos metros.<br>Quinientos.<br>El primer kil&#243;metro.</p><p>Y entonces pasa algo.</p><p>El dolor en el pie desaparece.<br>Desaparece de verdad.<br>Como si nunca hubiera existido.<br>Nada de presi&#243;n.<br>Nada de pinchazos.<br>Solo el sonido de las zapatillas sobre el asfalto y los latidos sincronizados con el paso.</p><p>Y ah&#237;, dentro de m&#237;, se activa una voz.<br>No es un pensamiento.<br>Es un impulso.</p><blockquote><p><strong>&#8220;It&#8217;s on.&#8221;</strong></p></blockquote><p>La carrera no es ligera, pero fluye.<br>El ritmo est&#225;.<br>La cabeza es clara.<br>La marat&#243;n ya no asusta.<br>Es m&#225;s&#8230; por primera vez, <strong>la quiero</strong>.</p><p>Puerto del Carmen se aleja detr&#225;s.<br>El ruido de la <em>finish line</em> se disuelve.<br>El mar queda a la derecha, constante.<br>La carretera se abre, se extiende.</p><p>Pasamos frente al aeropuerto.<br>Lo has recorrido mil veces.<br>Aqu&#237; el viento sopla en contra, pero sabes que cuando vuelvas y lo tengas a favor&#8230; <strong>lo echar&#225;s de menos</strong>.<br>Los corredores empiezan a dosificar.<br>Algunos ya caminan.<br>Otros se dan palmaditas.<br>Yo no hablo.<br>Escucho.</p><p>Cada gesto del cuerpo es una se&#241;al.<br>Cada silencio, una decisi&#243;n.</p><p>Bebo.<br>Me mojo la cabeza.<br>Corro.</p><p>Y entonces, Playa Honda se empieza a acercar&#8230;</p><div><hr></div><h3><strong>Playa Honda</strong></h3><p><br><em><strong>El paso frente a la casa de la abuela (~km 8&#8211;11)</strong></em></p><p>Cuando entro en Playa Honda, todo cambia.<br>No por el paisaje.<br>Porque <strong>aqu&#237; he vivido</strong>.<br>Aqu&#237; pas&#233; las vacaciones.<br>He corrido y pedaleado cada metro de este paseo mar&#237;timo.</p><p>Aqu&#237; no estoy solo corriendo una marat&#243;n.<br><strong>Estoy regresando.</strong></p><p>Cada paso me lleva a recuerdos precisos.<br>La calle, los bares, la playa.<br>La luz que en diciembre siempre parec&#237;a m&#225;s suave.<br>Entrenar aqu&#237; era un ritual.<br>Una pausa de invierno.<br>Una burbuja.</p><p>Ah&#237; est&#225; la casa.<br>Blanca, la de siempre.<br>Con el balconcito a ras de arena,<br>donde mi abuela me esperaba sentada sobre el muro.</p><p>La ves en un segundo,<br>y en ese segundo, <strong>algo se te derrumba por dentro</strong>.</p><p>Intentas no mirar.<br>Pero luego miras.<br>Solo un instante.</p><p>El nudo en la garganta llega al momento.<br>Seco.</p><p>Y con &#233;l, una imagen:<br>ella, sentada en el muro,<br>esper&#225;ndome despu&#233;s de los entrenos largos en bici.<br>Siempre con la misma mirada: entre preocupaci&#243;n y orgullo.<br>Dec&#237;a que eran demasiado duros, demasiado peligrosos, que estaba loco.<br>Pero despu&#233;s&#8230; me llenaba de comida como si volviera de la guerra.</p><p>Suelto un suspiro, pero no es solo aire.<br><strong>Es algo que se mueve por dentro.</strong><br>Algo que se suelta.</p><p>Las l&#225;grimas suben.<br>Las siento en los ojos.<br>Listas.</p><p>Pero las detengo.<br>No las dejo salir.<br><strong>A&#250;n no.</strong></p><p>Porque s&#233; que si empiezo ahora&#8230; no paro m&#225;s.<br>Y <strong>no es el momento.</strong></p><p>El momento vendr&#225;.<br>All&#237;.<br>Frente a la <em>finish line</em>.</p><p>Ahora no.</p><p>Ahora solo tienes que mantener el paso.<br>Porque a&#250;n queda mucha carretera.<br>Y ella&#8230; esto lo entender&#237;a.</p><div><hr></div><h3><strong>&#8220;Demasiado f&#225;cil&#8221;</strong></h3><p><br><em><strong>De Playa Honda a la media marat&#243;n (~km 11&#8211;21)</strong></em></p><p>Apenas dejas Playa Honda, algo cambia.</p><p>El tramo siguiente es el aeropuerto, otra vez.<br>Dos kil&#243;metros y medio rectos, largos,<br>con el viento finalmente a favor.</p><p>Pero la paradoja es que no lo quieres.<br>Lo querr&#237;as en contra.<br>Porque al menos, <strong>lo sentir&#237;as.</strong></p><p>As&#237;&#8230; no hay aire.<br>Solo sol.<br>Sol que quema.<br>Reflejos que cortan.<br>El asfalto parece carb&#243;n.<br>Cada paso chispea.</p><p>Es la primera parte verdaderamente dura de la marat&#243;n.<br>La que te devuelve a la realidad.<br>La que te recuerda <strong>d&#243;nde est&#225;s</strong>.</p><p>Hasta ese momento, estabas demasiado bien.<br><strong>Demasiado.</strong></p><blockquote><p>&#8220;Me parece demasiado f&#225;cil.&#8221;</p></blockquote><p>Era el pensamiento que no pod&#237;as sacar.<br>Lo ten&#237;as ah&#237;, al fondo, como una sombra.<br>Porque aunque pueda parecer reconfortante&#8230;<br>en realidad, <strong>da miedo.</strong></p><p>Porque sabes que esta carrera <strong>no regala nada</strong>.<br>Y sabes que en cuanto bajas el respeto,<br><strong>te castiga.</strong></p><p>Correr y sentirse bien, aqu&#237;, no siempre es bendici&#243;n.<br>A veces es ilusi&#243;n.<br>Una trampa.</p><p>Intentas mantenerte presente.<br>Controlas la respiraci&#243;n.<br>Bebes.<br>No piensas en la segunda mitad.</p><p>Y entonces&#8230;<br>casi a medio camino entre Matagorda y la <em>finish line</em>,<br>en el avituallamiento, ah&#237; est&#225; &#233;l.</p><p><strong>Rafa de Huesca.</strong></p><p>Una sonrisa.<br>Una mirada segura.<br>Un punto fijo que <strong>se volver&#225; cada vez m&#225;s importante en cada vuelta.</strong></p><p>Lo ves, te extiende una esponja o una botella,<br>y por un instante, <strong>todo se estabiliza</strong>.<br>No hace falta hablar.<br>Est&#225;.</p><p>Y ahora ya est&#225;s all&#237;.<br>En el <em>turnaround</em>.<br>Has cerrado la media marat&#243;n.</p><p>21 kil&#243;metros atr&#225;s.<br>21 por delante.</p><p>Pero ahora ese pensamiento ya no est&#225;.</p><p>Ya no te parece f&#225;cil.<br><strong>Te parece Lanzarote.</strong></p><h2><strong>El apag&#243;n</strong></h2><p><br><em><strong>Km 25</strong></em></p><p>Iba corriendo. Km 25.<br>Todo iba, en el fondo, bastante bien.<br>5'20/km, el calor era soportable.</p><p>Luego, en el km 26, se detuvo todo.<br>Sin aviso. Sin s&#237;ntomas.<br>Solo fin.</p><p>No fue un dolor. No fue un calambre.<br>Fue la nada.</p><p>El est&#243;mago se cerr&#243;.<br>La respiraci&#243;n se acort&#243;.<br>El cuerpo se vaci&#243;.<br>Me apagu&#233;.</p><p>Sin hambre.<br>Sin sed.<br>Sin agarraderas.<br>Solo vac&#237;o.</p><p>Y lo entiendo. Lo siento.<br>S&#233; que no volver&#233; a correr.</p><p>Pero no logro aceptarlo.<br>No ah&#237;.<br>No as&#237;.</p><p>Camino.<br>Pero por dentro, sigo buscando una explicaci&#243;n.<br>Un error.<br>Una se&#241;al.<br>Algo.</p><blockquote><p><strong>&#8220;&#191;Por qu&#233;?&#8221;</strong></p></blockquote><p>No la encuentro.<br>Y eso es lo que m&#225;s duele.<br>No el caminar.<br>El no entenderlo.</p><p>Soy consciente de lo que est&#225; pasando,<br>pero no lo acepto.</p><p>Es demasiado absurdo.<br>Demasiado tajante.<br>Demasiado vac&#237;o para creerlo de verdad.</p><p>Pero nada cambia.</p><p>Desde ah&#237;,<br>la carrera se termin&#243;.<br>Y empez&#243; otra cosa.</p><div><hr></div><h2><strong>Soledad l&#250;cida</strong></h2><p><br><em><strong>(~km 26&#8211;31)</strong></em></p><p>Camino sin saber bien d&#243;nde mirar.<br>Delante, la carretera es siempre la misma.<br>Alrededor, todo se repite.<br>Pasos, voces, vallas, manos extendidas, gente que corre,<br>alguien que camina como yo...<br>pero <strong>yo me siento solo</strong>.</p><p>No es una soledad triste.<br>Es limpia.<br>Clara.<br>Vaciada.</p><p>Ya no estoy corriendo una carrera.<br>Ya no persigo un tiempo.<br>Ya no busco nada.</p><p>Me miro por dentro y no encuentro rabia.<br>No encuentro frustraci&#243;n.<br>Solo una especie de vac&#237;o mental.<br>Como si todo se hubiera detenido ah&#237;, en el km 26,<br>y ahora solo estuviera arrastrando el cuerpo hacia el final.</p><p>Cada kil&#243;metro es id&#233;ntico.<br>No hay zancada.<br>Solo presencia.</p><p>Pienso.<br>Pero no en cosas importantes.<br>No en lecciones.<br>No en frases &#233;picas.</p><p>Solo en lo que hice.<br>En lo cerca que estuve.<br>En lo mucho que no consigo creerlo.</p><p>Camino, y a veces siento la tentaci&#243;n de intentarlo.<br>De arrancar.<br>Pero no se puede.<br>Lo s&#233;.</p><p>No hay ni un solo m&#250;sculo en el cuerpo<br>que est&#233; esperando una se&#241;al.<br><strong>Todo est&#225; apagado.</strong></p><p>As&#237; que sigo.<br>Porque detenerme no tendr&#237;a sentido.<br>Y porque, en el fondo,<br>algo en m&#237; <strong>todav&#237;a quiere llegar</strong>.</p><p>Ya no por el tiempo.<br>Ya no por la actuaci&#243;n.<br>Solo por respeto.</p><p>Por Lanzarote.<br>Por todo lo que le puse.<br>Y, en el fondo,<br>tambi&#233;n por m&#237;.</p><div><hr></div><h3><strong>El punto de quiebre</strong></h3><p><br><em><strong>(~km 31)</strong></em></p><p>Me acerco al punto donde s&#233; que estar&#225;n esper&#225;ndome todos.<br>Es el <em>turnaround</em>, justo antes de la &#250;ltima vuelta.<br>Los veo a lo lejos.<br>Los reconozco enseguida.<br>Y entre todos, veo a Ivan.<br><strong>Mi &#8216;&#8216;hermano mayor&#8217;&#8217;.</strong></p><p>No hace falta que diga nada.<br>Nos leemos de siempre.<br>Y ahora, <strong>me lee antes de que llegue</strong>.<br>Me detengo.<br>Me acerco.<br>Lo abrazo.</p><p>Y ah&#237; me derrumbo.</p><p>Lloro.<br>De golpe.<br>Sin resistencia.<br>Las l&#225;grimas suben desde dentro, sin aviso, sin forma de frenarlas.<br>Como si hubieran estado all&#237; durante kil&#243;metros, listas, contenidas a la fuerza,<br>esperando solo <strong>un lugar seguro donde salir</strong>.<br>Y &#233;l es ese lugar.</p><p>Ni intento explicarme.<br>No hace falta.</p><p>Las manos sobre m&#237;, la frente que se apoya.<br>La voz no sale, pero <strong>todo est&#225; claro</strong>.</p><p>Se acab&#243;.<br>Ya no correr&#233; m&#225;s.<br>No tengo m&#225;s.<br>No queda nada.</p><p>Lo s&#233; yo.<br>Y lo sabe &#233;l.<br>No hace falta decir m&#225;s.</p><p>Veo a mi madre.<br>Su mirada es tensa.<br>No pregunta nada, pero lo entiendo todo.<br>Me mira como diciendo &#8220;&#191;Puedes?&#8221;,<br>pero no lo dice.</p><p>No logro decirle nada, pero dentro algo se mueve.<br>Una responsabilidad.<br>Un cuidado.</p><p>S&#233; que tengo que hacerle saber que estoy bien.<br>Que aunque camine, aunque est&#233; destrozado,<br><strong>sigo en pie</strong>.</p><p>Un poco m&#225;s adelante, a mitad de la vuelta, encuentro a Rafa de Huesca.<br>Me acerco.<br>Lo detengo.<br>Le hablo.</p><blockquote><p><strong>&#8220;Hazle saber que estoy bien, por favor. Dile que todo est&#225; bien. Solo&#8230; hoy ya no tengo m&#225;s.&#8221;</strong></p></blockquote><p>&#201;l asiente.<br>No dice nada m&#225;s.<br>Solo un gesto.<br>Una mirada que no pesa.<br>Sin pena.<br>Sin necesidad de consuelo.</p><p>Con respeto.</p><p>Y sigo.</p><div><hr></div><h3><strong>Los &#250;ltimos 7 kil&#243;metros </strong></h3><p>Quedan unos siete kil&#243;metros.<br>Ya es de noche.<br>La luz c&#225;lida de la tarde se ha ido.<br>El sol ha bajado y ha dejado solo silencio, viento, y un fr&#237;o que se mete bajo la piel.</p><p>Tengo fr&#237;o.<br>Y no es solo el fr&#237;o de la noche.<br>Es <strong>ese fr&#237;o que llega cuando el cuerpo ha terminado</strong>.</p><p>El sudor ya no se seca.<br>La camiseta est&#225; pegada al cuerpo,<br>y cada paso es una forma de mantener unidas las piezas que quedan.</p><p>Entonces veo a Ivan acercarse.<br>Camina.<br>Como si nos hubi&#233;ramos dado cita justo en ese punto del mundo.</p><p>Se pone a mi lado.<br>No habla enseguida.<br>Camina conmigo.<br>A unos pasos de distancia.</p><p>Despu&#233;s de unos minutos, rompo el silencio.<br>Con una voz baja, seca.</p><blockquote><p><strong>&#8220;Al final&#8230; hay sitios peores para darse un paseo.&#8221;</strong></p></blockquote><p>Compartimos una sonrisa a medias.<br>Luego volvemos al silencio.</p><p>Pero no pesa.<br>Est&#225; bien.</p><p>Caminamos.<br>A veces nos decimos algo.<br>Frases cortas.<br>Cansadas.<br>Como:<br>&#8220;Ya casi.&#8221;<br>&#8220;Ahora solo queda llegar.&#8221;<br>O a veces, nada.</p><p>A veces solo suenan las zapatillas.<br>A veces, solo los respiros.<br>A veces, solo esa sensaci&#243;n de que <strong>no hace falta decir nada.</strong></p><p>Caminamos.<br>La noche ha ca&#237;do por completo.<br>Las luces iluminan por tramos.<br>Las sombras son largas, inm&#243;viles.<br>Ya no parece una carrera.<br>Parece otro tiempo.</p><p>Y ah&#237; ocurre algo que no olvidar&#233;.</p><p>La gente a los lados del recorrido,<br>los que a&#250;n est&#225;n ah&#237;,<br><strong>ya no gritan.</strong><br>Ya no animan como antes.</p><p>Miran.</p><p>Y cuando miran,<br>no hay pena en sus ojos.<br><strong>Hay respeto.</strong></p><p>Te ven caminar.<br>Roto, destruido, pero en pie.<br>Y entonces se acercan.<br>Te chocan la mano.<br>Te dicen &#8220;<em>respect</em>&#8221;.<br>O solo te miran, con una sonrisa leve.</p><p>Y ah&#237;, algo cambia.</p><p>Camino con m&#225;s dignidad.<br>No para salvar la cara.<br>Sino porque <strong>ellos lo merecen</strong>.</p><p>Camino con la cabeza alta.<br>No por orgullo.<br>Sino <strong>por ellos</strong>.</p><p>Porque si quien est&#225; afuera me regala respeto,<br><strong>lo m&#237;nimo que puedo hacer es mantenerme en pie tambi&#233;n por ellos.</strong></p><p>Los &#250;ltimos kil&#243;metros pasan as&#237;.<br>Lentos.<br>Fr&#237;os.<br>Silenciosos.<br>Pero verdaderos.</p><p>Y al final,<br>la <em>finish line</em> llega.<br>Lejana primero.<br>Luego m&#225;s cerca.<br>Hasta estar ah&#237;, delante.</p><p>Ivan se separa.<br>No dice nada.<br>Solo baja el paso.<br>Hace un leve gesto con la cabeza.<br>Como diciendo:</p><blockquote><p><strong>&#8220;Ve. Este trozo es tuyo.&#8221;</strong></p></blockquote><p>Y voy.<br>No corro.<br>No aprieto los dientes.</p><p>Camino.</p><h3><strong>Cap&#237;tulo final</strong></h3><p>Cuando llego a la vista de la <em>finish line</em>,<br>por un instante se me pasa por la cabeza correr.<br>Hacer esos &#250;ltimos cincuenta metros por orgullo,<br>por quien est&#225; mirando,<br>por salvar algo.</p><p>Pero no.<br><strong>No tiene sentido.</strong><br><strong>No ser&#237;a verdad.</strong></p><p>No despu&#233;s de todo lo que he vivido.<br>No despu&#233;s de haber caminado diecis&#233;is kil&#243;metros en la oscuridad,<br>con el fr&#237;o en la piel y el vac&#237;o por dentro.</p><p>Decido caminar.<br><strong>Tambi&#233;n aqu&#237;.</strong><br>Hasta el final.<br>Por respeto.</p><p>Por m&#237;.<br>Por todo lo que ha pasado desde aquel maldito km 26,<br>y por todas las personas que me miraron con respeto<br><strong>incluso mientras caminaba.</strong></p><p><strong>A la derecha est&#225; Rafuky.</strong><br>Lo reconozco al instante.<br>Me espera quieto, con los ojos llenos.<br>Se acerca.</p><p><strong>Nos abrazamos.</strong><br>Fuerte.<br>Sin palabras.</p><p>Luego vuelvo a caminar.<br><strong>Los &#250;ltimos metros.</strong></p><p>Y en la l&#237;nea, lo veo.<br><strong>Joserra.</strong></p><p>Quieto.<br>De pie a pocos pasos del arco de meta.<br>Me espera.</p><p>Nos abrazamos fuerte.<br>Con cari&#241;o.<br>Con fuerza.</p><p>Y en ese abrazo,<br><strong>me dejo ir.</strong></p><blockquote><p>Es el abrazo que estaba esperando desde hac&#237;a horas.<br>D&#237;as.<br>Meses.</p></blockquote><p>Uno de esos abrazos en los que querr&#237;as desaparecer.<br>Fundir todo lo que eres con alguien que ha visto cada pedazo de tu camino.<br>Y que sabe.<br>Sin preguntar.<br>Sin hablar.</p><p>Luego nos soltamos.<br>Y con un gesto simple,<br><strong>me cuelga la medalla.</strong></p><p>No decimos ni una palabra.<br>Pero no hace falta.</p><p><strong>Todo ya se ha dicho.</strong><br>Sin voz.<br>Con presencia.</p><p>Junto a &#233;l est&#225; <strong>Tamara</strong>.<br>Ella tambi&#233;n est&#225; all&#237;.<br>Ella tambi&#233;n me mira con ojos que entienden.<br>Otro abrazo.<br>Fuerte.<br>Necesario.<br>El que cierra el c&#237;rculo.</p><p>Y en ese momento,<br>bajo la luz tibia de la <em>finish line</em>,<br><strong>siento que por fin puedo detenerme.</strong></p><div class="native-video-embed" data-component-name="VideoPlaceholder" data-attrs="{&quot;mediaUploadId&quot;:&quot;8b226f62-13fe-4526-be26-04a09e73e288&quot;,&quot;duration&quot;:null}"></div><div class="native-video-embed" data-component-name="VideoPlaceholder" data-attrs="{&quot;mediaUploadId&quot;:&quot;cf083958-6cf7-4ce8-8f82-4e1435110e46&quot;,&quot;duration&quot;:null}"></div><div class="native-video-embed" data-component-name="VideoPlaceholder" data-attrs="{&quot;mediaUploadId&quot;:&quot;f3e29384-3e24-46b4-8202-209e54eaf082&quot;,&quot;duration&quot;:null}"></div><p></p><div><hr></div><h3><strong>Y luego quedas t&#250;</strong></h3><p>Al final de todo,<br>cuando el cuerpo se sienta,<br>cuando los aplausos se apagan,<br>cuando la <em>finish line</em> ya queda a tu espalda,<br><strong>quedas t&#250;.</strong></p><p>T&#250;, con lo que atravesaste.<br>Con lo que perdiste.<br>Y con lo que, sorprendentemente,<br><strong>sigui&#243; en pie.</strong></p><p>Est&#225; tu nombre escrito en una medalla.<br>Est&#225; tu sudor seco en la piel.<br>Est&#225; tu historia.</p><p>Y sobre todo,<br>est&#225;n las personas que caminaron contigo<br>cuando t&#250; ya no pod&#237;as correr.<br>Que te esperaron en la l&#237;nea.<br>Que te recogieron en silencio,<br><strong>sin pedir nada.</strong></p><p>Ha pasado un a&#241;o.<br>Y s&#237;, hoy puedo decir que estoy orgulloso.<br>Porque llegar al final, en esas condiciones,<br>fue un acto de voluntad.<br>De dignidad.<br>De verdad.</p><p>Pero no miento:<br>una parte de m&#237; <strong>sigue vi&#233;ndolo como una herida.</strong></p><p>Una de esas que ya no arden cada d&#237;a,<br>pero que, si las miras bien,<br><strong>todav&#237;a laten bajo la piel.</strong></p><p>Escribir estas l&#237;neas no ha sido f&#225;cil.<br>No lo fue hace un a&#241;o.<br>No lo es ahora.<br><strong>Quiz&#225; nunca lo sea del todo.</strong></p><p>Pero hab&#237;a que hacerlo.<br>Para honrar lo que fue.<br>Para agradecer a quienes estuvieron.<br>Para liberar un poco de todo lo que hab&#237;a guardado dentro.<br>Y por respeto.<br><strong>Por respeto a m&#237; mismo.</strong></p><p>Por ese yo que decidi&#243; no rendirse,<br><strong>incluso cuando ya no quedaba nada que salvar.</strong></p><p><strong>&#8216;&#8216;Volver&#233;&#8217;&#8217; </strong></p><p></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_1272,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_1456,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 1456w" sizes="100vw"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg" width="1440" height="1440" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:1440,&quot;width&quot;:1440,&quot;resizeWidth&quot;:null,&quot;bytes&quot;:528710,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://alessandrogalasso.substack.com/i/163633770?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_424,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_848,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_1272,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!Scx7!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F36328fac-bab9-423c-8183-b34e54713cd9_1440x1440.jpeg 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a></figure></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Quello che resta ]]></title><description><![CDATA[Un anno dopo Ironman Lanzarote, tra ferite ancora aperte, dignit&#224;, e gratitudine.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/quello-che-resta</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/quello-che-resta</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Fri, 16 May 2025 05:45:15 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3888bcf3-f20f-4a7c-bc52-30285e5c6d7f_1996x2048.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p>Sono arrivato a Lanzarote il sabato prima della gara. Da solo.<br>L'appartamento era ancora vuoto, avrei condiviso la settimana con mia mamma, Joserra e Tamara, ma sarebbero arrivati pi&#249; avanti.</p><p>Il giorno dopo mi sono svegliato presto, senza sveglia. Ho fatto due passi in zona village e ho visto che stavano iniziando a montare la finish line.<br>Camminavo tranquillo, come se fossi l&#236; in vacanza. Dentro non avevo ancora la sensazione che stessi per fare un Ironman.<br>E in effetti, quella calma era strana. Ma anche bella.</p><p>C&#8217;era parecchio vento, cos&#236; anzich&#233; uscire in bici ho deciso di andare in palestra a smollare un po&#8217; le gambe su una cyclette. Una sessione semplice, giusto per attivarmi. Poi spesa, doccia, pranzo. Tutto normale.</p><p>Ma la sera &#232; arrivato un momento che ricordo perfettamente.<br>Avevo preso una pizza al supermercato, di quelle surgelate che a casa non mangi mai, mi ero preparato un&#8217;insalata, e me le sono portate in giardino.<br>Ho mangiato l&#236;, da solo, con il sole che calava.</p><p>E mentre ero seduto, con quel piatto davanti e il vento leggero intorno, ho sentito davvero <strong>dove mi trovavo</strong>.<br>Non solo geograficamente.<br>Ma mentalmente.</p><p>L&#236; ho realizzato che s&#236;, ero davvero a Lanzarote. E che stava per succedere qualcosa di grosso.</p><p></p><div><hr></div><h2>Marted&#236; &#8211; Un ritorno familiare</h2><p>Il Luned&#236; &#232; stata una giornata di arrivi e preparazioni, sono stato raggiunto dagli altri e la giornata e passata rapidamente tra disfare valigie e montare biciclette. Il marted&#236;, invece &#232; stato pi&#249; movimentato.Siamo andati a fare la ricognizione della prima salita della gara.<br>In realt&#224;, la conoscevamo gi&#224; bene: avevamo fatto pi&#249; volte allenamenti a Lanzarote nei mesi precedenti.<br>Non era una novit&#224;, ma <strong>una conferma</strong>. Un modo per riallineare le sensazioni. Per guardare il percorso con occhi freschi, ma senza sorprese.</p><p>Era il classico giro da race week: gestito, attento, senza forzare.<br>Ma utile per ricordarsi <strong>cosa ci avrebbe aspettato</strong>.<br>Il vento, il tipo di asfalto, i punti dove lasciar andare o restare compatti.<br>Quelle cose che non studi su TrainingPeaks, ma che ti porti dentro da subito.</p><p>La sera, corsetta leggera sul lungomare.<br>Pochi chilometri, solo per muovere le gambe. Il ritmo era secondario, quello che contava era <strong>restare connessi al corpo senza caricarlo.</strong></p><p>Quel giorno si &#232; unito anche David, altro nostro compagno di squadra.<br>Io, Tamara e lui avremmo corso l&#8217;Ironman.<br>Tre percorsi diversi, ma una stessa linea da raggiungere.<br>&#200; bastata una cena, due battute, qualche frase lanciata tra una risata e l&#8217;altra &#8212; e l&#8217;aria &#232; cambiata.</p><p>Eravamo dentro.<br>Da l&#236; in poi, non si parlava pi&#249; di <em>se</em>.<br>Solo di <em>come</em>.</p><div><hr></div><h2>Mercoled&#236; &#8211; Il badge al polso, e un giro per ricordarci chi siamo</h2><p>Il mercoled&#236; &#232; stato il giorno della registrazione.<br>Un momento che, se hai gi&#224; fatto un Ironman, conosci bene: entri tranquillo, esci con il braccialetto al polso e qualcosa cambia.<br>Da l&#236; in poi non si scherza pi&#249;.<br>Il pettorale &#232; tuo. La linea di partenza anche.</p><p>Ma non &#232; stata solo una giornata &#8220;tecnica&#8221;.<br>Dopo la registrazione, siamo saliti in macchina per fare un giro completo dell&#8217;isola.<br>Con noi c&#8217;era Ivan &#8212; per noi &#8220;il fratellone&#8221; &#8212; che conosce Lanzarote meglio di chi ci &#232; nato.<br>&#200; uno di quelli che l&#8217;Ironman qui l&#8217;ha vissuto sulla pelle.<br>Avrebbe voluto esserci anche stavolta, ma per vari motivi avrebbe seguito tutto da fuori, come supporto.</p><p>Ci ha guidati lungo il percorso, raccontandoci ogni curva, ogni salita, ogni punto critico con la calma di chi sa esattamente cosa dice.<br>Non &#232; stata una vera e propria ricognizione: era pi&#249; un rito. Un modo per <strong>connetterci di nuovo al perch&#233; eravamo l&#236;</strong>.</p><p>A un certo punto ci siamo fermati al Mirador del R&#237;o.<br>Vista incredibile, vento forte, luce perfetta.<br>Abbiamo tirato fuori i dorsali e scattato qualche foto.<br>Un po&#8217; per ricordo, un po&#8217; per i social, ma anche &#8212; e soprattutto &#8212; per noi.<br>Per guardarci in faccia e dirci, senza dirlo:</p><blockquote><p><em>&#8220;Siamo qui davvero. Sta per succedere.&#8221;</em></p></blockquote><p>&#200; stato uno di quei momenti che sembrano leggeri, ma che ti restano dentro.<br>Anche perch&#233;, lo sapevamo tutti, <strong>i giorni di tranquillit&#224; stavano per finire.</strong></p><p></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/1eaddf52-022e-46ca-a862-661cbf3bfa15_1907x2048.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/9e4743b0-a2d8-4e23-97b0-9fb4b5deddcb_3086x2065.jpeg&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/jpeg&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/87597a1b-3901-4f2a-8237-8882b6f678fd_1720x3059.jpeg&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/c51eb85d-ddd1-48cf-b8d7-1ca9bb840c76_1456x474.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><div><hr></div><h2>Gioved&#236; &#8211; Mare calmo, cuore vigile</h2><p>Il gioved&#236; &#232; stato una giornata di quelle pensate per non fare troppo.<br>Una di quelle dove il corpo va tenuto sveglio, ma senza agitare le acque.</p><p>Abbiamo fatto una nuotata in mare, con la muta, seguendo le boe che avevano gi&#224; posizionato per la gara.<br>Acqua limpida, onde leggere, ritmo tranquillo.<br>Ci serviva per entrare nel contesto, prendere confidenza con la partenza, ma anche per sentirci parte di qualcosa che stava prendendo forma.</p><p>Dopo, pranzo insieme.<br>Si mangiava, si rideva, ma si sentiva che ognuno iniziava ad avere gi&#224; la testa su quel che stava per succedere.</p><p>Nel pomeriggio siamo passati a vedere il merchandising ufficiale.<br>Il classico giro che fai anche se sai gi&#224; che probabilmente comprerai qualcosa che non ti serve.<br>Ma fa parte del gioco, e anche del ricordo.</p><p>Poi, un piccolo momento di allarme.</p><p>Stavo controllando la bici e mi sono accorto che i dischi dei freni facevano frizione.<br>Non tanto, ma abbastanza da farmi partire un pensiero che tutti conoscono:</p><blockquote><p><em>&#8220;E se salta tutto per una cavolata cos&#236;?&#8221;</em></p></blockquote><p>Per fortuna, in quel momento c&#8217;era Joserra.<br>Calmo, lucido, presente.<br>Niente drammi: abbiamo portato la bici dal meccanico e in pochi minuti tutto era sistemato.</p><p>Quel momento mi &#232; servito.<br>Mi ha ricordato che <strong>la differenza tra panico e lucidit&#224; a volte &#232; solo una persona accanto a te che non si agita</strong>.</p><div><hr></div><h2>Venerd&#236; &#8211; Il giorno in cui senti tutto, anche troppo</h2><p>Il venerd&#236; non &#232; la gara.<br>Ma per certi versi &#232; il giorno pi&#249; emotivo della settimana.</p><p>La giornata &#232; piena, scandita da piccoli gesti che per&#242; hanno un peso specifico enorme:<br>sistemare le sacche, fare e rifare i controlli, guardare le cose mille volte anche se le hai gi&#224; fatte bene.</p><p>La mattina abbiamo cominciato con i preparativi.<br>Controllare la bici, sistemare gli ultimi dettagli, decidere cosa mettere in ogni sacca.<br>&#200; un processo che sembra pratico, ma in realt&#224; &#232; mentale: per ogni oggetto che riponi, c&#8217;&#232; un pensiero che si attiva.</p><blockquote><p>&#8220;E se prendo freddo? Metto i manicotti?&#8221;<br>&#8220;Metto pi&#249; gel nella bike bag o li tengo gi&#224; in tasca?&#8221;<br>&#8220;E se piove?&#8221;</p></blockquote><p>La testa comincia a correre pi&#249; delle gambe.<br>E tutto quello che avevi tenuto a bada fino a quel momento &#8212; tensione, paura, aspettativa &#8212; inizia a farsi sentire.</p><p>Poi si va in zona cambio.<br>La bici la lasci l&#236;, le sacche pure.<br>E nel momento in cui ti allontani, senti chiaramente che <strong>stai lasciando qualcosa che non &#232; pi&#249; sotto il tuo controllo.</strong></p><p>Ricordo il silenzio.<br>Anche se c&#8217;erano tante persone, tutto sembrava rallentato.<br>Ognuno chiuso nei propri pensieri.<br>Ognuno con gli occhi pieni di quella domanda che nessuno dice ad alta voce:</p><blockquote><p><em>&#8220;Sar&#242; pronto davvero?&#8221;</em></p></blockquote><p>La cena, come ogni pre-Ironman, &#232; quasi un rituale sacro.<br>Ognuno con il suo piatto, ognuno fedele a ci&#242; che ha provato per mesi.<br>Pochi cambiamenti, nessun rischio.<br>&#200; un modo per sentirsi padroni di qualcosa, <strong>l&#8217;ultima scelta prima di consegnarsi alla gara.</strong></p><p>E se stai attento, ti accorgi di una cosa:<br>le cene, man mano che si avvicina il giorno della gara, <strong>diventano sempre pi&#249; silenziose.</strong><br>Non per disagio, ma per rispetto.<br>Perch&#233; ognuno sente che ha bisogno di un po&#8217; di spazio.<br>E sa che anche l&#8217;altro sta facendo lo stesso.</p><p>Prima di andare a dormire, io e Joserra ci siamo scambiati un abbraccio.<br>&#200; un gesto che ci accompagna da sempre, ogni volta che siamo insieme prima di dormire.<br>Ma quella volta aveva un sapore diverso.<br>Non c&#8217;erano tante parole.<br>Solo un momento pieno, chiuso dentro un silenzio che diceva tutto.</p><p>Poi luci spente.<br>Poi attesa.<br><strong>Il giorno era arrivato.</strong></p><h2><strong>Sabato &#8211; La mattina della gara</strong></h2><p>Il giorno della gara inizia prima della sveglia.<br>Ti svegli senza sapere che ore sono, ma sai gi&#224; che &#232; il giorno.<br>Lo senti dallo stomaco, dalla tensione sulle spalle, da quel respiro pi&#249; corto che non riesci a normalizzare.<br>Apri gli occhi e non hai bisogno di pensare.<br>Sai solo che <strong>&#232; arrivato.</strong></p><p>Mi sono alzato in silenzio. In casa tutti cercavano di non fare rumore, ma si capiva che eravamo gi&#224; svegli da un pezzo.<br>Un po&#8217; ci si incrocia in cucina, un po&#8217; si evitano gli sguardi troppo lunghi: nessuno vuole aggiungere peso a quel momento.</p><p>Colazione semplice, quella solita, quella testata.<br>Ogni gesto &#232; meccanico, ma anche sacro.<br>C&#8217;&#232; una strana solennit&#224; nei minuti prima di un Ironman, come se ogni cosa avesse un significato pi&#249; profondo: il modo in cui spalmi una fetta di pane, il tempo che lasci passare tra un sorso d&#8217;acqua e l&#8217;altro, il silenzio che nessuno osa rompere.</p><p>Quella mattina era tutto <strong>pi&#249; forte del solito.</strong></p><p>Non era il mio primo Ironman.<br>Eppure avevo dentro una sensazione che mi sembrava nuova:<br>una paura vera, quasi fisica.</p><p>Non paura del dolore &#8212; quello lo conosci.<br>Ma del contesto.<br>Perch&#233; Lanzarote <strong>non &#232; una gara come le altre</strong>.<br>Non &#232; uno di quegli Ironman che fai per migliorare il tempo.<br>Qui vieni per resistere, per ascoltare, per sopravvivere.<br>E, se puoi, per vincere qualcosa dentro.</p><p>La mente alternava immagini: vento sulle salite, il caldo sulla corsa, il mare aperto&#8230; e poi flash di allenamenti, di giorni pesanti, di quella fatica accumulata per mesi che adesso chiedeva solo di essere messa in campo.</p><p>Avevo tutto pronto.<br>Avevo fatto tutto quello che dovevo.<br>Ma la verit&#224; &#232; che <strong>non ti senti mai pronto davvero.</strong></p><p>Poi arriva il momento del body.<br>Lo infili lentamente, con calma.<br>Poi la crema solare: spalmarsela addosso &#232; quasi un atto di cura.<br>&#200; l&#8217;ultimo momento in cui hai davvero tempo per pensare, per prenderti un secondo.<br>Le mani scorrono sulle spalle, sulle braccia, sulla nuca.<br>Il corpo &#232; l&#236;, e tu <strong>lo stai affidando alla giornata pi&#249; lunga dell&#8217;anno.</strong></p><p>Ho chiuso le sacche, controllato tutto almeno tre volte.<br>Poi ho guardato fuori: ancora buio, ma il cielo cominciava appena a schiarirsi.</p><p>Poco prima di uscire di casa, sono arrivati i due Rafa.<br>Per distinguerli, li chiamiamo cos&#236;: <strong>Rafa di Lanzarote</strong>, per tutti <em>Rafuky</em>, e <strong>Rafa di Huesca</strong>, con quel suo sorriso buono e gli occhi sempre presenti.</p><p>Due anime belle.<br>Due persone diverse, ma con una cosa in comune: la capacit&#224; di esserci, con delicatezza, nel momento giusto.<br>Sapevamo che durante la gara sarebbero stati fondamentali.<br>Non solo per le cose pratiche &#8212; ma per lo sguardo, per le parole giuste, per il modo in cui riescono a trasmettere calma anche mentre ti tremano le mani.</p><p>Sono entrati in casa con la loro energia buona.<br>Un abbraccio, due battute leggere, nessuna frase fuori posto.</p><p>Erano l&#236; per accompagnarci in zona cambio.<br>E anche se non avevamo bisogno di essere guidati, <strong>ci faceva bene sapere di non andare da soli.</strong></p><p>Era tempo di andare.</p><p></p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;src&quot;:&quot;https://substackcdn.com/image/fetch/w_200,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F2a39cdb1-1ebf-4db4-a5a9-dfd7c52ee6de_3024x4032.heic&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/6e94de4d-a58e-46fb-9c7a-3958feb25767_3402x3024.heic&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/d016c768-845b-4873-b4be-d43cdcf73d6a_1456x720.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p><br></p><h2><strong>Zona cambio: il mondo si stringe</strong></h2><p>Siamo arrivati in zona cambio che era ancora buio.<br>Ma non serviva la luce per capire dove fossimo: lo sentivi dai suoni, dai passi, dal silenzio pieno di gente.</p><p>La musica era gi&#224; partita, ma in sottofondo.<br>Quel tipo di motivazione artificiale che non entra veramente in testa, perch&#233; in quel momento <strong>la tua testa &#232; altrove.</strong></p><p>Si cammina piano.<br>Qualcuno scherza. Qualcuno guarda per terra.<br>Tutti con le proprie routine. Tutti con la loro linea da tracciare.</p><p>Io ho messo la bici in posizione.<br>Controllato la pressione delle gomme.<br>I gel. Le borracce. Le scarpe.<br>Tutto gi&#224; fatto cento volte, ma <strong>lo rifai ancora, perch&#233; adesso conta.</strong></p><p>Il cielo iniziava appena a schiarire, ma sembrava tutto irreale.<br>Corpi in body che si muovono in silenzio tra le sacche, il rumore secco delle scarpe contro l&#8217;asfalto, lo sguardo assente di chi sta parlando solo con se stesso.</p><p>In quel momento <strong>non parlavamo pi&#249;.</strong><br>Ci si guardava e basta.<br>Come a dire: &#8220;Ora ognuno va per s&#233;. Ma ci siamo.&#8221;</p><p>Poi arriva il momento della muta.<br>Un gesto lento, preciso.<br>Tiri su le gambe, aggiusti il busto, chiudi la cerniera.<br>E con quella zip si chiude anche tutto il resto: i dubbi, le chiacchiere, le settimane.<br>Rimane solo quello che conta: il mare, il corpo, la testa.</p><p>Ma prima di andare verso la partenza, c&#8217;&#232; un momento che ormai &#232; diventato tradizione.<br>Uno di quelli che non si saltano.<br>Un cerchio. Noi tre: io, Tamara, David. Intorno a Joserra.</p><p>Lui parla.<br>Piano. Con quel tono che non forza niente, ma arriva dritto.</p><p>Non &#232; mai un discorso lungo.<br>Ma &#232; sempre quello giusto.<br>Dice le cose che ti servono in quel momento, e lo fa senza retorica.<br>Ti tocca.<br>E ti fa piangere.</p><p>Anche se non vorresti.<br>Anche se cerchi di trattenerti.</p><p>E ogni volta succede lo stesso: ci guardiamo, ognuno con gli occhi lucidi, e <strong>non serve dire nient&#8217;altro.</strong><br>Sappiamo cosa ci aspetta.</p><p>Un ultimo abbraccio,<br>E poi avanti.<br>Verso la spiaggia.<br>Verso lo start.</p><div class="image-gallery-embed" data-attrs="{&quot;gallery&quot;:{&quot;images&quot;:[{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/6a211285-6a20-4024-9bab-a192bcedb23b_4032x3024.heic&quot;},{&quot;type&quot;:&quot;image/heic&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/045094de-6245-448e-8446-b2d81821e87b_1976x3024.heic&quot;}],&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;alt&quot;:&quot;&quot;,&quot;staticGalleryImage&quot;:{&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/cc0f7bf0-682f-4bd3-a51c-bd92a1472344_1456x720.png&quot;}},&quot;isEditorNode&quot;:true}"></div><p></p><h2><strong>Nuoto - 3,8 km</strong></h2><p>Cammini sulla sabbia e non senti quasi niente.<br>Non il rumore della gente. Non la musica.<br>Solo il tuo respiro e il rumore secco dei passi.</p><p>Il sole &#232; ancora basso, ma la luce &#232; gi&#224; tagliente.<br>Il mare davanti a te sembra piatto, ma sai bene che non sar&#224; cos&#236;.<br>Perch&#233; Lanzarote non regala mai niente. Nemmeno nell&#8217;acqua.</p><p>Ci mettiamo in griglia.<br>Ultimi sguardi. Ultime strette. Poi silenzio.</p><p>La sirena parte.<br>Corri verso l&#8217;acqua. I piedi affondano nella sabbia.<br>Poi ti butti. E l&#236; cambia tutto.</p><p>Le prime bracciate sono un impatto.<br>Il mare &#232; pi&#249; pesante di quanto sembrava.<br>Il respiro sale, il battito anche.<br>Cerchi di trovare il tuo ritmo, ma ci vuole tempo.<br><strong>La corrente &#232; viva.</strong><br>Non spinge. Ti tira. Ti fa sentire piccolo.</p><p>I corpi attorno si muovono come onde umane.<br>A volte ti senti schiacciato, a volte isolato.<br>Il respiro si alza, il battito anche.<br>Poi, se riesci a trovare il tuo ritmo, arriva quel momento strano in cui <strong>sei dentro.</strong><br>E non stai pi&#249; reagendo: stai nuotando.</p><p><br>Poi arrivi alla <em>Aussie exit</em> &#8212; quel momento in cui esci dall&#8217;acqua, corri qualche metro sulla sabbia, e ti ributti per il secondo giro.</p><p>Ma mentre corri su quella lingua di sabbia, <strong>il mondo gira un po&#8217; troppo</strong>.<br>Senti nausea. Il corpo &#232; ancora a galla, ma ora &#232; costretto a verticalizzarsi.<br>Le gambe sono molli, il respiro disordinato.<br>Ti fermi un attimo solo con lo sguardo, guardi l&#8217;orologio.</p><blockquote><p><em>Pi&#249; lento del previsto.</em><br>E anche se lo sapevi, anche se lo avevi messo in conto, fa comunque effetto.<br>La mente inizia a dire: &#8220;Stai indietro.&#8221;<br>Ma devi lasciarla parlare, e andare oltre.</p></blockquote><p>Il secondo giro &#232; tutta un&#8217;altra storia.<br>La corrente si &#232; fatta pi&#249; forte. Le onde ti arrivano laterali.<br>Ti alzi per cercare la boa, ma non la trovi.<br><strong>Una delle boe si &#232; spostata.</strong><br>Ora la traiettoria &#232; diversa. Pi&#249; lunga. Pi&#249; disordinata.</p><p>Non puoi farci niente.<br>Solo accettarlo.</p><p>Nuoti senza sapere esattamente quanto manca.<br>Solo che devi arrivarci.<br>E ogni bracciata &#232; un compromesso tra potenza e controllo.</p><p>Poi finalmente la vedi: l&#8217;ultima boa.<br>Giri, e ti avvicini alla riva.</p><p>L&#8217;acqua si fa pi&#249; bassa. Tocchi il fondo. Ti alzi. Le gambe vacillano.<br>La sabbia ti sembra pi&#249; calda, pi&#249; lontana.</p><p>Ma sei fuori.<br><strong>Il primo capitolo &#232; chiuso.</strong></p><h3>Bici- 180km</h3><p><em>Da Puerto del Carmen a Uga (~0&#8211;30 km)</em></p><p>Esco dalla T1 con la testa piena, ma le mani vuote.<br>Vuote di scuse, di dubbi, di alternative.<br>&#200; il momento in cui devi solo fare.</p><p>La bici mi aspetta in piedi, come un animale impaziente.<br>Ci salgo sopra e tutto ricomincia.<br>Il mondo cambia ritmo.</p><p>I primi metri sono strani.<br>Hai ancora il sale sulla pelle, le gambe molli e il respiro che cerca un suo spazio.<br>Ma qualcosa dentro di te &#8212; quella parte che sa &#8212; ti dice che va bene cos&#236;.<br>Che <em>&#232; sempre cos&#236;</em>.</p><p>Il percorso inizia a salire appena uscito dalla citt&#224;.<br>La folla &#232; ancora l&#236;, le urla si mischiano al rumore delle tacchette, delle ruote libere, dei cambi che scattano.<br>Ma &#232; tutto sfocato, ovattato.</p><p>Non cerchi stimoli.<br>Cerchi stabilit&#224;.</p><p>Il cuore &#232; ancora alto per il nuoto, ma non ti fidi del dato della frequenza cardiaca.<br>Ti fidi della gamba.<br>Del respiro.<br>Del ritmo che conosci.</p><p>Il piano &#232; semplice:<br><strong>assestare. Non spingere. Non bruciare.</strong></p><p>E cos&#236; faccio.</p><p>Ogni giro di pedale &#232; un atto di centratura.<br>Non penso alla gara. Non penso ai chilometri che mi aspettando.<br>Penso solo al fatto che sto pedalando.</p><p>Che sto tornando in me.</p><p>Il vento si sente, ma &#232; un sussurro.<br>Non ancora un nemico.<br>&#200; l&#236;, come a dire: <em>&#8220;Ci sar&#242; tutto il giorno. Vedi tu.&#8221;</em></p><p>Lo accetto.<br>Lo metto in conto.</p><p>Il paesaggio comincia a cambiare.<br>Le prime case spariscono, la strada si apre.<br>Inizia la salita verso la parte centrale dell&#8217;isola.<br>Dolce. Allungata. Di quelle che se la conosci non ti fa paura.</p><p>Le gambe si sono sciolte.<br>Il respiro &#232; tornato in asse.<br>La mente ancora no, ma arriver&#224;.</p><p>Bevo. Mangio qualcosa.<br>Mi dico che va tutto bene.<br>Perch&#233; &#232; vero.</p><p>Questa &#232; la parte dove <strong>tutto sembra ancora sotto controllo</strong>.<br>E forse lo &#232;.</p><p>Ma dentro so che <strong>il vero Lanzarote non si &#232; ancora mostrato.</strong><br>Che questi primi chilometri sono solo un test.<br>Un&#8217;introduzione.<br>Il modo in cui l&#8217;isola ti guarda e ti chiede:</p><blockquote><p><em>&#8220;Ci sei davvero?&#8221;</em></p></blockquote><p>E io, senza parlare, continuo a pedalare.</p><h2><strong>Lava e stupore</strong></h2><p><em> Timanfaya (~30&#8211;40 km)</em></p><p>&#200; un cambiamento sottile, ma netto.<br>Il paesaggio inizia a perdere colore.<br>Il verde svanisce, il marrone si fa nero.<br>Le pietre diventano lava, la strada diventa un taglio geometrico in mezzo a qualcosa che sembra antico.<br>&#200; come attraversare un altro mondo.</p><p>Siamo a <strong>Timanfaya</strong>.</p><p>&#200; qui che capisci che non stai solo pedalando su un&#8217;isola.<br>Stai attraversando qualcosa che ti osserva, che ti conosce pi&#249; di quanto pensi.</p><p>Le gambe girano ancora bene.<br>Il corpo risponde, la mente &#232; lucida.<br>E proprio in quella lucidit&#224;, <strong>ti arriva un pensiero che non avevi previsto</strong>.</p><blockquote><p><em>&#8220;Guarda dove sono. Sto facendo un Ironman. Qui. In mezzo a tutto questo . Ma quando mai l&#8217;avrei pensato.&#8221;</em></p></blockquote><p>Non &#232; euforia.<br><strong>&#200; gratitudine.</strong><br>Cruda. Viscera.<br>La sensazione profonda di essere <strong>dentro qualcosa di grande</strong>,<br>che solo in parte ha a che fare con lo sport.</p><p>Bevo. Mangio qualcosa.<br>Il corpo &#232; ancora lucido, ma la mente&#8230;<br>la mente comincia a fare domande.</p><p>Perch&#233; a Lanzarote la bellezza non &#232; mai solo bellezza.<br>&#200; una specie di avvertimento.</p><p>Ti guarda dritto negli occhi e sembra dirti:</p><blockquote><p><em>&#8220;Ti ho fatto un regalo. Vediamo cosa ne fai, adesso.&#8221;</em></p></blockquote><p>E io, senza ancora saperlo, sto gi&#224; entrando nella parte in cui la gara smette di essere <strong>spettacolo</strong><br>e comincia a diventare <strong>prova.</strong></p><h2><strong>Il gioco si fa serio</strong></h2><p><em>Campi di lava e carretera central verso Teguise (~40&#8211;65 km)</em></p><p>Dopo Timanfaya, la strada non cambia subito.<br>Anzi, <strong>si svuota ancora di pi&#249;.</strong></p><p>Ti infili in un corridoio largo e silenzioso,<br>dove a fare compagnia ci sono solo la lava, il vento e l&#8217;asfalto cotto dal sole.<br>&#200; la <strong>carretera central</strong>, la spina dorsale dell&#8217;isola.<br>Una linea tesa, apparentemente innocua.<br>Ma lunga. Lunghissima.</p><p>E soprattutto&#8230;<br><strong>esposta.</strong></p><p>Qui il vento &#232; imprevedibile.<br>Sembra che arrivi da tutte le direzioni, a volte ti spinge, altre di da contro o ti arriva di lato.<br>Non ha ancora raffiche, ma comincia a <strong>volerti spostare.</strong></p><p>Non ci sono panorami che ti distraggono.<br>Non ci sono tratti tecnici da gestire.<br>C&#8217;&#232; solo <strong>la noia della ripetizione</strong>, il peso della distanza, la domanda costante:</p><blockquote><p><em>&#8220;Manca molto a Teguise?&#8221;</em></p></blockquote><p>Avrai percorso quella stessa strada cento volte in allenamento,<br>Ma adesso&#8230; non torna.<br>I chilometri sembrano pi&#249; lunghi.<br>Il tempo pi&#249; lento.<br>Lo spazio, pi&#249; vuoto.</p><p>Bevo. Mangio.<br>Controllo i numeri.<br>Cerco di restare razionale.<br>Ma sento che qualcosa si sta modificando.</p><p>Non &#232; ancora crisi.<br>Ma <strong>la soglia si &#232; abbassata.</strong></p><p>Sento le prime vere rigidit&#224;.<br>Polpacci tesi, mani che si aprono e si chiudono pi&#249; spesso sul manubrio, la sella che inizia a diventare scomoda.</p><p>Ma la cosa che pesa di pi&#249;&#8230;<br>&#232; la <strong>solitudine.</strong></p><p>Sei l&#236;.<br>Solo.<br>In mezzo alla lava.<br>Con le gambe che girano,<br>e la testa che comincia a cercare distrazioni&#8230;<br>senza trovarle.</p><p>Perch&#233; Lanzarote non ti d&#224; scuse.<br>Non ti d&#224; comfort.<br>Ti dice solo:</p><blockquote><p><em>&#8220;Stai. Se ci riesci.&#8221;</em></p></blockquote><p>E allora stai.<br>Perch&#233; devi.<br>Perch&#233; lo hai scelto.<br>Perch&#233; &#232; proprio qui &#8212;<br>in questo tratto grigio, anonimo, infinito &#8212;<br>che <strong>inizia la vera selezione.</strong></p><h2><strong>L&#8217;illusione della fine</strong></h2><p><em>Teguise, Teseguite I e salita verso Mirador de Har&#237;a (~65&#8211;100 km)</em></p><p>Arrivi a <strong>Teguise</strong> e ti sembra di aver conquistato qualcosa.<br>Il paese &#232; ordinato, silenzioso, bianco.<br>La folla &#232; sottile ma presente, e per un momento credi che da l&#236; in poi possa diventare pi&#249; semplice.</p><p>Ma &#232; solo una pausa mentale.<br>Una <strong>finta fine.</strong></p><p>Appena lasci il paese, la strada prende subito quota.<br>Poi curva.<br>Poi&#8230; <strong>scende.</strong></p><p>&#200; il primo passaggio a <strong>Teseguite</strong>.<br>Una discesa scorrevole, a tratti divertente.<br>Il vento ti spinge, la bici vola, le gambe girano leggere.<br>E per un momento, ti rilassi.</p><p>Ma lo sai.<br>Lo sai benissimo.<br>Quel tratto, quello l&#236;,<br><strong>lo rifarai due volte ancora. E sempre in salita. E la seconda volta sarai controvento al km 130</strong></p><p>Fingi di non pensarci.<br>Fai finta che &#8220;ci penserai dopo&#8221;.<br>Ma dentro, qualcosa si stringe.</p><p>Per ora, per&#242;, sei ancora in discesa.</p><p>Poi, il cambio.<br>Si trona indietro.<br>La strada si rialza.</p><p>Una rampa dopo l&#8217;altra, senza una vera pendenza marcata, ma sempre in crescita.<br>Non c&#8217;&#232; un cartello che ti avvisa.<br>Non c&#8217;&#232; una curva che segna l&#8217;inizio.</p><p>Sei solo dentro.<br>E basta.</p><p>&#200; il tipo di salita che ti si appiccica addosso piano piano.<br>Non ti morde, ma ti consuma.<br>Le gambe iniziano a indurirsi.<br>Il fiato si fa pi&#249; corto.</p><p>E poi, quando finalmente ti illudi di averla passata,<br><strong>inizia quella vera.</strong></p><p><strong>Mirador de Har&#237;a.</strong></p><p>Una salita che ti illude a ogni tornante.<br>Ogni curva ti sembra l&#8217;ultima,<br>ogni tratto in rettilineo ti inganna.</p><p>Ma la cima&#8230; non arriva mai.</p><p>E mentre sali, senti che <strong>l&#8217;isola ti osserva.</strong><br>Non ti sta sfidando apertamente.<br>Sta aspettando di vedere se resisti.</p><p>Perch&#233; questa non &#232; ancora la parte pi&#249; dura.<br>Ma &#232; <strong>il momento in cui inizi a dubitare.</strong></p><p>Ti guardi dentro.<br>Cerchi risposte.<br>Cerchi fiato.<br>Cerchi motivi.</p><p>E capisci che il vero Ironman Lanzarote &#232; quel momento l&#236;,<br>quando smetti di fidarti della testa<br>e cominci a dover <strong>sentire ogni cosa.</strong></p><h3>Il pugno in faccia</h3><p><em>La discesa da Har&#237;a, il paese, e il muro di Los Helechos (~100&#8211;110 km)</em></p><p>Dopo la lunga salita verso il Mirador de Har&#237;a, arriva la discesa.<br>Ed &#232; meravigliosa.<br>Tecnica, veloce, ma non cattiva.<br>&#200; uno di quei rari momenti in cui Lanzarote sembra dirti:<br><em>&#8220;Ok, respira. Te lo sei guadagnato.&#8221;</em></p><p>Scendo senza forzare.<br>La bici taglia le curve con precisione.<br>Le mani si rilassano un po&#8217;.<br>Il cuore si riapre.<br>Senti che, almeno per qualche chilometro, puoi lasciarti andare.</p><p>Poi arrivi a <strong>Har&#237;a</strong>.</p><p>Un paese che sembra dipinto.<br>Case bianche, la gente seduta fuori dai bar, tutto fermo a un&#8217;altra epoca.</p><p>Ma appena ci entri, capisci che Lanzarote non &#232; mai gratis.</p><p>Har&#237;a &#232; un <strong>labirinto di rampe</strong>.</p><p>Una dietro l&#8217;altra.<br>Brevi, ma vere.<br>Ti sfiancano a colpi secchi, mentre cerchi di trovare una linea, una tregua.</p><p>E appena pensi di averle finite&#8230;una curva a sinistra ed eccola.</p><p><strong>Los Helechos.</strong></p><p>La conosci.<br>La aspettavi.<br>Ma vederla l&#236;, davanti a te,<br>dritta, scura, <strong>quasi verticale</strong>,<br>&#232; un&#8217;altra cosa.</p><p>Non &#232; lunga.<br>Ma &#232; bastarda.</p><p>Quasi il 20%.<br>Una botta in pieno volto.</p><p>Fuori sella.<br>Cambio gi&#249;.<br>Testa bassa.</p><p>Poi, all&#8217;improvviso,<br>proprio <strong>nel punto esatto dove ne avevi pi&#249; bisogno</strong>,<br>lo vedi.</p><p><strong>Rafuky.</strong></p><p>Seduto su un muretto, gambe larghe, sguardo fermo.<br>L&#236;, ad aspettare.</p><p>Ti vede arrivare.<br>Sorride.<br>E grida:</p><blockquote><p><strong>&#8220;&#161;Vamos, Ale!&#8221;</strong></p></blockquote><p>Solo quello.<br>Ma <strong>vale tutto</strong>.</p><p>Perch&#233; <strong>lui sa</strong>.<br>Sa dove mettersi, sa dove serve avere qualcuno.<br>Sa che <strong>in quel punto</strong>, esattamente l&#236;,<br>le gambe cominciano a tremare e la testa a vacillare.</p><p>E il fatto che ci sia, che ci sia proprio l&#236;, fa tutta la differenza.</p><p>Non ti alleggerisce la salita.<br>Non ti d&#224; potenza.<br>Ma ti ricorda <strong>chi sei.</strong></p><p>E allora spingi.<br>Fortissimo.<br>Come se quella voce &#8212; quella presenza &#8212; ti avesse rimesso in asse.</p><p>Non pensi pi&#249; a quanto manca.<br>Pensi solo a <strong>non mollare adesso.</strong></p><p>E quando arrivi in cima, non ti senti trionfante perch&#233; sai che &#232; ancora lunga,<br>Ma ti senti sopravvissuto a un altro passaggio dell&#8217;isola.</p><h2><strong>Bellezza che commuove</strong></h2><p><em> Mirador del R&#237;o (~108&#8211;112 km)</em></p><p>Dopo l&#8217;ultima rampa di Har&#237;a, la strada prende fiato.<br>La vegetazione si fa pi&#249; rada, il cielo si apre.<br>Lanzarote cambia ancora.</p><p>Sai che stai andando verso il <strong>Mirador del R&#237;o</strong>,<br>e qualcosa dentro di te si raddrizza.<br>Come se lo sapesse in anticipo.</p><p>La salita in s&#233;&#8230; <strong>non &#232; dura.</strong><br>O forse lo &#232;, ma <strong>non te ne accorgi.</strong><br>Perch&#233; davanti hai <strong>uno degli spettacoli pi&#249; assurdi che esistano in una gara.</strong></p><p>L&#8217;oceano.<br>La Graciosa.<br>Una scogliera che sembra scolpita.<br>L&#8217;aria che cambia profumo.<br>Il silenzio che diventa solenne.</p><p>Per qualche chilometro, non senti n&#233; il peso delle gambe,<br>n&#233; il tempo, n&#233; i chilometri.<br>Senti solo che <strong>sei fortunato a essere l&#236;.</strong></p><p>Ti viene quasi un nodo alla gola.<br>Non per la fatica.<br>Ma per la gratitudine.</p><p>Perch&#233; ti rendi conto che tutto questo &#8212;<br>questa gara, questa isola, questa strada, questa vista &#8212;<br><strong>&#232; un privilegio.</strong></p><p>Non c&#8217;&#232; rumore.<br>Non c&#8217;&#232; pubblico.<br>Solo tu, la bici, e il mondo che si spalanca sotto le ruote.</p><p>Poi, un flash.<br>Due atleti fermi a lato della strada.<br>Uno seduto. Uno disteso.<br>Respirano male. Sono al limite.</p><p>E l&#236;, un pensiero ti attraversa come una lama:</p><blockquote><p><em>&#8220;E se tra poco toccasse a me?&#8221;</em></p></blockquote><p>Non &#232; paura. &#200; consapevolezza.<br>Un colpo secco che ti riporta dentro il corpo.</p><p>Ti risistemi sul manubrio.<br>Controlli il respiro.<br>Rientri nel momento.</p><p>Perch&#233; Lanzarote &#232; anche questo:<br>ti commuove un attimo, e subito dopo ti ricorda che sei <strong>ancora in gara.</strong></p><p>E mentre sali, non senti pi&#249; solo le gambe che spingono.<br>Senti qualcosa di pi&#249; profondo.<br>Come se ogni metro qui valesse doppio.<br>Come se l&#8217;isola, per una volta, ti stesse facendo un regalo.</p><p>E tu, in silenzio, <strong>lo prendi.</strong></p><p></p><h2><strong>Vamos</strong></h2><p><em>Si scende e si vola  (~112&#8211;132 km)</em></p><p>Faccio due conti. Non scientifici.<br>Di quelli che si fanno con l&#8217;istinto.</p><p>So che <strong>Tamara</strong> &#232; dietro di me. Non troppo.<br>E se tutto &#232; andato come penso pu&#242; prendermi adesso.</p><p>Siamo dopo il Mirador.<br>C&#8217;&#232; una discesa tecnica, veloce, ma stavolta <strong>non la prendo da solo.</strong></p><p>Sento un rumore alle spalle, una bici che si avvicina,<br>e poi&#8230; eccola.</p><p>Non serve parlarci.<br>Ci basta <strong>un&#8217;occhiata.</strong></p><p>Poi, un grido.</p><blockquote><p><strong>&#8220;VAMOS!&#8221;</strong></p></blockquote><p>Lo urliamo entrambi.<br>Non &#232; un incoraggiamento. <strong>&#200; un'esplosione.</strong></p><p>Scendiamo.<br>Ognuno nella propria linea.<br>Ognuno nella propria concentrazione.<br>Ma <strong>insieme.</strong></p><p>Ed &#232; strano come, nel mezzo della gara pi&#249; dura,<br>nel momento in cui le energie cominciano a scendere,<br><strong>tu possa sentirti cos&#236; vivo. Sul filo del rasoio.</strong><br><strong>A ottanta all&#8217;ora.</strong><br>Senza freni &#8212; n&#233; meccanici, n&#233; mentali.</p><p>E proprio quando la discesa rallenta,<br>quando rientriamo nel tratto pi&#249; piatto e poi ricominciamo a salire&#8230;<br>succede un&#8217;altra cosa.</p><p><strong>Tutti i nostri.</strong><br>Gli amici. La famiglia.<br>Le mani tese. Le urla. I sorrisi che hai visto mille volte.<br>Un muro di energia che ti attraversa.</p><p>Un momento.<br>Un attimo solo.</p><p>Ma cos&#236; perfetto da sembrare impossibile.</p><p>Perch&#233; se ci pensi&#8230;<br>le probabilit&#224; che <strong>due persone pedalino insieme, nello stesso secondo, in un Ironman, </strong>e proprio <strong>in quel punto</strong>, dove ci sono tutti&#8230;sono ridicole.</p><p>Cos&#236; basse da non sembrare vere.</p><p>E allora lo capisci.</p><blockquote><p><em>Non era una coincidenza.</em><br>Era <strong>un regalo.</strong></p></blockquote><p>Uno di quelli che <strong>la vita ti fa senza avvisarti.</strong><br>Uno di quelli che restano anche quando tutto il resto si &#232; sbiadito.</p><p>Non parliamo.<br>Non rallentiamo.<br>Non ci giriamo.</p><p>Ma dentro, lo sappiamo entrambi:</p><blockquote><p><em>qualunque cosa succeda da qui alla fine&#8230; questo ce lo porteremo sempre con noi.</em></p></blockquote><p></p><h2><strong>L&#8217;ombra</strong></h2><p><em>Teseguite II, tratto solitario e mentale (~132&#8211;140 km)</em></p><p>Tamara allunga.<br>Non &#232; uno scatto.<br>&#200; una separazione sottile, come un elastico che si tende e poi si spezza.</p><p>E per un attimo, <strong>ci penso.</strong><br>A spingere.<br>A rimanere l&#236;.<br>A giocarmi qualcosa in pi&#249; adesso, per poi ritrovarci insieme in T2, e magari iniziare la maratona fianco a fianco.<br><strong>Un bel modo di affrontare l&#8217;ultima parte, no?</strong></p><p>Ma subito, dentro, arriva la risposta.<br><strong>No.</strong><br>Non oggi.<br>Non cos&#236;.</p><p>Sento che non sarebbe intelligente.<br>Che sarebbe una scelta fatta di impulso, non di lucidit&#224;.<br>E oggi &#8212; pi&#249; che mai &#8212; <strong>serve scegliere bene.</strong></p><p>Cos&#236; lascio andare.</p><p>E con lei che si allontana piano,<br>comincia <strong>la parte pi&#249; dura.</strong></p><p><strong>Teseguite, seconda volta.</strong><br>In salita, controvento.<br>Senza nessuno.</p><p>La strada &#232; la stessa di prima.<br>Ma sembra un&#8217;altra.</p><p>E il vento, adesso, <strong>non &#232; pi&#249; compagnia.</strong><br>&#200; muro. Forte, Costante.<br>Taglia la faccia, spezza il ritmo, svuota la testa.</p><p>Cominci a guardare il GPS troppo spesso.<br>A fare calcoli inutili.<br>A chiederti se stai perdendo tutto.<br>Se stai andando abbastanza forte.<br>Se <strong>hai ancora qualcosa da dare.</strong></p><p>Ogni pedalata sembra identica alla precedente.<br>Eppure pi&#249; faticosa, pi&#249; lunga, pi&#249; pesante.</p><p>Ed &#232; qui che si apre <strong>il buio.</strong></p><p>Non quello spettacolare delle crisi da manuale.<br>Ma quello pi&#249; sottile, pi&#249; reale.<br>Il buio fatto di dubbi piccoli che diventano enormi.</p><blockquote><p><em>&#8220;E se sto crollando?&#8221;</em><br><em>&#8220;E se ho esagerato prima?&#8221;</em><br><em>&#8220;E se non ce la faccio pi&#249;?&#8221;</em></p></blockquote><p>Provo a riportarmi al presente.<br>A stare.<br>A sentire.<br>A non fuggire.</p><p>E mi viene in mente quante volte, in allenamento, ho pensato a questa salita.<br>A questo tratto esatto.<br>A quando l&#8217;avrei affrontato <strong>durante l&#8217;Ironman.</strong></p><blockquote><p><em>&#8220;Pensa a quando sarai qui, con il pettorale addosso.&#8221;</em></p></blockquote><p>E ora ci sono.<br><strong>Ci sono dentro.</strong><br>E fa male.<br>Ma fa anche senso.</p><p>&#200; la parte che non si fotografa.<br>Che non si racconta, che non si applaude.</p><p>Ma &#232; <strong>l&#236; che si misura chi sei.</strong></p><p>E io ci sto.<br>In silenzio.<br>A fatica.<br>Ma <strong>ci sto.</strong></p><h2><strong>Il ritorno</strong></h2><p><em>Teguise, Carretera Central, loop nei campi di lava e arrivo in T2 (~140&#8211;180 km)</em></p><p>Quando rientri a <strong>Teguise</strong>, dopo la seconda salita di Teseguite, pensi per un attimo di essere vicino.<br>La luce &#232; diversa.<br>Il tracciato prende un tono pi&#249; familiare.<br>Hai quella sensazione sottile che qualcosa stia finendo.</p><p>Ma Lanzarote <strong>non finisce mai quando pensi tu.</strong></p><p>Riprendi la <strong>carretera central</strong> con la speranza di vedere &#8212; o almeno sentire &#8212; la discesa verso Puerto del Carmen.<br>Non si vede.<br>Ma &#232; l&#236;, da qualche parte.<br>La intuisci.</p><p>Solo che prima&#8230;<br><strong>c'&#232; un&#8217;ultima trappola.</strong></p><p>Una deviazione.<br>Un loop finale <strong>di undici chilometri</strong>.<br>Andata e ritorno.<br>In mezzo ai <strong>campi di lava.</strong></p><p>E il primo tratto &#232; il peggiore.<br><strong>Controvento.</strong><br>Dritto.<br>Deserto.<br>Senza un punto di riferimento.<br>Solo <strong>tu e il rumore sordo del vento</strong> che ti spinge indietro.</p><p>&#200; una mazzata, lo sai.<br>L&#8217;hai fatta mille volte in allenamento.<br>Ma qui&#8230; &#232; diverso.</p><p>Qui sei vuoto, hai dato tanto.<br>E ora devi dare ancora.</p><p>Le gambe non hanno pi&#249; brillantezza.<br>La mente non ha pi&#249; scuse.<br>&#200; solo forza bruta.<br>Un metro alla volta.</p><p>Poi, in fondo, <strong>la curva.</strong><br>Il <strong>turn-around.</strong><br>Il momento che ti riporta verso casa.</p><p>E proprio l&#236;,<br><strong>seduto sul bordo della lava, come se ci fosse nato</strong>,<br>c&#8217;&#232; <strong>Rafuky.</strong></p><p>Di nuovo, come un faro.<br>Come se sapesse tutto da prima.</p><p>Un grido:</p><blockquote><p><strong>&#8220;&#161;Vamos Ale, ya est&#225;!&#8221;</strong></p></blockquote><p><strong>&#8220;Ya est&#225;.&#8221;</strong><br><em>&#200; fatta.</em></p><p>Non lo &#232; ancora.<br>Ma lo sar&#224;.<br>Perch&#233; adesso lo so anche io.</p><p>Il vento ora &#232; a favore.<br>La bici riprende velocit&#224;.<br>Il corpo &#232; vuoto, ma presente.</p><p>Scendi verso <strong>Puerto del Carmen</strong>.<br>Le case ricompaiono, la gente si fa sentire.<br>Il mare brilla.</p><p>E poi la curva finale.<br><strong>T2.</strong></p><p>Scendo.<br>Le mani tremano.<br>Le gambe anche.<br>La folla urla, ma io sento solo il cuore.</p><p>Non so come sar&#224; la maratona.<br>Ma so una cosa:<br><strong>ci arrivo con tutto quello che ho. </strong></p><h2><strong>T2: La linea che non &#232; ancora tua</strong></h2><p>Scendo dalla bici, ma non mi sento pi&#249; un atleta.<br>Per qualche secondo, <strong>non mi sento proprio.</strong></p><p>Fa caldo.<br>Un caldo <strong>che ti cade addosso di colpo</strong>, come se qualcuno avesse improvvisamente alzato il volume del sole.<br>Mi guardo attorno, ma tutto &#232; sfocato.<br><strong>Spaesamento puro.</strong></p><p>Poi arriva <strong>l&#8217;altra botta.</strong></p><p>Il piede.<br>Un dolore secco, brutale,<br>Mi lacera il metatarso come se qualcosa si fosse rotto, oppure schiacciato per troppo tempo.<br>Probabilmente colpa del boa delle scarpe da bici troppo stretto.</p><p>Cammino zoppicando.<br>Metto le scarpe da corsa con la stessa delicatezza con cui si tocca una ferita aperta.<br>Ma il dolore&#8230; <strong>non passa.</strong></p><p>Inizio a pensare cose che non dovrei.</p><blockquote><p><em>&#8220;E se non riesco nemmeno a partire?&#8221;</em><br><em>&#8220;E se questo piede mi blocca davvero?&#8221;</em><br><em>&#8220;Non pu&#242; finire cos&#236;.&#8221;</em></p></blockquote><p>Esco dalla tenda.<br>Le scarpe ai piedi, il piede che ancora punge forte,<br>e davanti a me&#8230;<br><strong>la finish line.</strong></p><p>La guardi.<br>La senti.<br>La immagini.</p><p>Ma non &#232; tua.<br><strong>Ancora no.</strong></p><p>La devi <strong>andare a prendere.</strong><br>Con 42 chilometri davanti.<br>Con il piede che brucia, con la testa che barcolla.</p><p>La gente urla.<br>&#8220;Let&#8217;s go!&#8221;<br>&#8220;Almost there!&#8221;</p><p>Non lo sanno.<br>Non hanno idea.</p><p>Non sei quasi arrivato.<br>Sei <strong>quasi distrutto.</strong></p><p>Ma vai.<br>Perch&#233; &#232; l&#236; che si decide tutto.<br><strong>Non alla finish line.</strong><br>Ma <em>appena prima</em>.<br>Quando hai <strong>tutte le scuse per mollare</strong>,<br>e <strong>non ne usi nemmeno una.</strong></p><h2><strong>It&#8217;s On</strong></h2><p><em>Dalla T2 a Playa Honda &#8211; Il piede che guarisce, la testa che si accende (~km 0&#8211;8)</em></p><p>Inizio a correre con il corpo storto e la testa piena di dubbi.<br>Il piede pulsa.<br>Il sole picchia.<br>E io non so nemmeno se riuscir&#242; ad arrivare al primo ristoro.</p><p>Faccio duecento metri.<br>Poi cinquecento.<br>Poi il primo chilometro.</p><p>E succede qualcosa.</p><p><strong>Il dolore al piede scompare.</strong><br>Scompare davvero.<br>Come se non fosse mai esistito.<br>Nessuna pressione. Nessuna fitta.<br>Solo il rumore delle scarpe sull&#8217;asfalto e il battito che si sincronizza con il passo.</p><p>E l&#236;, mi parte dentro una voce.<br>Non &#232; un pensiero.<br>&#200; <strong>un impulso.</strong></p><blockquote><p><em>&#8220;It&#8217;s on.&#8221;</em></p></blockquote><p>La corsa non &#232; leggera, ma <strong>scorre.</strong><br>Il passo c&#8217;&#232;.<br>La testa &#232; lucida.<br>La maratona davanti non mi spaventa pi&#249;.<br>Anzi, per la prima volta&#8230; <strong>la voglio.</strong></p><p>Puerto del Carmen si allontana alle spalle.<br>Il rumore della finish line sfuma.<br>Il mare resta alla destra, costante.<br>La strada si apre, si distende.</p><p>Si passa davanti all&#8217;aeroporto.<br>L&#8217;hai percorso mille volte, qui il vento soffia contrario ma sai che quando ci ripasserai al ritorno e ce l&#8217;avrai alle spalle in realt&#224; lo rimpiangerai.<br>I corridori cominciano a distribuire gli sforzi.<br>Qualcuno gi&#224; cammina.<br>Altri si danno pacche sulle spalle.<br>Io non parlo.<br><strong>Ascolto.</strong></p><p>Ogni gesto del corpo &#232; un segnale.<br>Ogni silenzio, una scelta.</p><p>Bevo.<br>Mi bagno la testa.<br>Corro.</p><p>Poi comincia ad avvicinarsi <strong>Playa Honda&#8230;</strong></p><h2><strong>Playa Honda</strong></h2><p><em>Il passaggio davanti a casa di nonna (~km  )</em></p><p>Quando entro a Playa Honda cambia tutto.<br>Non per il paesaggio.<br>Perch&#233; <strong>qui ci ho vissuto</strong>.<br>Ci ho passato le vacanze.<br>Ho corso e pedalato su ogni metro di questo lungomare.</p><p>Qui non sto solo correndo una maratona.<br><strong>Sto tornando.</strong></p><p>Ogni passo mi porta dentro ricordi precisi.<br>La strada, i bar, la spiaggia.<br>La luce che a dicembre sembrava sempre pi&#249; dolce.<br><strong>Allenarmi qui era un rito.</strong><br>Una pausa d&#8217;inverno.<br>Una bolla.</p><p><strong>La casa &#232; l&#236;.</strong><br>Bianca, sempre la stessa.<br>Con il terrazzino al piano terra che d&#224; sulla spiaggia, dove mia nonna mi aspettava seduta sul muretto.</p><p>La vedi in un attimo, e in quell&#8217;attimo ti crolla qualcosa dentro.</p><p>Cerchi di non guardare.<br>Poi invece guardi.<br>Ma solo un secondo.</p><p>Il nodo alla gola arriva subito.<br><strong>Secco.</strong></p><p>E con lui, un&#8217;immagine: <strong>lei</strong>, seduta sul muretto, che mi aspetta dopo i lunghi in bici.<br>Ogni volta lo stesso sguardo, tra preoccupazione e orgoglio.<br>Diceva che erano troppo faticosi, troppo pericolosi, che ero matto.<br>Poi per&#242; mi <strong>riempiva di cibo</strong> come se dovessi rifarmi da una guerra.</p><p>Mi esce un sospiro, ma non &#232; solo fiato.<br>&#200; qualcosa che si muove dentro.<br>Qualcosa che si scioglie.</p><blockquote><p>Le lacrime salgono.<br>Le sento agli occhi.<br>Pronte.</p></blockquote><p>Ma le tengo l&#236;.<br>Non le lascio andare.<br><strong>Non ancora.</strong></p><p>Perch&#233; so che se comincio ora non mi fermo pi&#249;.<br>E non &#232; il momento.</p><p>Il momento verr&#224;, l&#236;, davanti alla finish line.</p><p>Adesso no.</p><p>Adesso devi solo tenere il passo.<br>Perch&#233; c&#8217;&#232; ancora tanta strada.<br>E lei, questo, <strong>lo capirebbe. </strong></p><p></p><h2><strong>&#8216;&#8216;Troppo facile&#8217;&#8217;</strong></h2><p><em>Da Playa Honda alla met&#224; maratona (~km 11&#8211;21)</em></p><p>Appena lasci <strong>Playa Honda</strong>, qualcosa cambia.</p><p>Il tratto successivo &#232; <strong>l&#8217;aeroporto</strong>, di nuovo.<br>Due chilometri e mezzo lunghi e dritti,<br>con il vento che <strong>finalmente &#232; a favore</strong>.</p><p>Ma il paradosso &#232; che <strong>non lo vuoi.</strong><br>Lo vorresti contro. Perch&#233; almeno lo sentiresti.</p><p>Cos&#236; invece&#8230; <strong>non c&#8217;&#232; aria.</strong><br>Solo sole.<br>Sole che brucia, riflessi che tagliano.<br>L&#8217;asfalto sembra fatto di carbone.<br>Ogni passo sfrigola.</p><blockquote><p>&#200; il primo pezzo <strong>veramente duro</strong> della maratona.<br>Quello che ti riporta alla realt&#224;.<br>Quello che ti ricorda <strong>dove sei.</strong></p></blockquote><p>Fino a quel momento stavi troppo bene.<br><strong>Troppo.</strong></p><blockquote><p><em>&#8220;Mi sembra troppo facile.&#8221;</em></p></blockquote><p>Era il pensiero che non riuscivi a cacciare.<br>Lo tenevi l&#236; in fondo, come un&#8217;ombra.<br>Perch&#233; anche se pu&#242; sembrare confortante&#8230;<br>in realt&#224; <strong>ti fa paura.</strong></p><p>Perch&#233; sai che questa gara non regala niente.<br>E sai che appena abbassi il rispetto,<br><strong>ti punisce.</strong></p><p>Correre e stare bene, qui, non &#232; sempre una benedizione.<br>A volte &#232; <strong>un&#8217;illusione.</strong><br>Una trappola.</p><p>Cerchi di rimanere presente.<br>Controlli il respiro, bevi,<br>non pensi alla seconda mezza.</p><p>Poi&#8230;<br>quasi a met&#224; tra <strong>Matagorda e la finish line</strong>,<br>al ristoro, c&#8217;&#232; lui.</p><p><strong>Rafa di Huesca.</strong></p><p>Un sorriso.<br>Uno sguardo sicuro.<br>Un punto fisso che comincer&#224; a <strong>diventare sempre pi&#249; importante</strong> a ogni giro.</p><p>Lo vedi, ti allunga una spugna o una bottiglia,<br>e per un attimo tutto si stabilizza.<br>Non serve parlare.<br><strong>C&#8217;&#232;.</strong></p><p>E ora sei l&#236;.<br>Al turnaround.<br><strong>Hai chiuso la mezza.</strong></p><p>21 chilometri alle spalle.<br>Ancora 21 davanti.<br>Ma ora non c&#8217;&#232; pi&#249; quel pensiero.</p><p>Non ti sembra pi&#249; facile.<br>Ti sembra <strong>Lanzarote.</strong></p><p></p><h3><strong>Il blackout</strong></h3><p><em>Km25</em></p><p>Stavo correndo.<br>Km 25.<br>Andava tutto sommato bene.<br>5'20/km, caldo gestibile.</p><p>Poi, al km 26, stop.<br>Senza avviso, senza sintomo.<br><strong>Solo fine.</strong></p><p>Non un dolore, non un crampo.<br><strong>Il nulla.</strong></p><p>Lo stomaco si &#232; chiuso, il fiato si &#232; accorciato, il corpo si &#232; svuotato.<br><strong>Mi sono spento.</strong></p><p>Nessuna fame. Nessuna sete.<br>Nessun appiglio.<br>Solo il vuoto.</p><p>E lo capisco.<br>Lo sento.<br><strong>So che non correr&#242; pi&#249;.</strong></p><p>Ma non riesco ad accettarlo.<br>Non l&#236;.<br>Non cos&#236;.</p><p>Cammino.<br>Ma dentro continuo a cercare una spiegazione.<br>Un errore, un segnale, qualcosa.</p><blockquote><p><em>&#8220;Perch&#233;?&#8221;</em></p></blockquote><p>Non lo trovo.<br>E questo &#232; quello che fa pi&#249; male.<br><strong>Non il camminare.<br>Il non capirlo.</strong></p><p>Mi rendo conto di ci&#242; che sta succedendo,<br>ma <strong>non me ne capacito.</strong></p><p>&#200; troppo assurdo.<br>Troppo netto.<br>Troppo vuoto per crederci davvero.</p><p>Ma non cambia niente.</p><p>Da l&#236; in poi,<br>la corsa &#232; finita.<br><strong>E comincia qualcos&#8217;altro. </strong></p><h3>La solitudine lucida</h3><p><em> (~km 26&#8211;31)</em></p><p>Cammino senza saper bene  dove guardare.<br>Davanti, la strada &#232; sempre la stessa.<br>Attorno, tutto si ripete.<br>Passaggi, voci, transenne, mani tese, gente che corre, qualcuno che cammina come me,<br>ma io mi sento <strong>solo.</strong></p><p>Non &#232; una solitudine triste. &#200; <strong>pulita. Netta. Svuotata.</strong></p><p>Non sto pi&#249; correndo una gara, non sto inseguendo un tempo, n<strong>on sto cercando nulla.</strong></p><p>Mi guardo dentro e non trovo rabbia. Non trovo frustrazione.<br>Solo una specie di vuoto mentale.Come se tutto si fosse fermato l&#236;, al km 26,<br>e adesso stessi solo <strong>trascinando il corpo</strong> verso la fine.</p><p>Ogni chilometro &#232; identico.<br>Non c&#8217;&#232; passo.<br>C&#8217;&#232; solo <strong>presenza.</strong></p><p>Penso.<br>Ma non a cose importanti.<br>Non a lezioni, non a frasi epiche.</p><p>Solo a quello che ho fatto.<br>A quanto sono arrivato vicino.<br>A quanto <strong>non riesco a crederci.</strong></p><p>Cammino e ogni tanto sento la tentazione di provarci.<br>Di ripartire.<br>Ma non &#232; possibile.<br><strong>Lo so.</strong></p><p>Non c&#8217;&#232; un singolo muscolo del corpo<br>che stia aspettando un segnale.<br><strong>&#200; tutto spento.</strong></p><p>E allora vado avanti.<br>Perch&#233; fermarsi non avrebbe senso.<br>E perch&#233;, in fondo,<br>qualcosa in me vuole comunque <strong>portarla a casa.</strong></p><p>Non pi&#249; per il tempo.<br>Non pi&#249; per la prestazione.<br><strong>Solo per rispetto.</strong></p><p>Per Lanzarote.<br>Per tutto quello che ci ho messo.<br>E, in fondo, anche per me.</p><h3>Il punto di rottura</h3><p><em> (~km 31)</em></p><p>Mi avvicino al punto dove so che ci saranno ad aspettarmi tutti . &#200; il turn around prima dell&#8217;ultimo giro. Li vedo da lontano, li riconosco subito. E poi, tra tutti, vedo <strong>Ivan &#8216;&#8216;il mio fratellone&#8217;&#8217;</strong>.</p><p>Non c&#8217;&#232; bisogno che mi dica nulla.<br>Ci leggiamo da sempre.<br>E adesso mi legge prima ancora che arrivi.<br>Mi fermo, lo raggiungo.<br>Lo abbraccio.</p><p>E l&#236; <strong>crollo</strong>.</p><p>Piango. Di colpo. Senza resistenza.<br>Le lacrime salgono da dentro, senza preavviso, senza possibilit&#224; di fermarle.<br>Come se fossero rimaste l&#236; per chilometri, pronte, trattenute a forza,<br>in attesa solo di un posto sicuro dove poter uscire.<br><strong>E lui &#232; quel posto.</strong></p><p>Non provo nemmeno a spiegare.<br>Non c&#8217;&#232; bisogno.<br>Le mani addosso, la fronte che si appoggia.<br>La voce non esce, ma tutto &#232; chiaro.</p><blockquote><p>&#200; finita.<br>Non correr&#242; pi&#249;.<br>Non ne ho pi&#249;.<br>Non ce n&#8217;&#232; pi&#249;.</p></blockquote><p>Lo so io.<br>E lo sa anche lui.<br>Non serve dire altro.</p><p>Poi vedo <strong>mia mamma</strong>.<br>Lo sguardo &#232; teso.<br>Non mi chiede niente, ma capisco tutto.<br>Mi guarda come per dire &#8220;Ce la fai?&#8221;, ma non lo dice.<br>Non riesco a dirle niente, ma dentro mi si muove qualcosa.<br>Una responsabilit&#224;, una premura.</p><p>So che devo farle sapere che va tutto bene.<br>Che anche se cammino, anche se sono a pezzi,<br><strong>sto tenendo.</strong>Poco dopo, a met&#224; del giro, trovo <strong>Rafa di Huesca</strong>.<br>Mi avvicino.<br>Lo fermo.<br>Gli parlo.</p><blockquote><p>&#8220;Falle sapere che sto bene, per favore. Dille che &#232; tutto a posto. Solo&#8230; oggi non ne ho pi&#249;.&#8221;</p></blockquote><p>Lui annuisce, non dice nulla in pi&#249;.<br>Solo un gesto, uno sguardo che non pesa, senza pena.<br>Senza bisogno di consolazione.</p><p><strong>Con rispetto.</strong></p><p>Riparto.<br></p><h3><strong>Gli ultimi 7 km</strong></h3><p>Mancano circa sette chilometri.<br>&#200; buio ormai.<br>La luce calda del pomeriggio &#232; sparita.<br>Il sole &#232; calato e ha lasciato solo silenzio, vento e un freddo che entra sotto la pelle.</p><p><strong>Ho freddo.</strong>E non &#232; solo il freddo della sera.<br>&#200; quello che arriva <strong>quando il corpo &#232; finito.</strong></p><p>Il sudore non asciuga pi&#249;. La maglia &#232; incollata addosso,<br>e ogni passo &#232; un modo per tenere insieme quel poco che resta.</p><p>Poi vedo avvicinarsi a me <strong>Ivan </strong>.<br>Cammina.<br>Come se ci fossimo dati appuntamento in quel preciso punto del mondo.</p><p>Si affianca.<br>Non parla subito.<br>Cammina con me.<br>A qualche passo di distanza.</p><p>Dopo qualche minuto rompo il silenzio.<br>Con una voce bassa, asciutta.</p><blockquote><p>&#8220;Alla fine ci sono posti peggiori per farsi una camminata&#8230;&#8221;</p></blockquote><p>Ci scambiamo un mezzo sorriso.<br>Poi si torna in silenzio.</p><p>Ma non &#232; pesante.<br><strong>&#200; giusto.</strong></p><p>Camminiamo.<br>Ogni tanto ci diciamo qualcosa. Frasi brevi.  Stanche.<br>Come:<br>&#8220;Ci siamo quasi.&#8221;<br>&#8220;Ora c&#8217;&#232; solo da finire.&#8221;<br>Oppure niente.</p><p>A volte &#232; solo il suono delle scarpe. A volte solo i respiri.<br>A volte solo <strong>la sensazione che non serve dire nulla.</strong></p><p>Camminiamo.<br>La notte &#232; scesa del tutto.<br>Le luci illuminano solo a tratti.<br>Le ombre sono lunghe, immobili.<br>Non sembra pi&#249; una gara.<br>Sembra <strong>un altro tempo.</strong></p><p>Ed &#232; l&#236; che succede una cosa che non dimenticher&#242;.</p><p>Le persone lungo il percorso,<br>quelle che sono rimaste,<br>non urlano pi&#249;. Non incitano come prima.</p><p><strong>Guardano.</strong></p><p>E quando ti guardano,<br><strong>non c&#8217;&#232; pena nei loro occhi.</strong><br>C&#8217;&#232; <strong>rispetto.</strong></p><p>Ti vedono camminare.<br>Sconsolato, distrutto, ma in piedi.<br>E allora si avvicinano.<br>Ti danno il cinque.<br>Ti dicono &#8220;<strong>respect</strong>&#8221;, o ti guardano solo, con un sorriso lieve.</p><p>E l&#236;, qualcosa cambia.</p><p>Cammino con pi&#249; dignit&#224;.<br>Non per salvare la faccia.<br><strong>Ma perch&#233; lo meritano.</strong></p><p>Cammino con la testa alta.<br>Non per orgoglio.<br>Ma <strong>per loro.</strong></p><p>Perch&#233; se chi guarda da fuori mi regala rispetto,<br><strong>il minimo che posso fare &#232; tenermi in piedi anche per loro.</strong></p><p>Gli ultimi chilometri passano cos&#236;.<br>Lenti.<br>Freddi.<br>Silenziosi.<br>Ma <strong>veri.</strong></p><p>E alla fine,<br>la finish line arriva.<br>Lontana prima.<br>Poi sempre pi&#249; vicina.<br>Fino a essere l&#236;, davanti.</p><p><strong>Ivan si stacca.</strong><br>Non dice nulla.<br>Solo rallenta.<br>Fa un piccolo cenno con la testa.<br>Come a dire:</p><blockquote><p>&#8220;Vai.<br>Questo &#232; il tuo pezzo.&#8221;</p></blockquote><p>E vado.<br>Non corro.<br>Non stringo i denti.</p><p><strong>Cammino.</strong></p><h3><strong>Capitolo finale</strong></h3><p>Quando arrivo in vista della finish line,<br>per un attimo mi viene in mente di correre.<br>Fare quei cinquanta metri finali per orgoglio,<br>per chi guarda,<br>per salvare qualcosa.</p><p>Ma no.<br>Non ha senso.<br><strong>Non sarebbe vero.</strong></p><p>Non dopo tutto quello che ho vissuto.<br>Non dopo aver camminato sedici chilometri nel buio,<br>con il freddo sulla pelle e il vuoto dentro.</p><p><strong>Decido di camminare.<br>Anche qui.<br>Fino alla fine, per rispetto</strong>.<br>Per me, per tutto quello che &#232; successo da quel maledetto km 26,<br>e per le persone che mi hanno guardato con rispetto anche mentre camminavo.</p><p>Sulla destra c&#8217;&#232; <strong>Rafuky</strong>.<br>Lo riconosco subito.<br>Mi aspetta fermo, con gli occhi pieni.<br>Mi viene incontro.<br><strong>Ci abbracciamo.</strong><br>Stretti.<br>Senza parole.</p><p>Poi riprendo a camminare.<br>Gli ultimi metri.</p><p>E sulla linea, lo vedo.<br><strong>Joserra</strong></p><p>Fermo. In piedi a pochi passi dall&#8217;arco di meta.<br>Mi aspetta. </p><p>Ci stringiamo forte.<br>Con affetto.<br><strong>Con forza.</strong></p><p><br>E in quell&#8217;abbraccio,<br><strong>mi lascio andare.</strong></p><blockquote><p>&#200; l&#8217;abbraccio che stavo aspettando da ore.<br>Da giorni.<br>Da mesi.</p></blockquote><p>Uno di quegli abbracci in cui vorresti <strong>scomparire.</strong><br>Fondere tutto quello che sei con qualcuno che ha visto ogni pezzo del tuo percorso.<br>E che sa.<br><strong>Senza dover chiedere.<br>Senza dover parlare.</strong></p><p>Poi ci lasciamo.<br>E con un gesto semplice,<br><strong>mi infila la medaglia.</strong><br>Non diciamo una parola.<br>Ma <strong>non c&#8217;&#232; n&#8217;&#232; bisogno.</strong></p><p>Tutto &#232; gi&#224; stato detto.<br>Senza voce.<br><strong>Con presenza.</strong></p><p>Accanto a lui c&#8217;&#232; <strong>Tamara.</strong><br>Anche lei &#232; l&#236;.<br>Anche lei mi guarda con occhi che sanno.<br><strong>Altro abbraccio.</strong><br>Stretto. Necessario.<br>Quello che chiude il cerchio.</p><p>E in quel momento,<br>sotto la luce tiepida della finish line,<br><strong>sento che posso finalmente fermarmi.</strong></p><h3><strong> E poi resti tu</strong></h3><p>Alla fine di tutto,<br>quando il corpo si siede,<br>quando gli applausi si spengono,<br>quando la finish line &#232; ormai dietro le spalle,<br><strong>resti tu.</strong></p><p>Tu, con quello che hai attraversato, con quello che hai perso, e con quello che, sorprendentemente, <strong>&#232; rimasto in piedi</strong></p><p>C&#8217;&#232; il tuo nome scritto su una medaglia.<br>C&#8217;&#232; il tuo sudore secco sulla pelle.<br>C&#8217;&#232; la tua storia.</p><p>E soprattutto, ci sono <strong>le persone che hanno camminato con te</strong>, quando tu non potevi pi&#249; correre. Che ti hanno aspettato sulla linea.<br>Che ti hanno preso in silenzio, senza chiedere nulla.</p><p>&#200; passato un anno.<br>E s&#236;, oggi posso dire di esserne orgoglioso.<br>Perch&#233; arrivare in fondo, in quelle condizioni,<br><strong>&#232; stato un atto di volont&#224;. Di dignit&#224;. Di verit&#224;.</strong></p><p>Ma non mento:<br>una parte di me<br><strong>la considera ancora una ferita.</strong></p><p>Una di quelle che non bruciano pi&#249; ogni giorno,<br>ma che, se le guardi bene,<br><strong>pulsano ancora sotto la pelle.</strong></p><p>Scrivere queste righe <strong>non &#232; stato facile.</strong><br>Non lo era un anno fa.<br>Non lo &#232; adesso.<br>Forse non lo sar&#224; mai del tutto.</p><p>Ma andava fatto.<br><strong>Per onorare ci&#242; che &#232; stato.<br>Per ringraziare chi c&#8217;era.<br>Per liberare un po&#8217; di quello che avevo tenuto dentro.<br>E per rispetto di me stesso.</strong></p><p>Per quel me che ha deciso di non mollare, anche quando <strong>non c&#8217;era pi&#249; niente da salvare.</strong></p><p><strong>&#8216;&#8216;Torner&#242;&#8217;&#8217;</strong></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[ Il privilegio di esserci]]></title><description><![CDATA[Riflessioni su gratitudine, pressione e presenza, mentre mi preparo per il mio prossimo Ironman.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-privilegio-di-esserci</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-privilegio-di-esserci</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 06 May 2025 14:33:44 GMT</pubDate><enclosure url="https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/0ef22233-7824-4d25-ae4f-f1fa17d27b5c_3402x3024.heic" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<h3><strong>Il podcast che sblocca una riflessione</strong></h3><p>L&#8217;altro giorno, mentre sistemavo casa dopo l&#8217;allenamento, come sono solito fare, ho messo su un podcast quasi per compagnia (Triathlon Mockery su Spotify ) .<br>Parlavano di triathlon, gare, maratona di Londra, ecc... Tutto nella norma &#8212; finch&#233; una frase mi ha gelato. Non per quanto fosse originale. Ma per quanto fosse vera.</p><blockquote><p>&#8220;A volte dimentichiamo che essere in forma &#232; un privilegio. Correre una maratona, un Ironman&#8230; &#232; qualcosa che pochi possono fare. E s&#236;, magari volevi farlo cinque o dieci minuti pi&#249; veloce. Ma nessuno lo noter&#224;. E, soprattutto, se tu non te lo godi, <strong>stai buttando via qualcosa di grande</strong>.&#8221;</p></blockquote><p>Mi ha colpito nel punto giusto.<br>Perch&#233; sono proprio  in quella fase l&#236;.<br>Mi sto preparando per un Ironman. Mi sto allenando bene. Sto facendo tutto con criterio.<br>Ma sotto sotto &#8212; anche se cerco di non ammetterlo &#8212; mi sto <strong>incastrando nel risultato</strong>.</p><p>E questa frase &#232; stata come una gomitata nello stomaco: un &#8220;oh, ma ti ricordi dove sei arrivato, e soprattutto, da dove sei arrivato?&#8221; sussurrato al momento giusto.</p><div><hr></div><h3><strong>Tutto gira. Ma qualcosa dentro si irrigidisce.</strong></h3><p>Mi sto preparando bene.<br>Klagenfurt &#232; tra poche settimane e, onestamente, non mi sono mai sentito cos&#236; pronto.<br>Dopo il piccolo pit stop della scorsa settimana i numeri e le buone sensazioni ci sono nuovamente. La costanza pure.<br>Mi sveglio presto, mangio pulito, incastro tutto con precisione chirurgica.<br>E a tratti mi sembra quasi di galleggiare: ogni sessione porta avanti un puzzle che finalmente sta prendendo forma.</p><p>Ma poi, nei ritagli di silenzio, comincio a sentire qualcosa che tira.</p><p>Non &#232; fatica.<br>Non &#232; ansia.<br>&#200; come una voce rigida dentro la testa, che ripete:</p><blockquote><p>&#8220;Occhio. Stavolta devi farlo davvero bene.&#8221;<br>&#8220;Con tutto quello che hai dato&#8230; non puoi permetterti di sbagliare.&#8221;</p></blockquote><p>Ed &#232; paradossale.<br>Perch&#233; quando avevo meno aspettative &#8212; a Vitoria, a Lanzarote &#8212; mi sembrava di vivere l&#8217;evento con pi&#249; leggerezza.<br>Oggi, proprio perch&#233; ho lavorato cos&#236; bene, mi sto caricando addosso un peso che non so se mi serve davvero.</p><div><hr></div><h3><strong>L&#8217;agonismo: motore e trappola</strong></h3><p>Io sono un agonista.<br>In tutti gli sport che ho praticato e in qualsiasi altro ambito non ho mai partecipato solo per esserci.<br>L&#8217;ho sempre saputo, anche quando la posta in palio era bassa e il contesto era piccolo.<br>Anche quando nessuno guardava.</p><p>Mi piace l&#8217;idea di dare tutto.<br>Mi piace inseguire qualcosa che non &#232; garantito.<br>Mi piace sapere che ho una soglia&#8230; e provarci comunque ad andare oltre.</p><p>E per questo, tante volte, la frase &#8220;l&#8217;importante &#232; partecipare&#8221; mi &#232; sempre sembrata una mezza verit&#224; con la quale mi &#232; difficile concordare.<br>S&#236;, &#232; importante esserci.<br>Ma per me, esserci davvero ha sempre voluto dire <strong>provare a fare qualcosa di concreto.</strong></p><p>Qualcosa che resti.<br>Un tempo.<br>Un risultato.<br>Una prova che tutto quello che ho costruito serviva a qualcosa.</p><p>E , sia chiaro, non lo faccio solo per confrontarmi con gli altri.<br>Lo faccio principalmente per allinearmi con l&#8217;idea che ho di me stesso.</p><p>Ed &#232; qui che, a volte, questa spinta rischia di diventare una zavorra.</p><p>Perch&#233; quando inizi a migliorare, cambiano anche le aspettative.<br>Tue sopratutto ma anche degli altri, anche se nessuno le dice ad alta voce.<br>E piano piano smetti di vedere il contesto.<br>Smetti di vedere il percorso.<br>Smetti di vedere <strong>tutto il resto che sta intorno alla performance</strong>.</p><p>Ti resta solo l&#8217;obiettivo.<br>Che &#232; la cosa pi&#249; bella del mondo, se ti guida. </p><p>Mi &#232; difficile trovare il senso di iniziare una qualsiasi attivit&#224; senza un obiettivo concreto.<br>Ma l&#8217;obiettivo, specie se ambizioso, pu&#242; essere pericoloso, se ti inghiotte.</p><blockquote><p>Perch&#233; a un certo punto rischi di perdere il senso.<br>Di trasformare qualcosa che ti fa stare bene in una fonte continua di tensione.<br>Ti dimentichi perch&#233; hai iniziato.<br>Ti ritrovi a rincorrere il risultato come se fosse l&#8217;unico modo per dare valore a tutto.</p><p>E in quel momento &#8212; proprio quando sei nel picco della forma &#8212; rischi di essere pi&#249; lontano da te di quanto immagini.</p></blockquote><div><hr></div><h3><strong>Il privilegio di esserci</strong></h3><p>Nel 2016 quando mi sono ammalato, avevo appena compiuto diciott&#8217;anni.<br>&#200; stato l&#8217;anno in cui ho capito, con una chiarezza brutale, che il corpo non &#232; scontato.<br>Che la salute &#232; un equilibrio sottile, e che basta poco per perderla. L&#8217;anno in cui ho perso il privilegio di sentirmi invincibile, tipico di quell&#8217;et&#224;.</p><p>Quella storia non &#232; tutta la mia identit&#224;.<br>Ma &#232; parte enorme di ci&#242; che mi ha formato.<br>E, in un certo senso, &#232; sempre l&#236; &#8212; in sottofondo &#8212; a ricordarmi <strong>cosa vuol dire esserci davvero.</strong></p><p>Ogni volta che arrivo a una gara, sento quella voce.<br>Non &#232; retorica. Non &#232; nostalgia. &#200; presenza.</p><p>Essere l&#236;, con il pettorale alla vita, il chip sulla caviglia e il cuore che pulsa prima dello start,<br>non &#232; solo un punto d&#8217;arrivo.</p><p>&#200; una dichiarazione.</p><p><strong>Sono qui. Posso farlo.Per me e per chi non pu&#242;. E questo basta per dare senso a tutto il resto.</strong></p><p>E allora s&#236;: <strong>voglio dare tutto.</strong><br>Ma voglio anche <strong>riconoscere il valore dell&#8217;esperienza.</strong><br>Perch&#233; da fuori pu&#242; sembrare solo una gara.<br>Ma da dentro, &#232; <strong>una promessa che si rinnova</strong>: non dare mai per scontato di poter fare ci&#242; che ami.</p><div><hr></div><h3><strong>Il giorno della gara &#232; anche questo</strong></h3><p>Lo dimentichiamo in fretta.<br>Perch&#233; siamo immersi nei numeri.<br>Nei dettagli, nei ritmi, nei watt, nei minuti.</p><p>Eppure il giorno della gara non &#232; solo un test.<br>&#200; <strong>una celebrazione di tutto il percorso.</strong></p><p>&#200; guardarsi intorno nella zona cambio e riconoscere negli sguardi degli altri<br>quello che senti anche tu: tensione, gioia, incertezza, emozione.<br>&#200; respirare a fondo prima di buttarti in acqua.<br>Sentire il cuore accelerare,<br>ma sapere che non &#232; paura: &#232; vita che si prepara a essere vissuta veramente.</p><p>Quel giorno non sei una tabella su Training Peaks.<br>Sei il frutto di mesi &#8212; o anni &#8212; di scelte.<br>Di mattine in cui hai detto &#8220;s&#236;&#8221; anche se era scomodo. Di sere in cui hai detto &#8216;&#8216;no&#8217;&#8217; anche se ti sarebbe piaciuto. <br>Di sogni che ti hanno fatto fare pace con la fatica.</p><p>S&#236;, sei un agonista, vuoi performare.<br>Ma se ti perdi l&#8217;esperienza per inseguire solo il risultato,<br>rischi di buttare via <strong>il vero regalo</strong>.</p><p>Perch&#233; il giorno della gara &#232; anche questo:<br><strong>un momento per riconoscere quanto &#232; grande il fatto di esserci.</strong><br>Quanto &#232; bello, ogni tanto, non dover dimostrare niente &#8212; ma semplicemente vivere tutto.</p><div><hr></div><h3><strong>Quando la testa collabora, il corpo ringrazia</strong></h3><p>Anche la scienza lo conferma.<br>Il modo in cui ti presenti alla gara &#8212; con pressione o con presenza &#8212; <strong>non &#232; solo una questione mentale.</strong></p><p>Il corpo percepisce se sei l&#236; per <strong>esprimerti</strong> o per <strong>giudicarti</strong>.<br>E si comporta di conseguenza.</p><p>Lo stress da prestazione cronico, alimentato da aspettative troppo rigide, attiva una risposta neuroendocrina che pu&#242; diventare controproducente:<br>il cortisolo si alza, il sistema nervoso simpatico domina, e il recupero rallenta.</p><p>Al contrario, uno stato mentale pi&#249; aperto &#8212; dove la motivazione &#232; <em>intrinseca</em> e l&#8217;attenzione &#232; rivolta all&#8217;esperienza, non solo all&#8217;esito &#8212; mette il corpo in <strong>una condizione pi&#249; favorevole alla performance.</strong></p><p>Non &#232; filosofia.<br>&#200; biologia applicata.<br>Allenare la mente a riconoscere il privilegio, l&#8217;intenzione e la fiducia non &#232; un lusso per i deboli.<br>&#200; una risorsa per chi vuole arrivare lucido, leggero, e reattivo.</p><p>Perch&#233; anche il sistema nervoso ha bisogno di sapere che <strong>non stai combattendo contro te stesso.</strong></p><div><hr></div><h3><strong>E allora, quel giorno&#8230;</strong></h3><p>Il giorno della gara voglio essere lucido.<br>Non per controllare tutto, ma per accorgermi di quello che c&#8217;&#232;.<br>Della gente intorno. Delle gambe che tremano. Degli occhi che diventano lucidi appannando gli occhialini.</p><p>Voglio ricordarmi che tutto questo, un giorno, sembrava impossibile.<br>E se oggi ci sono&#8230;<br>beh, &#232; gi&#224; abbastanza.</p><p></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://alessandrogalasso.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Iscriviti&quot;,&quot;language&quot;:&quot;it&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Thanks for reading! Subscribe for free to receive new posts and support my work.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Digita la tua email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Iscriviti"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Il corpo se ne frega del tuo TSS]]></title><description><![CDATA[(E te lo ricorda quando meno vorresti sentirlo), storia di una pausa non voluta, ma probabilmente, necessaria.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-corpo-se-ne-frega-del-tuo-tss</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/il-corpo-se-ne-frega-del-tuo-tss</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Fri, 02 May 2025 09:27:17 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p></p><p><strong>- Sette settimane all&#8217;IRONMAN</strong><br>Ogni giorno conta.<br>Ogni numero ha un peso.<br>Il piano di allenamento &#232; solido, costruito con criterio.<br>Il corpo risponde, la testa anche.</p><p>Le sensazioni sono buone.<br>Mai stato cos&#236; bene.<br>E i numeri non sono mai stati cos&#236; alti.</p><p>&#200; una di quelle fasi in cui senti che tutto sta girando nel verso giusto.<br>Ogni tassello si incastra.<br>E allora fai quello che fanno tutti gli atleti quando le cose funzionano:<br><strong>stringi ancora un po&#8217; di pi&#249;. </strong></p><p>E quello stringere ancora di pi&#249; si trasforma in bronchite.<br>All&#8217;improvviso.<br>Ma se ci ripenso, tanto all&#8217;improvviso non &#232;.</p><p>C&#8217;&#232; stato di mezzo un viaggio.<br>Giornate piene di lavoro, senza un attimo per <strong>respirare </strong>davvero.<br>Sveglie ancora prima del solito &#8212; e vi assicuro che il mio &#8220;solito&#8221; &#232; gi&#224; molto presto.</p><p>Il corpo ha tenuto, finch&#233; ha potuto.<br>Ma dentro qualcosa stava cedendo da giorni.<br>E io, troppo concentrato a fare incastrare tutto, non l&#8217;ho voluto vedere.</p><p>Quando il respiro inizia a farsi pi&#249; corto, quando la voce diventa roca,<br>lo capisci. Ma fai finta che tutto sia apposto.</p><p>E cos&#236;, quando arriva, non &#232; solo una bronchite.<br>&#200; il punto esatto in cui <strong>la vita e l&#8217;allenamento si sommano</strong> &#8212; e ti presentano il conto.</p><p></p><blockquote><p><strong>E non &#232; un caso che sia venuto a mancare proprio il respiro.</strong><br>Quando per giorni accumuli stress &#8212; fisico, mentale, organizzativo &#8212; senza mai &#8216;<strong>&#8216;respirare&#8217;&#8217;</strong>, si attiva in modo predominante il <strong>sistema simpatico</strong>, la cosiddetta modalit&#224; "attacco o fuga".</p><p>In questo stato:</p><ul><li><p>La respirazione diventa <strong>pi&#249; alta, rapida e inefficiente</strong>,</p></li><li><p>La respirazione cambia <strong>sia a livello meccanico che neuromuscolare</strong>, e questo pu&#242; portare a una <strong>coordinazione alterata dei muscoli respiratori</strong>.</p></li><li><p>La tensione aumenta nella parte alta del torace e del collo,</p></li><li><p>La percezione del respiro pu&#242; diventare <strong>faticosa</strong>, superficiale o "bloccata".</p></li></ul><p>In parallelo, lo stress mantenuto riduce anche la qualit&#224; della risposta immunitaria.<br>Non &#232; debolezza. &#200; una scelta di priorit&#224; interna: il corpo risparmia dove pu&#242; per reggere l&#8217;urgenza percepita.<br>Le barriere si abbassano. I sistemi si espongono.</p><p>Ed &#232; l&#236; che si apre uno spiraglio.<br>Un punto vulnerabile.</p><p>Il respiro, da atto automatico, diventa <strong>lente d'ingrandimento dello stato interno</strong>.</p></blockquote><h3><strong>Prima di fermarmi, ho cercato di scappare</strong></h3><p>Il problema non &#232; il corpo.<br>Non &#232; la tosse, non &#232; la gola che gratta.</p><p>Il vero conflitto &#232; nella testa.</p><p>Appena compare l&#8217;idea di fermarmi per uno o due giorni, parte il rifiuto.<br>Rabbia, frustrazione, paura.<br>Come se anche solo ipotizzare una pausa fosse gi&#224; un fallimento.</p><p>&#8220;Hai fatto tutto bene finora. E adesso vuoi mollare?&#8221;<br>&#8220;Due giorni di stop a sette settimane dalla gara? Non te li puoi permettere.&#8221;<br>&#8220;Tutti quei sacrifici diventano improvvisamente inutili?&#8221;</p><p>Non lo dici ad alta voce.<br>Ma lo senti, forte.</p><p>E in quel momento il corpo smette di essere un alleato.</p><p>Comincia a diventare un avversario da combattere.<br>Un ostacolo tra te e il programma.<br>Una parte che non sta reggendo il passo.</p><p>Ma la verit&#224; &#232; che il corpo sta solo cercando di rallentarti.<br><strong>Non per sabotarti. Ma per proteggerti.</strong><br>Solo che non sei ancora pronto ad<strong> accettarlo</strong>.</p><p></p><h3><strong>Sabato: il giorno in cui ho scelto di non sentire</strong></h3><p>Il sabato ho ceduto.</p><p>Non al corpo. Alla testa.</p><p>Alla voce che diceva: &#8220;Se salti oggi, stai mollando.&#8221;</p><p>Ho deciso di ignorare tutto il resto.</p><p>I segnali sottili. La stanchezza che si accumulava da giorni.</p><p>La tosse che cominciava a farsi sentire sul serio.</p><p>Sono salito in bici.<br>150 km.<br>Poi 5 km di corsa, tanto per &#8220;chiudere bene&#8221;.</p><p>La bronchite era l&#236;.<br>Non ancora esplosa, ma in agguato.<br>Il respiro corto. La gola che grattava. Il corpo che non diceva &#8220;no&#8221;, ma nemmeno &#8220;s&#236;&#8221;.</p><p>E io ho fatto quello che fanno tutti quando non vogliono cambiare piano:<br><strong>mi sono raccontato una versione accettabile.</strong></p><blockquote><p>&#8220;&#200; normale.&#8221;<br>&#8220;Un po&#8217; di stanchezza ci sta.&#8221;<br>&#8220;Dai, passa.&#8221;</p></blockquote><p>Tutto sommato, l&#8217;allenamento &#232; andato.<br>Numeri buoni, gamba buona, sensazione quasi decente.</p><p>Ma sotto sotto lo sentivo.<br>Quel &#8220;qualcosa che non torna&#8221;.<br>Una tensione interna che non era muscolare.<br>Un&#8217;energia che si consumava in un modo strano, che non conoscevo&#8230; o forse s&#236;, ma <strong>non volevo riconoscere</strong>.</p><p>Eppure ci avevo fatto i conti mille volte, con segnali cos&#236;.<br>Solo che quando sei in rincorsa verso un IRONMAN, la lucidit&#224; si offusca.<br>L&#8217;urgenza prende il sopravvento.<br><strong>Ti convinci che fare sia sempre meglio che ascoltare.</strong></p><p>E cos&#236;, quel sabato,<br>non ho sbagliato allenamento.<br><strong>Ho sbagliato ascolto.</strong><br>Ho scelto di non sentire.<br>Perch&#233; la verit&#224; non si incastrava nella mia tabella.</p><h3><strong>Domenica: la corsa che mi ha messo in crisi</strong></h3><p>La domenica era tutta scritta.<br>25 chilometri di corsa, 4x3 km a ritmo maratona.<br>Il classico lungo che ti fa sentire in costruzione. Solido. In controllo.</p><p>Ci credevo.<br>O forse avevo solo bisogno che andasse bene.<br>Avevo bisogno che <strong>quel sabato forzato non avesse lasciato strascichi</strong>.</p><p>Parto.<br>I primi chilometri scivolano via. Il passo &#232; regolare, ma il respiro &#232; strano.<br>Pi&#249; corto. Pi&#249; alto. Pi&#249;... trattenuto.</p><p>Tossisco. Una, due, tre volte.<br>Stringo i denti.<br>Non &#232; la prima volta che corro stanco.<br>Non &#232; la prima volta che mi sento fragile e continuo lo stesso.</p><p>Arrivo al decimo chilometro e inizio a trattare con me stesso.<br>Mi dico che magari allento un po&#8217;.<br>Che se tengo altri due o tre chilometri, poi mi assesto.<br>Che &#8220;succede sempre cos&#236;&#8221;.</p><p>Poi arrivo al dodicesimo.<br>E l&#236; succede una cosa diversa.<br>Non un crollo.<br>Non un dolore fisico.<br><strong>Una lucidit&#224;.</strong></p><p>Chiara.<br>Netta.<br>Improvvisa.</p><blockquote><p>&#8220;Se non ti fermi ora, stai andando verso una polmonite. Non verso il traguardo.&#8221;</p><p>&#8220;Se continui, non ti stai allenando. Ti stai sabotando.&#8221;</p></blockquote><p>Mi fermo.<br>Smetto di correre, ma non &#232; un gesto fisico.<br>&#200; una scelta <strong>mentale</strong>.<br>La pi&#249; dura da fare, forse da mesi.</p><p>Perch&#233; in quel momento <strong>non sto fermando una corsa. Sto mettendo in pausa un'identit&#224;.</strong><br>Quella dell&#8217;atleta che tiene, che spinge, che non si arrende mai.</p><p>Ma proprio l&#236;, in quel fermarmi,<br>c&#8217;&#232; un rispetto diverso.<br>Pi&#249; vero.<br>Pi&#249; profondo.</p><p>Il rispetto di <strong>scegliere la salute anche quando sembra debolezza</strong>.<br>Il rispetto di <strong>non dover dimostrare niente a nessuno, nemmeno a me stesso</strong>.</p><p>Mi volto.<br>Respiro.<br>Tossisco ancora.<br>E per la prima volta da giorni, sento che sto facendo la cosa giusta.</p><h3><strong>Luned&#236;: il giorno vuoto</strong></h3><p>Il luned&#236; arriva secco.<br>Senza drammi. Ma con un peso addosso che non so spiegare.</p><p>Non &#232; stanchezza.<br>Non &#232; dolore.<br>&#200; <strong>quel vuoto sordo</strong> che si apre quando qualcosa dentro di te ha smesso di correre,<br>ma la mente &#8212; quella &#8212; <strong>inizia a correre da sola.</strong></p><p>Corrono i pensieri.<br>Corrono le ipotesi, le paure, i calcoli.<br>Tutti quei <strong>&#8220;e se&#8221;</strong> che sai perfettamente non servono a niente&#8230;<br>ma che in certi giorni ti rincorrono comunque.</p><p>Mi sveglio presto &#8212; come sempre &#8212; ma non c&#8217;&#232; niente da fare.<br>Nessuna sessione. Nessun numero da inseguire.<br>Solo silenzio, e quella sensazione difficile da reggere:<br><strong>l&#8217;insicurezza.</strong></p><p>La paura di aver buttato via settimane di lavoro.<br>Il dubbio che basti cos&#236; poco per perdere tutto.<br>Il timore di aver fatto danni e di dovermi fermare per molto pi&#249; di un paio di giorni.<br>Come se due giorni di stop potessero cancellare mesi di costruzione.<br><strong>Lo sai che non &#232; cos&#236;. Ma lo senti lo stesso.</strong></p><p>Il primo istinto &#232; di reagire.<br>Fare stretching, forza, una nuotata leggera&#8230; Fare qualcosa.<br>Anche solo per spegnere quel senso di inutilit&#224; e disordine.</p><p>Ma poi capisco che <strong>quel vuoto &#232; esattamente ci&#242; che serve</strong>.<br>Che il corpo non chiede compensazioni.<br>Chiede tregua.</p><p>E cos&#236; non faccio nulla.<br>Nessuna nuotata, nessuna mobilit&#224;.<br>Solo io, il divano, e quel rumore mentale che&#8212; a fine giornata &#8212; per la prima volta &#8212; a fatica&#8212; inizia a rallentare.</p><h3><strong>Marted&#236;: la voce cambia</strong></h3><p>Il marted&#236; mi sveglio con la tosse ancora addosso.<br>Il corpo non &#232; pronto. Ma qualcosa dentro s&#236;.<br>Non c&#8217;&#232; pi&#249; quella frenesia sorda del giorno prima.<br>Solo una stanchezza che adesso riesco a contenere.</p><p>La differenza &#232; che oggi <strong>esco di casa</strong>.<br>Vado a lavorare, mi muovo, vedo persone.<br>Non ho tempo per restare bloccato nei pensieri.<br>E proprio perch&#233; la testa &#232; occupata, <strong>inizia a calmarsi.</strong></p><p>Non &#232; fuga.<br>&#200; spazio.<br>E in quello spazio, la voce interiore cambia tono.<br>Non spinge. Non rimprovera.<br>Parla. Con una chiarezza nuova.</p><blockquote><p>&#8220;Ti sei allenato tanto. Ma forse troppo in linea retta.&#8221;<br>&#8220;Hai seguito il piano. Ma hai perso il dialogo con il corpo.&#8221;</p><p>&#8220;Non sei in ritardo. Sei solo tornato su una traiettoria pi&#249; intelligente.&#8221;</p></blockquote><p>E io ascolto. Finalmente senza difendermi.</p><p><strong>E non solo la mia voce.</strong><br><strong>In mezzo al caos, avere un allenatore che non rincorre il panico insieme a te, ma ti riporta al punto, vale pi&#249; di qualsiasi tabella.</strong></p><p>Le sue parole mi sono rimaste in testa:<br><em>&#8220;Pensa a tutto quello che hai fatto nei mesi scorsi.<br>Guardala da fuori, questa progressione: &#232; enorme.<br>Non si distingue nemmeno in quali giorni ti sei allenato tantissimo e in quali hai rallentato.<br>Conta il disegno, non il singolo tratto.&#8221;</em></p><div class="captioned-image-container"><figure><a class="image-link image2 is-viewable-img" target="_blank" href="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png" data-component-name="Image2ToDOM"><div class="image2-inset"><picture><source type="image/webp" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_424,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_848,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_1272,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_1456,c_limit,f_webp,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 1456w" sizes="100vw"><img src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png" width="506" height="273.5550493545938" data-attrs="{&quot;src&quot;:&quot;https://substack-post-media.s3.amazonaws.com/public/images/3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png&quot;,&quot;srcNoWatermark&quot;:null,&quot;fullscreen&quot;:null,&quot;imageSize&quot;:null,&quot;height&quot;:712,&quot;width&quot;:1317,&quot;resizeWidth&quot;:506,&quot;bytes&quot;:255573,&quot;alt&quot;:null,&quot;title&quot;:null,&quot;type&quot;:&quot;image/png&quot;,&quot;href&quot;:null,&quot;belowTheFold&quot;:true,&quot;topImage&quot;:false,&quot;internalRedirect&quot;:&quot;https://alessandrogalasso.substack.com/i/162522052?img=https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F86ed64b5-196b-4ce6-890f-fa51c95a602b_1366x768.png&quot;,&quot;isProcessing&quot;:false,&quot;align&quot;:null,&quot;offset&quot;:false}" class="sizing-normal" alt="" srcset="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_424,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 424w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_848,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 848w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_1272,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 1272w, https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!PRYi!,w_1456,c_limit,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F3c11046a-3045-43c1-853f-d1cd8fd34957_1317x712.png 1456w" sizes="100vw" loading="lazy"></picture><div class="image-link-expand"><div class="pencraft pc-display-flex pc-gap-8 pc-reset"><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container restack-image"><svg role="img" width="20" height="20" viewBox="0 0 20 20" fill="none" stroke-width="1.5" stroke="var(--color-fg-primary)" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" xmlns="http://www.w3.org/2000/svg"><g><title></title><path d="M2.53001 7.81595C3.49179 4.73911 6.43281 2.5 9.91173 2.5C13.1684 2.5 15.9537 4.46214 17.0852 7.23684L17.6179 8.67647M17.6179 8.67647L18.5002 4.26471M17.6179 8.67647L13.6473 6.91176M17.4995 12.1841C16.5378 15.2609 13.5967 17.5 10.1178 17.5C6.86118 17.5 4.07589 15.5379 2.94432 12.7632L2.41165 11.3235M2.41165 11.3235L1.5293 15.7353M2.41165 11.3235L6.38224 13.0882"></path></g></svg></button><button tabindex="0" type="button" class="pencraft pc-reset pencraft icon-container view-image"><svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" width="20" height="20" viewBox="0 0 24 24" fill="none" stroke="currentColor" stroke-width="2" stroke-linecap="round" stroke-linejoin="round" class="lucide lucide-maximize2 lucide-maximize-2"><polyline points="15 3 21 3 21 9"></polyline><polyline points="9 21 3 21 3 15"></polyline><line x1="21" x2="14" y1="3" y2="10"></line><line x1="3" x2="10" y1="21" y2="14"></line></svg></button></div></div></div></a><figcaption class="image-caption">Il corpo risponde alla tendenza, non all&#8217;eccezione. Ed &#232; chiaro anche qui.</figcaption></figure></div><p>Mi rendo conto che il vero errore non &#232; stato fermarmi.<br><strong>&#200; aver pensato che fermarmi fosse un errore.</strong></p><p>&#200; aver creduto che fare tutto giusto bastasse.<br>Che seguire il piano alla lettera significasse migliorare.<br>Ma <strong>migliorare davvero non &#232; sempre e solo accelerare. &#200; anche sapersi orientare meglio.</strong></p><p>E oggi, dopo giorni di tensione, ho di nuovo accesso a quella parte di me che sa scegliere bene.<br><strong>Quella che vuole arrivare a Klagenfurt intero, non inchiodato alla tabella.</strong></p><h3><strong>Riprogrammare</strong></h3><p>Non ho rincorso quello che avevo perso.<br>Non ho provato a rimettere tutto dentro.<br>Non ho avuto nemmeno voglia di pareggiare i conti.</p><p>Ho riaperto Training Peaks.<br>Non con ansia, ma con rispetto.<br>Come si guarda una cosa utile, ma che non decide tutto.</p><p>Mi sono chiesto solo:</p><blockquote><p><em>&#8220;Da qui in avanti, cosa serve davvero?&#8221;</em><br><em>&#8220;Cosa voglio portare con me?&#8221;</em><br><em>&#8220;E cosa invece mi appesantisce senza costruire?&#8221;</em></p></blockquote><p>Ho salvato le sessioni chiave.<br>Ho lasciato andare il resto.<br>Non per comodit&#224;, ma per lucidit&#224;.</p><p>Allenarsi non &#232; fare sempre tutto.<br>&#200; <strong>scegliere cosa fa la differenza.</strong><br>E per saperlo, ogni tanto serve fermarsi.<br>Guardarsi. Rimettere a fuoco.</p><p></p><p>Adesso che rileggo queste righe, mentre mi preparo a riprendere la mia assurda routine, mi viene quasi da ridere.<br>Mi sento uno stupido ad aver vissuto due o tre giorni di stop come se stesse crollando il mondo.</p><p>Non era un fallimento.<br>Non era un crollo.<br>Era solo una pausa.</p><p>Ma in quei giorni, sembrava davvero che tutto quello che ho costruito per mesi a forza di sacrifici e rinunce, stesse improvvisamente crollando.<br>Ogni sensazione negativa si amplificava.<br>Ogni pensiero era spinto dal timore di perdere tutto.</p><p>E mi fa riflettere.<br>Perch&#233; se bastano tre giorni di stop per far tremare la fiducia costruita in mesi,<br>allora non &#232; il corpo che va allenato di pi&#249;.</p><p>&#200; lo <strong>spazio mentale che lasci ai momenti difficili.</strong><br>Quello tra ci&#242; che senti e ci&#242; che ti racconti.</p><p>Perch&#233; il vero rischio non &#232; fermarsi.<br>&#200; <strong>scambiare una piccola deviazione per una sconfitta.</strong></p><p></p><p></p><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://alessandrogalasso.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Iscriviti&quot;,&quot;language&quot;:&quot;it&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Thanks for reading! Subscribe for free to receive new posts and support my work.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Digita la tua email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Iscriviti"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div><p></p><div><hr></div><div class="install-substack-app-embed install-substack-app-embed-web" data-component-name="InstallSubstackAppToDOM"><img class="install-substack-app-embed-img" src="https://substackcdn.com/image/fetch/$s_!RS3o!,f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F7584bbd2-ce79-4a9c-8af9-42d97dd7ebfd_1280x1280.png"><div class="install-substack-app-embed-text"><div class="install-substack-app-header">Ottieni di pi&#249; da Pain&amp;Performance by Alessandro nell'App Substack</div><div class="install-substack-app-text">Disponibile per iOS e Android</div></div><a href="https://substack.com/app/app-store-redirect?utm_campaign=app-marketing&amp;utm_content=author-post-insert&amp;utm_source=alessandrogalasso" target="_blank" class="install-substack-app-embed-link"><button class="install-substack-app-embed-btn button primary">Scarica l'app</button></a></div><p></p>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Pain & Performance – Dove il dolore diventa trasformazione]]></title><description><![CDATA[L&#8217;esperienza clinica e personale che ha dato forma a Pain & Performance: scienza, movimento, trasformazione.]]></description><link>https://alessandrogalasso.substack.com/p/dove-nasce-pain-and-performance</link><guid isPermaLink="false">https://alessandrogalasso.substack.com/p/dove-nasce-pain-and-performance</guid><dc:creator><![CDATA[Pain&Performance by Alessandro]]></dc:creator><pubDate>Tue, 29 Apr 2025 08:20:57 GMT</pubDate><enclosure url="https://substackcdn.com/image/fetch/f_auto,q_auto:good,fl_progressive:steep/https%3A%2F%2Fsubstack-post-media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2F798e6004-03d0-4d59-9868-1c0b47c110ca_1174x1172.jpeg" length="0" type="image/jpeg"/><content:encoded><![CDATA[<p></p><h2><strong>Quando il dolore cambia tutto</strong></h2><p>Nel 2016, a pochi mesi dal mio diciottesimo compleanno, mi sono trovato davanti a una diagnosi che mai avrei immaginato: leucemia.<br>Ero uno studente, un atleta, un ragazzo con la testa piena di sogni.<br>All'improvviso, tutto ci&#242; che davo per scontato: il corpo che rispondeva, l&#8217;energia, la fiducia nel futuro, &#232; stato messo in discussione.</p><p>Non &#232; stato solo un periodo difficile: &#232; stata una frattura profonda, un cambio di prospettiva.<br>Ma &#232; stato anche , e forse soprattutto, il primo incontro reale con la <strong>gratitudine</strong>.</p><p>Gratitudine per ogni piccolo gesto che tornava possibile.<br>Gratitudine per ogni giornata in cui il corpo rispondeva, anche solo con un respiro in pi&#249;.<br>Gratitudine per ogni passo fatto senza dolore.</p><p>&#200; l&#236; che ho capito che il dolore non &#232; semplicemente qualcosa da combattere.<br><strong>&#200; un linguaggio.</strong><br>&#200; il primo messaggio che il corpo ci invia quando qualcosa deve cambiare, adattarsi, evolversi.</p><p>La fatica, il dolore, la paura non sono ostacoli da evitare.<br>Sono territori da attraversare.<br>E, attraversandoli, diventiamo altro: pi&#249; consapevoli, pi&#249; forti, pi&#249; veri.</p><div><hr></div><h2><strong>Oltre la resistenza: imparare ad ascoltare</strong></h2><p>Resistere non basta.<br>Chiunque abbia vissuto il dolore vero ,fisico o emotivo , sa che il punto non &#232; solo "stringere i denti".<br><strong>Il punto &#232; ascoltare.</strong></p><p>Ascoltare i segnali deboli.<br>Ascoltare i piccoli cedimenti.<br>Ascoltare le risposte del corpo, anche quando fanno paura.</p><p>&#200; da l&#236; che nasce l&#8217;adattamento vero.<br>&#200; da l&#236; che si costruisce una performance che non &#232; solo muscolare, ma interiore.</p><div><hr></div><h2><strong>Il percorso di studi: costruire consapevolezza</strong></h2><p>Dopo la malattia, non volevo solo riprendermi: volevo <strong>capire</strong>.<br>Volevo sapere cosa rende il corpo capace di cadere... e di rialzarsi.</p><p>Per questo ho intrapreso il percorso di studi in Fisioterapia presso l'<strong>Universidad Europea de Madrid</strong>, un ambiente che mi ha permesso di unire una solida base scientifica a una visione internazionale del movimento umano e della riabilitazione.</p><p>Ma non mi bastava.<br>Sentivo che mancava ancora qualcosa: <strong>comprendere davvero il dolore</strong>, nelle sue radici pi&#249; profonde, oltre il sintomo.</p><p>Per questo ho proseguito la mia formazione con un <strong>Master in Trattamento del Dolore</strong>, concentrandomi sulla neurofisiologia, sull'adattamento del sistema nervoso e sul ruolo della mente nei processi di guarigione.</p><p>Oggi, il mio lavoro in clinica si intreccia ogni giorno con la mia esperienza personale:<br>aiutare gli altri a ricostruire fiducia nel proprio corpo non &#232; solo una professione.<br><strong>&#200; una missione.</strong><br>Un impegno che sento vivo in ogni gesto, in ogni piano di recupero, in ogni percorso di adattamento.</p><div><hr></div><h2><strong>Il corpo in movimento: l'Ironman come terreno di trasformazione</strong></h2><p>Mentre costruivo il mio percorso clinico e professionale, il mio corpo seguiva un'altra traiettoria: quella della fatica quotidiana, concreta.<br>Quella delle lunghe ore in silenzio, dei chilometri che sembrano infiniti, delle giornate in cui non basta volerci credere.</p><p>Ma non sono le medaglie o i tempi che porto con me.<br>Sono i chilometri in cui ho imparato ad ascoltare il corpo quando voleva fermarsi.<br>Sono i momenti in cui il dolore diventava compagno di strada e non pi&#249; nemico.<br>Sono le fratture invisibili, le ricostruzioni lente, i silenzi pieni di domande.</p><p><strong>Il triathlon non &#232; solo una prova fisica.<br>&#200; una scuola radicale di adattamento.<br>&#200; un laboratorio dove il movimento, la fatica, la mente e il sistema nervoso si incontrano, si sfidano, si ricostruiscono.</strong></p><p><strong>&#200; uno stile di vita</strong></p><p>Pain &amp; Performance nasce anche da questa esperienza:<br>da ogni chilometro guadagnato senza sconti, da ogni crisi attraversata senza scappare.</p><p>Non si tratta di essere invincibili.<br><strong>Si tratta di imparare a trasformarsi.</strong></p><div><hr></div><h2><strong>Dalla scienza alla vita reale</strong></h2><p>Oggi la scienza conferma quello che molti di noi hanno sperimentato sulla propria pelle:</p><ul><li><p>Il <strong>sistema nervoso</strong> non &#232; fisso: si adatta, si modella, cambia a seconda di come viviamo la fatica e il dolore.</p></li><li><p>La <strong>neuroplasticit&#224;</strong> ci insegna che ogni crisi &#232; anche una possibilit&#224; di riscrivere i nostri schemi, di rafforzarci, di evolverci.</p></li><li><p>Il <strong>dolore</strong> stesso non &#232; sempre sinonimo di danno: spesso &#232; un messaggio complesso, che coinvolge mente, emozioni e corpo in un dialogo continuo.</p></li></ul><p><strong>Pain &amp; Performance</strong> nasce proprio da questo incrocio tra vissuto personale, pratica clinica e conferme scientifiche:<br>un approccio che unisce l&#8217;esperienza e la ricerca, senza mai dimenticare che dietro ogni<strong> teoria</strong> c&#8217;&#232; una <strong>storia vera</strong>.</p><div><hr></div><h2><strong>Cos&#8217;&#232; Pain &amp; Performance</strong></h2><p>Pain &amp; Performance &#232; il luogo dove racconto e condivido:</p><ul><li><p>Approfondimenti su dolore, adattamento, sistema nervoso ed evoluzione;</p></li><li><p>Riflessioni su allenamento, mente-corpo e processi di cambiamento reale;</p></li><li><p>Esperienze vissute, senza filtri e senza scorciatoie, tra clinica, sport e vita quotidiana.</p></li></ul><p>&#200; un progetto per chi non cerca solo la prestazione perfetta, ma il <strong>senso</strong> dietro ogni passo, ogni sforzo, ogni crisi superata.</p><div><hr></div><h2><strong>A chi parlo</strong></h2><p>Pain &amp; Performance &#232; per chiunque abbia incrociato la fatica lungo il cammino.<br>Non solo atleti.<br>Non solo pazienti.<br><strong>Persone.</strong><br>Persone che vogliono ascoltarsi meglio, adattarsi con intelligenza, trasformare il proprio percorso.</p><p>Se anche tu credi che la forza non si misuri solo nei numeri, ma nella capacit&#224; di attraversare il dolore e uscirne pi&#249; consapevole, questo spazio &#232; anche tuo.</p><div><hr></div><h2><strong>Il viaggio &#232; gi&#224; iniziato</strong></h2><p>Il dolore non spezza.<br>Insegna.<br>Il movimento non &#232; solo uno sforzo.<br>&#200; un linguaggio.</p><p><strong>Pain &amp; Performance</strong> non &#232; un traguardo: &#232; un percorso.<br>&#200; la scelta quotidiana di ascoltare il corpo, attraversare la fatica, trasformare ogni crisi in una possibilit&#224; di crescita.</p><p><strong>Camminiamo insieme.<br>Ogni giorno, un passo pi&#249; grande.</strong></p><p></p><p><em>Pain &amp; Performance: scienza, movimento, trasformazione.</em></p><div><hr></div><div class="subscription-widget-wrap-editor" data-attrs="{&quot;url&quot;:&quot;https://alessandrogalasso.substack.com/subscribe?&quot;,&quot;text&quot;:&quot;Subscribe&quot;,&quot;language&quot;:&quot;en&quot;}" data-component-name="SubscribeWidgetToDOM"><div class="subscription-widget show-subscribe"><div class="preamble"><p class="cta-caption">Thanks for reading! Subscribe for free to receive new posts and support my work.</p></div><form class="subscription-widget-subscribe"><input type="email" class="email-input" name="email" placeholder="Type your email&#8230;" tabindex="-1"><input type="submit" class="button primary" value="Subscribe"><div class="fake-input-wrapper"><div class="fake-input"></div><div class="fake-button"></div></div></form></div></div>]]></content:encoded></item></channel></rss>